Desde el sector metalúrgico de Mendoza hemos salido con firmeza a defender el trabajo de nuestro sector, a rescatar la historia del desarrollo tecnológico y a sostener vectores de crecimiento que nos permitan avizorar posibilidades de desarrollo. Si hoy sostenemos desde todos los sectores de actividad económica, social o científica, que la innovación, el desarrollo y la investigación aplicada a la mejora continua de nuestros sectores productivos es base para un futuro mejor, no podemos comprender que desde esos mismos actores surjan voces en contra de sostener determinadas tecnologías.

IMPSA, un emblema de la industria nacional, con épocas de esplendor y épocas de frustraciones, ha dejado en Mendoza, un entramado pyme dedicado al desarrollo de tecnologías y servicios vinculados al sector energético de alto nivel internacional. Sin la tracción de una compañía que durante más de 100 años formó profesionales, técnicos y operarios de nivel, no hubiese sido posible.

Hoy nos planteamos si está bien o mal que el Estado provincial y nacional vengan al rescate de esta compañía y afloran aspectos sociales, culturales e ideológicos que no nos dejan mantener un debate racional y una exposición de ideas constructivas que asegure el trabajo para cientos de familias, el desarrollo tecnológico de punta y el buen uso de los fondos públicos.

Desde mi punto de vista y seguramente de casi todo el entramado empresarial, sentimos que el Estado no ha sido un buen administrador y quizás este sea el motivo de algunas resistencias al aporte del Estado para darle continuidad a la compañía. Pero en el mundo los estados son parte de los sectores estratégicos de la economía como la energía, las comunicaciones o algunos recursos naturales y en ese marco debemos encuadrar la situación de IMPSA hoy. Una empresa estratégica para el país, una empresa fundamental para que Mendoza no siga cayendo en el ranking nacional por la falta de vectores de crecimiento.

Por otro lado, se plantea que el Estado aporta al rescate de esta compañía recursos que son de todos los argentinos, pero la respuesta que damos a este pensamiento se sostiene en la defensa del desarrollo tecnológico y de un entramado industrial metalúrgico que tiene para crecer de la mano de la potencialidad y el posicionamiento mundial de esta compañía (No vamos a discutir aquí la cantidad de sectores que reciben aportes del estado, el sector metalúrgico en ese sentido no es de los más beneficiados).

De nosotros dependerá que la política no haga añicos los sueños de miles de Mendocinos, estamos para cooperar.

El rescate de IMPSA se vincula a la concreción de una obra importante para Mendoza, como es Portezuelo del Viento. También aquí los mendocinos nos encontramos planteando alternativas opuestas y tensionando la situación poniendo en riesgo su concreción.

Estamos seguros que no es el mejor proyecto que soñamos, pero este debate viene desde hace más de 40 años y los recursos para la obra los conseguimos allá por el 2007 y recién ahora comenzaron a hacerse efectivos los pagos que la Nación le adeuda a Mendoza por aquella irracional promoción industrial que tanto nos perjudicó. Llevamos 14 años esperando y hoy con la licitación prácticamente adjudicada, nos encontramos con planteos extemporáneos. Es el proyecto aprobado, licitado y en curso de adjudicación. No podemos dar marcha atrás. ¿Estaremos otros 14 años viendo que hacer, mientras la falta de oportunidades se acrecienta al ritmo de la pobreza? Quienes se oponen al proyecto tienen seguramente justificadas razones, pero el tiempo del debate ya terminó, ahora solo resta poner manos a la obra y cuidar de la mejor manera los fondos públicos y el trabajo de los mendocinos.

Portezuelo del Viento se vincula al desarrollo del sur provincial, casi siempre olvidado por la provincia y que merece tener estas oportunidades de desarrollo atendiendo a las inversiones en Energía, Minería, Petróleo, Ganadería y Turismo. La oposición a la situación de IMPSA, a Portezuelo del Viento, a la Minería, o al desarrollo turístico del Cerro Punta Negra cercano al manzano Histórico en Tunuyán, responden a diferentes patrones: oposiciones fuera de tiempos, sectores que aprovechan situaciones para conseguir alguna exposición pública, parte de la ciudadanía que levanta banderas movilizadas por slogan con poco contenido, o desconocimiento de algunos de estos temas sin profundizar los debates. Esos patrones diferentes se encuentran en un punto y es el freno al desarrollo, la falta de oportunidades y la consecuencia más dura reflejada en el 50 % de mendocinos viviendo bajo la línea de la pobreza.

Este parece ser el problema de la sociedad mendocina, la baja capacidad que tenemos para llegar a consensos, para respetarnos e interpretarnos. Los mendocinos venimos desde hace tiempo diciéndole que no a muchas cosas, es hora de empezar a decir que SI, es hora de comprometernos con el desarrollo, siempre bajo el claro concepto de la sustentabilidad ambiental, social y económica. Es posible lograrlo, somos una sociedad con capacidades, con recursos humanos, con conciencia ciudadana y valores históricos, pero debemos adaptarnos a los tiempos de las nuevas tecnologías o procesos de transformación en marcha en el mundo entero. Como sociedad deberemos comprender los cambios y adaptarnos a los mismos.

Aquí empieza el desafío final y es entender qué representa nuestra matriz productiva y hacia dónde debemos ir de cara a un mundo demandante de alimentos, minerales, tecnología y con predisposición a no dejar de movilizarse por todo el mundo potenciando el turismo y los servicios. Mendoza debe pararse a debatir esos escenarios y encontrar formas de consensuar ideas, aunque a veces no las compartamos a un 100 x 100. El eje rector de las propuestas debe ser la generación de empleo para reducir los niveles de pobreza. Aquí vemos la importancia de sostener IMPSA, avanzar con Portezuelo, la Minería, Vaca Muerta, el desarrollo de las inversiones en turismo, en actividades agroindustriales o ganaderas. Aquí tenemos que tener un estado que tome decisiones para contenernos a todos, con una justa distribución del gasto público, con una asistencia equilibrada a todos los actores de la economía provincial.

Mendoza debe volver a tener la pujanza de los buenos tiempos y para esto es necesario ampliar nuestra matriz productiva, considerando necesario fortalecer los recursos existentes y permitir que nuevos vectores de crecimiento se incorporen sin desplazar ni negar ninguna actividad, sobre todo aquellas que tienen fuerte impacto en la inversión y en el agregado de valor.

Quizás seamos capaces de lograrlo o de influir en quienes toman decisiones.

Por Julio Totero, Secretario general Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza. Vice presidente de la UIM.

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