Reunión del jueves en la Cámara de Comercio

Como una imagen vale más de mil palabras, los gestos en la política también pueden compararse con esa trillada frase que proviene del ámbito de la ciencia de la comunicación social. En la semana que termina hubo dos gestos de la política local y uno de la provincial que merecen ser destacados porque entusiasman y dan esperanza.

El primer “gesto”, tuvo que ver con la instrucción que le dio el intendente Juan Manuel Ojeda a sus concejales para que votaran a favor de un pedido de informes sobre el exitoso festival nacional del chivo que organizó su gestión.

Mientras el jefe comunal el lunes 20, día del amigo, anunciaba que por primera vez en la historia la comuna no había recibido un solo peso en concepto de coparticipación, sino que al contrario se le había generado una deuda de 3,5 millones porque no se pudo cancelar el ítem aportes y contribuciones, y, que por lo tanto, la situación económica y financiera de la municipalidad era extremadamente difícil, un encumbrado dirigente de La Cámpora publicó en la transmisión en vivo que realizó en su página de Facebook Ser y Hacer de Malargüe el siguiente comentario: “Pero los tipos vieron la Beriso gratis!! Jaja” (sic).

Era evidente que la oposición se había puesto los guantes para pegarle a la actual administración por el festival, tal vez la acción más brillante antes de la cuarentena. Rápido de reflejos, Ojeda instruyó a los ediles de Cambia Mendoza para que llevaran al recinto un pedido de informes presentando por la oposición. “No tenemos nada para ocultar” dijeron los ediles oficialistas, sabedores que los papeles ya han sido elevados al Tribunal de Cuentas para que los controle.

El gesto, sin lugar a dudas, que entusiasma y da esperanza porque habla de la intención de transparentar las acciones del Ejecutivo. Qué distinto sería todo si se hubiera actuado de la misma manera cuando se pagaron chivos con facturas de una fábrica de cerámicas con domicilio fiscal en otra provincia.

El segundo gesto que deseamos destacar como positivo fue la reunión que convocaron la Cámara de comercio y la Asociación malargüina de turismo el jueves en hora de siesta. Tal vez porque salvo este medio y el canal de televisión por cable decidieron no dormirla y estuvieron presentes, los demás contaron una versión bastante ideologizada de lo que pasó. Lo cierto es que las entidades intermedias posibilitaron que el intendente municipal, los 10 concejales y las tres legisladoras provinciales que viven en el departamento se sentaran a analizar qué hacer con el futuro del turismo a corto, mediano y largo plazo.

Fueron las organizaciones de la sociedad civil quienes marcaron el camino del consenso para alcanzar los objetivos de crecimiento económico.

Sin posibilidades de desarrollo de la actividad privada la vida de los malargüinos será cada vez peor. Son pocos los que se preguntan de qué vamos a vivir y menos todavía los que trabajan para no solo quedarse con la pregunta, que de última, solo se transforma en relato si no se transforma en acciones concretas.

Hoy son los 10 concejales los que tienen que dar respuestas. Los prestadores turísticos creyeron, ingenuamente, que lo iban hacer urgente, el viernes mismo o el sábado, pero parece que han decidido reflexionar el fin de semana para ver desde mañana cómo canalizan las demandas de un sector, el turístico, que ya comenzó a quedarse sin oxígeno, de hecho, varios bajaron las persianas y pusieron el cartel de “cierre definitivo”.

El último gesto que deseamos destacar es el del actual diputado nacional y ex gobernador Alfredo Cornejo que eligió un hospital público, el Central de la ciudad de Mendoza, para someterse a una cirugía de urgencia.

Cornejo es un personaje clave de la política argentina en este momento por ser el líder del radicalismo nacional. En la provincia genera odio de opositores y amores ciegos de sus seguidores. Como todo hombre tiene aciertos y errores, pero no se puede discutir que posee firmes convicciones, con las cuales se puede o no estar de acuerdo. El gesto de elegir un efector público en medio de la pandemia debe ser destacado como positivo. Qué distinto a ese señor D´Elía que pidió no estar preso en una cárcel por miedo a contraer Coronavirus, la justicia le concedió su petición, se fue a su casa, no se cuidó, contrajo el Covid-19 y se hospitalizó en el para nada “nacional y popular” sanatorio Otamendí.

Esperemos que en la semana que se inicie tengamos más gestos que entusiasmen.