Por Fer Tau

El voto es voluntario en el país del norte, en estas elecciones es record la cantidad de gente que se acercó a participar y votar. ¿Por qué? Porque el voto es voluntario. No es obligación ir a las urnas como acá.

¿Qué pasó? Los candidatos, Trump y Biden captaron la atención de la población, a favor o en contra de uno y otro candidato. Se dieron cuenta que había que participar y fueron a votar. Todavía estaban contando los votos hasta el sábado en la tarde en una de las elecciones más parejas de los últimos tiempos en la que J. Biden logró conseguir la mayoría necesaria para ser electo presidente.

Por qué no podemos copiar lo bueno de los demás países que tiene cosas buenas, en este caso el sistema electoral.

En estas pampas el voto es obligatorio, por más que se diga que es secreto, es fácil adivinar por quién van a votar. Ver cómo llegan los votantes en ómnibus rentados con las instrucciones para “votar bien”.

Dice el imaginario popular que una vez cumplida la obligación electoral, estas personas serían recompensadas por su buena voluntad cívica. O sea, tenemos una política clientelista, la casta política está conforme con este sistema, les funciona, se reparten cargos y puestos, a fin de mes cobran todos.

Cada dos años hay elecciones obligatorias y volvemos al principio de este círculo que se retroalimenta sin parar, según pasan los años.

Mentime que me gusta

Y ya que estamos cuestionando la obligatoriedad del voto en Argentina, acá va el por qué de nuestra opinión. Desde que regresó de la democracia al país y nuestras vidas, hemos tenido decepciones con cada presidente que resultó electo, en lo que a promesas respecta.

A Alfonsín lo dejamos fuera de esta lista ya que fue el primer presidente democrático de este ciclo iniciado en 1983, de ahí en adelante, cuando a la casta política le tomó el gustito al poder, prometer para llegar y no cumplir con lo prometido.

A continuación, les copio algunas de las tantas promesas presidenciales que desde 1989 a la fecha nos han hecho quienes llegaron al sillón de Rivadavia:

Carlos Menem

“El salariazo” y “La revolución productiva”.

“Si hubiera dicho la verdad, no me hubieran votado (no es una promesa, pero asusta esta confesión)”.

De la Rua

“Vamos a volver a ser un gran país para vivir”.

Duhalde, ya en funciones, “el que depositó dólares, recibirá dólares”

Néstor Kirchner

“un plan integral de seguridad a largo plazo¨ y “traje a rayas para los evasores”.

Cristina Fernandez

La primera de ellas, la reinserción de la Argentina en el contexto internacional, la segunda, la inauguración de un nuevo tiempo político que diera lugar al diálogo político y a la mejoría de la calidad institucional de la democracia argentina.

Usó la inercia de Néstor para llegar al poder, una vez ahí, se peleó con todos los que consideraba sus adversarios. Es más, fue la causante necesaria de su próximo adversario en las elecciones de 2015.

Mauricio Macri

Después que unos años antes la presidenta CFK declaraba en voz alta,”si no les gusta, armen su propio partido y compita”. M. Macri recogió el guante, construyó un partido, le compitió y le ganó, peeero, también realizó promesas que no pudo y no le dejaron cumplir.

“Inflación de un dígito” y “Pobreza cero”.

Alberto Fernandez

“Vengo a terminar con la grieta”, “llego para poner en marcha la economía” y “les voy a llenar la heladera”.

Con este último presidente, más cercano y presente, estamos cerca de llegar al primer año de mandato y venimos fallando en las tres promesas.

 ¡Qué desilusión tener que esperar tres años para las próximas elecciones y el nuevo presidente continúe la tradición de incumplir lo que nos prometa!

No sería mejor que, en vez de obligarnos a ir a votar, sean los candidatos que por esperanza o temor nos convenzan que tenemos que acercarnos a las urnas para emitir nuestra opinión.

Molestamos con estos temas, ya que siempre nos acordamos tarde, cuando tenemos el sobre en la mano y estamos dentro de la trampa, hay que votar sí o sí y no sabemos por qué ni por quién. Creo que hay solución.

Nos siguen pegando abajo

Cada día nos enteramos de alguien al que el Covid-19 no perdonó. Ya no son noticias de portales nacionales o de afuera que nos informan de un nuevo fallecido. Las balas van picando más cerca, ahora las nuevas víctimas de la pandemia son vecinos y conocidos de todos los días, si no fue un familiar.

Estamos con un trato más cotidiano con el Covid, ya se nos fue el miedo que hubo en un principio cuando se quería cargar con toda la fuerza contra el turismo, que al final de cuentas no tuvo ni generó victimas en el sector.

La pandemia es un hecho y por eso lleva ese nombre y nos advierte día a día que tenemos que tratarla con respeto, el distanciamiento sigue, lavarse e higienizarse las manos también, las mascarillas y barbijo son obligatorios en espacios comunes y en la calle.

¡La estupidez humana también, se siguen haciendo reuniones con mucha gente que no respeta nada de lo recién enunciado y después nos sorprendemos porque el Covid nos sorprendio!

¿Basura en las veredas, es la moda que se viene en verano?

Caminando por la Av. San Martín, donde están ubicados la mayoría de los locales comerciales de Malargüe, sobre todo los que tienen las mesitas a la calle, podemos ver algo preocupante que no son los basureros a disponiblidad de los usuarios y transeúntes, es la basura y suciedad que “olvidan” los clientes en el piso para que se vuele y dejen las veredas para que otro limpie o se lo lleve el viento de manera mágica.

Ya veo preocupado que esta actitud se va a repetir cuando, como viene ocurriendo desde hace años, al visitar los rincones del departamento se complica, pero no se hace el esfuerzo para limpiar cada papelito, botella, colilla, pañales o lo que se les ocurra que un turista o un paseante deja abandonado por ahí, total, alguien lo va a levantar. ¿Y si no aparece ese alguien? El próximo turista o el próximo paseante dirá: “que sucio esta este lugar” y aportará con su dosis de papelito, colilla, botella o lo que se le ocurra a la suciedad del lugar.

Creo que la limpieza y el cuidado de todo tiene que empezar por nosotros para no sumarnos a los comentarios generales: “estuve en la costa, que lindo que la pasamos, pero qué sucia es la gente, basura por todos lados” a esta frase, solo cambiémosle el lugar de ubicación. Si seguimos así, Malargüe va a figurar en esta triste lista.