Muchos se sorprendieron el pasado 16 de noviembre cuando los locutores anunciaron durante el desfile cívico-militar que una abuela de 87 años portaba la bandera argentina de una agrupación gaucha. Tal vez pocos conozcan que esa mujer también llevó el pabellón nacional en el primer desfile por el día de Malargüe. Ella es doña Cecilia Sambrano y la siguiente su historia de vida.

“En el Registro Civil figuro como que nací el 01 de abril de 1932, pero nací 10 días antes, el 20 de marzo. Mi papá se llamaba Cupertino Sambrano y mi mamá Ermelía Líneros, ellos vivían en Carapacho. Nosotros éramos 10 hermanos: Francisco, Manuela, Argentina, después vengo yo, y me siguieron Juan, Julio, Teresa, Griselda, Faustino, Albertino (falleció a la edad de 7 años). No me crie con mis padres, sino con unos tíos, Augusto Gentile y Griselda Lastra Sambrano. Me enfermé cuando tenía ocho meses y me llevaron a vivir con ellos. Mi tío tuvo una chata Ford A y un auto Ford A, en los que aprendí a manejar. Ellos me mandaron a estudiar, hice la escuela primaria y al mismo tiempo iba a la escuela Luis Pasteur. Vivimos en el puesto El Molino y después en La niebla. En San Rafael había hecho hasta tercer grado y después terminé acá. Después terminé Corte y confección en la escuela Mercedes Álvarez de Segura, en 1961, y di clases dos años en la escuela Luis Pasteur, cuando la directora era la señora Blanca de Merino y estaba de maestra la esposa de don Leopoldo Benegas, que era comisario. Cuando dejé de trabajar entró en mi lugar María Lima. Como mis tíos no tenían hijos siempre ayudaron a criar sobrinos, yo era la regalona de ellos. Cuando yo estudie acá ellos me pagaron pensión en la casa de don Lisandro Vargas, que vivía en Emilio Civit y Rodríguez, la esposa era la señora Palma, que era partera. Después me mandaron a lo de don Edmundo Galigniana, que vivía frente a la escuela Rufino Ortega” relató la mujer en el inicio de la entrevista.

Seguidamente agregó: “Cuando fui a la escuela era grande, a los 16 años terminé el 6to. grado, soy de la primera promoción que hizo el 5to. y el 6to. en la escuela Rufino Ortega, porque antes sólo estaba hasta 4to.. En esa época estaba de director el señor Mario Castañeda, después estuvo el señor José Basotti, él nos dijo que nos reuniéramos los que habíamos terminado años antes en 4to. para poder formar el grupo que iba hacer 5to. y 6to., así lo hicimos, éramos todos grandes. La escuela Rufino funcionaba donde ahora es el Concejo Deliberante y la Pasteur al lado de la las casas colectivas del hospital viejo, en la calle Saturnino Torres y Rufino Ortega.Tengo el diploma donde dice que terminé el 6to. grado el 05 de noviembre de 1949”.

“Cuando yo conocí el pueblo de Malargüe era muy chiquito. Mis tíos tenían casa donde ahora está Felipe Salvatierra, en esa manzana sólo había una casa, lo demás era todo baldío. Mi tío se dedicaba al trabajo de la ganadería. A mí desde chica me gustaba la costura, el tejido, bordaba, pero no hacía otras cosas. Mi tía me enseñó a tejer al telar. Me acuerdo que el hospitalito que había estaba en la calle Batallón Nueva Creación, casi enfrente de donde está ahora el taller de Camus”, acotó más adelante.

Al recordar su primer desfile a caballo indicó “el último año que fui a la escuela Luis Pasteur como alumna, don Edmundo Galigniana armó el desfile de las reservistas para el primer día de Malargüe. Todas teníamos un uniforme con un birrete, desfilamos a caballo y yo fui la abanderada. Otras mujeres desfilaron caminando y llevaban de abanderada a doña Rosa Verdugo de Becerra. Las fotos las sacó Gendarmería. El departamento se llamaba General Perón. La calle San Martín era toda de tierra. Hasta que se creó el departamento dependíamos de San Rafael y en lugar intendente teníamos delegados municipales. Cuando lo crearon al departamento era delegado municipal don Alberto Anglat y él también fue nombrado primer intendente ¡Mire lo que son las cosas, 69 años después volví a desfilar de nuevo a caballo, porque caminando desfilé muchas veces con los jubilados o con los grupos de tejido, de bordado! Resulta que mi hijo es vicepresidente de la Agrupación gaucha Herencia y me propuso que lo hiciera cuando le mostré la foto con las reservistas. Yo anduve toda la vida a caballo, pero hacía bastante tiempo que no me subía a uno. Ensayamos un par de veces y me animé. La verdad que no me acuerdo mucho del primer desfile acaballo, pero en este la gente me saludaba mucho y como iba en una montura de mujer miraba para el costado contrario al del palco de las autoridades, por eso casi me pasé de largo (risas)…Me acuerdo que cuando tenía como 15 años subí a caballo, con una Virgen en la mano, al cerro Carapacho. Se hizo una fiesta muy linda a San Vicente en la boca del volcán, después hasta hubo un asado en ese lugar y se armó un baile. Cuando estaba de vacaciones me consideraba Sarmiento y por eso les enseñé a muchas personas del campo a leer y escribir”.

Con su título de corte y confección se convirtió en la “costurera del pueblo” y supo realizarles trabajo a las familias más destacadas del Malargüe de entonces como los Alonso, Von Zedwit, Galigniana. Concretó desfiles de modas en el ex cine Avenida.

Cecilia se casó con José “Chico” Silva, de nacionalidad chilena, en la capilla que la familia Gentile tenía en puesto La niebla. Tuvieron siete hijos: José, Griselda (fallecida), Teresa, Pabla, Delfín, Macario y María. Ninguno de ellos nació en un hospital, sino que lo hicieron en la casa materna y los partos fueron atendidos por la señora Palma de Vargas. Tiene 22 nietos y “muchísimos” bisnietos.

“Mis dos hijos mayores nacieron en unas casitas que hizo mi tío al lado de la casa de él. Yo cosía y mi marido tenía un taller de zapatería. Después él se fue a trabajar a las minas. Los otros hijos nacieron en una finca que nos hicimos en la ruta 40 norte. Mi marido cortó los adobes para la casa e hizo acarrear con sus amigos piedras de los cerros y se hizo la casa de tosca. La casa la levantó junto con don Salvador Pira, el hombre que construyó el cine Avenida. Nosotros empezamos de cero, esos terrenos del matadero para el norte eran todos médanos. El agua que tomábamos era del canal y la filtrábamos en un filtro de piedra. Mi esposo araba la tierra cuando había viento para que se llevara la arena de los médanos y emparejar. Una vez vino una creciente muy grande y nos llevó todo, tuvimos que empezar de nuevo. El agua nos tiró alambrados, se llevó las gallinas, todo. Esa tormenta fue tan grande que hizo mucho desastre en este Malargüe, se cayeron varias casitas. Siempre digo que aprendí a trabajar después que me casé. Para criar los niños nos prestaron una vaca que todos los días ordeñaba para darles leche, después empezamos a tener más vacas y a vender leche a la gente del pueblo. Por más de 40 años, hasta el día que mi esposo falleció, vendimos leche y queso. La primera vaca la compramos con la venta de unos cerditos que criamos. Mis hijos, cuando salían de la escuela, repartían la leche casa por casa. Yo me encargaba de criar gallinas, pavos, cerdos, las vacas, hacer la huerta y mi marido de plantar pasto en la finca de nosotros y en la de otras personas. Como no teníamos mucho lugar en la finca las vacas las cuidaba mi hijo José al ladito de la ruta, las chicas me ayudaban a cocinar o cuidar a los hermanos más chicos. Cuando el paso de vehículos se incrementó nos hicimos otra finca, la que queda frente a la planta transmisora de radio Malargüe. Nos levantábamos a las 05:00-06:00 de la mañana. Las vacas las ordeñábamos entre los dos. Fuimos los primeros en vender leche embotellada, cuando nos exigieron las habilitaciones, entonces se sumó el trabajo de lavar las botellas y tapar. Hasta los doctores (médicos) le recomendaban para los niños enfermos la leche de nosotros porque sabían que era buena. Toda la familia trabajaba en la siembra de papas y verduras que hacíamos, hasta las niñas salían en bicicleta a vender verdura. Mis hijos parecía que andaban uniformaditos porque mi marido tenía por costumbre comprar las piezas de género y yo les hacía la ropa (risas)” contó la mujer más adelante.

José Silva falleció en un accidente de tránsito en ruta 40 norte y en su homenaje la ciclovía que corre paralela a la misma lleva su nombre. Ambos, además de los hijos propios, albergaron a sobrinos o hijos de amigos que necesitaban concurrir a la escuela.

“Siempre traté de actualizarme, hice cursos de crochet, pintura, cerámica, invernaderos, dulces, ahora me he inscripto para hacer un curso de macramé el año que viene en la escuela Luis Pasteur. También participé en el centro de jubilados” dijo como al pasar.

Cecilia, desde hace cinco años, comparte su vida con Manuel “Chicho” Vergara, quien también era viudo.

Cecilia Sambrano, una malargüina aguerrida, luchadora, siempre optimista, un ejemplo de que con sacrificio y mucho esfuerzo se puede salir adelante.