Por Diego Alí.

Como profesor en Lengua y literatura, con una diplomatura en gestión educativa, quiero dejar mi opinión sobre la educación virtual. Esta educación virtual que llegó para quedarse en la pandemia o “plandemia” de Covit o “Circovit”, que sirvió solamente como excusa para que fuera instaurada esta educación en el sistema educativo argentino.

Si algo ha tenido bueno nuestro país, ha sido la educación pública, gratuita y de calidad. Muchos de los grandes pensadores, científicos de todas las áreas del saber y del arte salieron de una escuela pública, mayormente, y que a lo largo de todo el período desde su creación y de su planteamiento, allá en la segunda parte del siglo 19, fue siempre presencial.

La educación presencial está en el occidente, de herencia grecolatina, desde la época de la antigua Grecia. Lean cómo enseñaban los antiguos filósofos y maestros griegos.

Como toda relación humana fundamental, la educación necesita el contacto humano, la presencialidad, el estar uno frente al otro. La comunicación necesita no sólo del mensaje lingüístico también necesita del paralingüístico, lo gestual, lo que rodea el hecho comunicativo y que se percibe con exactitud cuando estamos frente a frente, no a través de una pantalla.

Empezó la educación virtual, como primera medida, cuándo empezó esta pandemia. Tal vez fue acertada 45 días, son tres ciclos del virus, porque tiene ciclos de 15 días.

Qué hay detrás de que la educación sea virtual. En un país donde tenemos ex presidentes-presidentas acusados de que cuando estaban en el poder hacían espiar a opositores, a periodistas y a gente que no compartía su idea. Ustedes creen que la educación virtual va a ser garantía que no se ejerza la vigilancia epistemológica.

En las jornadas que acaban de terminar para comenzar la segunda parte del año, en una innecesaria virtualidad, los videos que mandaban para que los docentes analizáramos, viéramos y opináramos estaban cargados de ideología partidaria. Todos los vídeos eran propagandísticos, no eran videos educativos, eran videos ideológicos.

Hablan de igualdad y la virtualidad lo que vino hacer es a profundizar las desigualdades. En la escuela física, el aula era en el único lugar donde por lo menos por un ratito se suspendían las desigualdades. Por un ratito el profesor mediaba el conocimiento para todos los alumnos por igual. En esta virtualidad esto no pasa. No todos los chicos tienen acceso correcto y propio a internet, por más que abran espacios para que los chicos vayan y se conecten. Y aquí aparece una paradoja, no pueden ir al aula, pero si los mandan a conectarse por internet en un aula computadoras. En qué quedamos, o tiene que estar encerrado o los sacamos para que vayan al nodo.  Otro ejemplo, en una casa un solo celular con internet para ser compartido por 5 hermanos para que se tengan que conectar a las clases virtuales, los 5 una vez al día.

Hay alumnos que se perdieron del sistema y será muy difícil recuperarlos porque con esta cuestión virtual ni siquiera supimos qué pasó ni dónde están. Habiendo clases presenciales, con el apoyo del material que hay en las bibliotecas de las escuelas se podría haber hecho que esos chicos aprendieran, adquirirán conocimientos y salieran adelante. Hoy se perdieron, no sabemos dónde están y es una realidad que muchos docentes, sobre todo las autoridades de las escuelas, no lo dicen y no lo reconoce.

Hay una cuestión muy interesante que se ha pasado por alto, desde el gobierno no consultaron a los alumnos. Si mandaron un montón de encuestas donde los docentes, en jornadas, nunca vamos a saber realmente si van a leer lo que pusimos nosotros porque las encuestas son todas virtuales. Nadie les preguntó a los alumnos. Yo, y esto pueden acreditarlo aquellos que han sido mis alumnos, soy un profesor con el cual los alumnos pueden hablar en confianza. En esa confianza mis alumnos (doy clase en tres escuelas, nivel terciario, secundario y CENS) me han dicho “profe, estamos hartos, profe no aprendemos, profe no nos podemos conectar siempre, profe quiero abandonar”.

Las familias, en la comunicación formal que las escuelas hacen para preguntarles por qué sus hijos no se conectan, tienen miedo de decir la verdad porque no quieren decir que la virtualidad no le sirve, porque tiene miedo que sus hijos desaprueben y esto es una realidad que cualquiera que tenga hijo en edad escolar lo puede comprobar.

Hoy se desdibujó el rol docente. Esto de la virtualidad, para muchos docentes, ha sido fácil. Envían el trabajo por plataformas virtuales o por WhatsAppe y después que se encargue el papá y la mamá de hacer que el chico lo haga. Papá y mamá no son profesores y no tienen por qué serlo porque el Estado argentino debiera garantizar la educación de los hijos mediante los docentes, que es lo que no está pasando.

La educación es muy parecida a la familia, está muy de la mano. Así como virtualizamos la educación imagínense, para tener una idea, si virtualizáramos las relaciones familiares. Imagínense que el padre le manda a los hijos instrucciones y consejos por WhatsApp o por zoom y espera la devolución del chico, el feedback. Imagínense que sea siempre así no. Que sea un mensajito diario. Que la relación padre-hijo sea siempre de modo virtual. Qué pasarían en esas familias, en esos niños o niñas que reciben las instrucciones básicas para la vida de sus padres de modo virtual. Algo parecido es lo que está pasando con la educación hoy. Todo es virtual, no tengo contacto con mis alumnos.

El hogar en el que no se come no se conecta internet. Esta “plandemia”, perdón pandemia, ha hecho que la economía que no depende del Estado colapse. Hay muchísimas familias que no tienen qué comer y si no tienen qué comer van a tener para comprarle un celular a cada uno de sus hijos, van a tener para pagar internet en casa. Pensemos si esta no es la realidad de muchos hogares.

A esta altura, la cuarentena más larga del mundo es la que tenemos en la Argentina. Muchas familias están pensando en qué comer, no en qué aprender. Parece que, a nuestras autoridades políticas, de todos los gobiernos, no les interesa.

La ley de educación nacional, la 26.206, establece que la educación secundaria en todas sus modalidades tiene la finalidad de habilitar a los jóvenes para el ejercicio pleno de la ciudadanía. Qué clase de ciudadano les estamos enseñando hacer. Ciudadanos sin conocimiento, ciudadanos despersonalizados, deshumanizados, virtualizados, ciudadanos donde el que se conecta sigue en la escuela y el que no se conecta queda fuera de una educación que, en teoría, era para todos.

Me llama poderosamente la atención la poca reacción de mis compañeros docentes, de muchos, no todos, por supuesto. La política partidaria se metió en este debate, me hizo acordar a cuando los docentes se peleaban porque unos usaban pañuelos verdes y otros celestes, por la ley del aborto. Ahora están los cuarentena y los anti cuarentena y en el debate quedaron afuera los alumnos. Nadie los escucha. No alcanza con que del servicio orientación lo llamen por teléfono. No alcanza con que tengamos videos virtuales en televisión del Ministerio de educación de las maestras afines al gobierno que enseñan matemática y dicen que 5 por 5 es 125.

Si la educación virtual sigue, la próxima generación lo va a pagar caro. Imagínense dentro de 15 años ir a hacerse ver con un médico que aprendido a través de internet a operar un cerebro. Imagínense que construye tu casa un arquitecto que aprendió mirando videítos de internet. Vamos camino a eso. La virtualidad no sirve como único modo enseñanza. Estoy de acuerdo que las nuevas tecnologías son necesarias como soporte en el aula, pero el contacto humano es irreemplazable.

En el 2016 ya se hablaba que la educación tenía que ser virtual. En una reunión por zoom, terminando las jornadas, una autoridad de la DGE dijo -menos mal que pasó lo de la pandemia porque este salto a la virtualidad lo teníamos que dar y de otro modo hubiera sido difícil-a A confesión de partes relevo de pruebas, dice el principio del derecho.

 Me preocupan mis alumnos, me preocupan mis hijos, se están perdiendo la parte más linda de la vida qué es, por ejemplo, en la secundaria la convivencia con los compañeros, la semana del estudiante, los intercambios deportivos.

 Es sospechoso que en este tiempo de Coronavirus se suspenda la educación y el deporte y no los supermercados o los bancos. Hay algo que está pasando y no nos los están diciendo, esa es mi opinión.

 Como docentes no quiero ser parte de una farsa montada para deshumanizar la educación y hacer que el pueblo sea estúpido. Quizás aquel primer eslogan de mediados de la década de 1949, “alpargatas si, libros no”, se va hacer realidad ahora. Siempre me pregunté por qué no alpargatas si y libros también. Cuál es el problema con educar al pueblo. Fíjense los países que ya volvieron a la educación presencial y por qué Alemania, Japón, Uruguay. Porque son pueblos que saben la importancia de educarse correctamente y bien, para lo cual en el aula debe haber alumnos y profesores que le den forma al conocimiento. Otra cosa no sirve.

Les pido a mis alumnos disculpas porque en la trampa económica tengo que seguir dando clases virtuales hasta que algún iluminado, en algún cargo de autoridad, decida lo contrario, pero lo veo difícil, muy difícil. Les conviene que el pueblo no piense, les conviene no educar al soberano. Al revés de aquel glorioso planteo que tanto bien le hizo la humanidad, sobre todo a occidente.

 Creo muchísimo en la educación, creo que lo que se invierte en educación y en deportes se ahorra en salud y en seguridad. No es casualidad que en este régimen de “plandemia” sea la educación y el deporte lo que tenemos prohibido, es para pensar.

No estoy de acuerdo con esta educación virtual, creo que nos va a hacer mal y que va a terminar con la última reserva que tenía nuestro país qué es la educación.