Al día siguiente que dejó la intendencia, más precisamente a las 07:00, Jorge Vergara Martínez me citó en su barraca de ruta nacional 40 sur para que “charláramos tranquilos” y así poder realizar la entrevista para esta historia de vida. Como todos los días se había levantado minutos antes de las 06:00, me dijo que después de desayunar con su esposa había salido a recorrer el Loteo 60 aniversario para cerciorarse que se hubieran concretado algunas tareas que había encomendado a alguien de su equipo de colaboradores porque no quería que le llevaran ese reclamo al nuevo intendente. A sus 80 años el hombre se muestra activo. Cuando llegué al lugar del encuentro le estaba dando de comer a los perros que tiene allí. Me hizo pasar a las oficinas, en el algún momento también funcionaron como su propio hogar y comenzamos a charlar.

 El ahora ex intendente nació el 21 de enero de 1939, en la zona de Rama Caída, San Rafael. Sus padres fueron María Luisa Martínez, hija de crianceros malargüinos, y Marcelino de la Santa Catalina del Sagrado Corazón de Jesús Vergara Rubio. Don Marcelino era agricultor y elaboraba vino casero que comercializaba en nuestro departamento, que traía en bordelesas cargadas en carretas cuando se usaba la ruta que pasaba por El Nihuil y La Junta. Siendo viudo conoció a María Luisa y conformaron una familia. El matrimonio tuvo seis hijos: Waldo, Ricardo (fallecido), Jorge, Manuel Jesús, María Jesús y Gerardo.

“Como todo hijo de agricultor tuve que trabajar desde muy chico, para ir a la escuela Juan Manuel Gamboa, de Los Claveles, tenía que caminar seis kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Mi padre fue un hombre muchos valores y muy trabajador, nunca nos faltó nada para alimentarnos. En mi casa teníamos una huerta grandísima, criábamos cerdos, gallinas, conejos, cuando se vendía la cosecha se compraba harina, azúcar, café y otras mercaderías en bolsas para todo el año. Después mi padre construyó una casa en San Rafael y terminé el primario en la escuela 25 de Mayo. Empecé el secundario pero después lo abandoné porque quería trabajar. Comencé lavando botellas y pegando estampillas en una fábrica de lavandina que había cerca de donde vivía. Después trabajé en una panadería que preparaba lunch para fiestas, donde los primeros seis meses me pagaron con un catre de hierro y los segundos seis meses con una bicicleta de reparto. Cuando se inicia el primer supermercado de San Rafael, que se llamó Marcan (de Martínez Cano), pedí trabajo y me lo dieron para que hiciera repartos en la bicicleta que tenía, al poco tiempo pasé a ser vendedor y después jefe de personal. Luego pasé a ser jefe de personal de tienda La Victoria, hasta que tuve que hacer el servicio militar”, relató Vergara sus primeros años de vida.

Al cumplir con su deber cívico pasó a desempeñarse en Tiendas Arco en la ciudad de General Alvear. Al cabo de un año fue trasladado como gerente a la sucursal de Malargüe. Tiempo después se asoció con el sastre Alfonso Botta y dieron vida a Tiendas La triunfal. Al poco tiempo Botta le vende su parte y así Vergara Martínez comenzó a ser un comerciante independiente. El ímpetu juvenil lo llevó a abrir sucursales en ChosMalal y en Zapala. Fue víctima de una de las tantas crisis económicas de nuestro país que lo llevó a fundirse económicamente. Tuvo que empezar de nuevo. Abrió un depósito mayorista en San Rafael y salió a ofrecer mercadería en nuestro departamento y el norte neuquino.

A principios de la década de 1980 instala una barraca en calle Uriburu, entre Salas e Illescas. Tiempo más tarde levanta el edificio propio donde hoy está Barraca Malargüe, en ruta 40 sur.

Militante desde los 18 años de la Unión Cívica Radical, al retornar la democracia en 1983 le ofrecen ser candidato a intendente en San Rafael, pero le cedió esa responsabilidad al arquitecto Walter Franchetti y él aceptó el desafío de representar al partido en Malargüe. Ambos fueron electos por la voluntad popular.

“Cuando empezamos a organizar de nuevo el partido éramos muy pocos. Me acuerdo que cuando vino por primera vez a Malargüe don Santiago Felipe Llavera organizar el Movimiento de Renovación y Cambio éramos Roberto Salinas y yo los que lo recibimos, la militancia no existía porque la gente no se comprometía con la democracia. Comenzamos a caminar, a hablar con la gente y poco a poco se fueron sumando más personas. Ganamos muy bien las elecciones, siendo que tenía como competidores a dos muy buenas personas como don Santos Merino por el Partido Demócrata y Ángel Santiago Carrizo por el Partido Justicialista. Asumí como intendente, dejé en mi barraca a Beto Vázquez como encargado y a los muchachos que en ese momento trabajaban conmigo, yo me dediqué al municipio exclusivamente. Todos tuvimos que aprender de lo que es la democracia y la política. Tuve la suerte tener una muy buena relación con Felipe Llaver y Raúl Ricardo Alfosín para lograr muchas cosas para este Malargüe como el gas natural, viviendas, realizar el barrio municipal, urbanicé el barrio Los Intendentes después de haber sacado de esos terrenos a un propio correligionario que los había comprado mediante un engaño, llevar agua potable a la casa de tanta gente. En la zona rural llevamos las mismas políticas que teníamos para la ciudad. No teníamos parque automotor, prácticamente, solo había un camioncito y una motoniveladora. Cuando empezamos en el municipio no teníamos para darle nada a nadie. Siempre digo que el mejor Concejo Deliberante que tuve, de los ocho con los que compartí, fue el del ´83 al ´87 donde todos tirábamos para el mismo lugar. Después tuve que enfrentar el problema de la desocupación que produjo el peronismo con Menem, hicimos el barrio Llano Blanco, el docente, el sanidad, el Llancanelo, el ampliación Rufino Ortega. Hoy estoy seguro que en no más de dos años Malargüe será el departamento más importante de la provincia de Mendoza” contó Vergara al repasar su paso por vida pública.

Luego agregó “cuando terminé mi paso por la intendencia tuve que empezar de nuevo, a tal punto que vendí mi casa y nos tuvimos que venir a vivir con mi esposa a este lugar, que originariamente eran las oficinas de mi barraca. Durante 20 años muchas personas vinieron a buscarme para que me presentara como intendente, hasta que en el año 2015 tuve que aceptar por la situación en la que se encontraba el municipio, que lo llevaron prácticamente a la quiebra, no se olvide que cuando asumí los empleados municipales no cobraban el sueldo y había una gigantesca deuda con los proveedores. Nosotros rápidamente ordenamos las cuentas y empezamos a pagar como corresponde, poco a poco fuimos haciendo obras, ayudamos a la gente y terminamos entregándole el gobierno a una persona de nuestro frente político. Yo no creo ser un buen político, en todo caso he realizado en la municipalidad lo que mis padres me enseñaron en mi casa que es administrar lo que se tiene sin derrochar, invirtiendo en las cosas importantes, con honestidad y responsabilidad. La mayor satisfacción con la que me he ido ahora es la construcción de una escuela, la Luis Pasteur, prometida por más de 70 años, más de 100 cuadras de adoquinado en los barrios, los centros de salud y los salones comunitarios que inauguramos y tenemos en construcción. Tuve que pedirle la renuncia a Jorge Tieppo, el hombre más capacitado para ser intendente de este pueblo, y al propio presidente de mi partido para que no se nos cayera el gobierno. Hemos trabajado mucho y honestamente, nadie puede decir que yo o alguno de mis funcionarios se ha ido enriquecido, al contrario, todos nos hemos ido con menos plata en el bolsillo que con la que llegamos al municipio. No pusimos ni una bicicleta para la campaña electoral. A mí nunca se me subieron los humos por ser intendente, ese honor lo tomé como un trabajo más de los tantos que he tenido en mi vida. Todos los días me levanto a las 06:00 para trabajar, tanto en la función pública como en mi actividad particular. Mi deseo es que a Juan Manuel le vaya bien en la gestión que está empezando, que no choque el colectivo porque yo recibí un municipio con 75 millones de pesos de deuda y se le he entregado con 130 millones de ahorros, sin deudas y con muchas obras en marcha”.

Jorge Vergara Martínez está casado con Iris Encarnación Ruíz con quien tiene cuatro hijos. Sergio, Jorge Luis, “Marita” y Pablo, quienes les han dado 10 nietos y dos bisnietas.

“Si de algo estoy orgulloso es de la familia que hemos conformado con mi esposa, cada uno tiene su personalidad pero son todos nobles, buena gente” cerró la conversación “Don Jorge” con los ojos llenos de lágrimas de la emoción.