Durante la Misa Crismal, en la cual los sacerdotes realizan la renovación pública de las promesas que efectuaron al momento de ser ordenados, el obispo de San Rafael, Mons. Eduardo María Taussig, expresó que durante esa celebración, “después de la proclamación del Evangelio, el obispo pronuncia la homilía, inspirándose en los textos de la Palabra, hablando al pueblo y a sus presbíteros acerca de la unción sacerdotal, exhortando a los presbíteros a conservar la fidelidad a su ministerio e invitándolos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales”.
“La renovación pública de sus promesas sacerdotales, queridos hermanos e hijos presbíteros, hoy también tiene una singular significación, que el obispo y todo el Pueblo de Dios agradecemos sentidamente” añadió el Obispo.
Luego hizo referencia a los escándalos que se vivieron el año pasado por el cierre del seminario diocesano al expresar que después “de tanto sufrimiento y dolor padecido por todos el año pasado, atenuado en algo gracias a las últimas disposiciones para recibir la Comunión que he podido adoptar el día de la Anunciación, también con el deseo de emprender un camino de sanación, reconciliación y mayor paz, esta tarde hemos podido reunirnos para esta celebración. No es el momento de mirar el pasado reciente ni de extraer las enseñanzas que la Divina Providencia querrá –sin duda– que saquemos de tan dolorosos males que ha permitido. Lo haremos más adelante, si Dios quiere, con la sinceridad serena, la humildad auténtica y la caridad ardiente que se requerirá para ello”.
“Ahora es el momento de mirar los grandes Misterios de nuestra fe que vamos a celebrar en todas las parroquias y capillas en el Triduo Santo. La Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús. Su Pascua. ¡Y renacer con la Pascua del Señor! Renacer personal de cada uno ante Dios. Renacer todos como Iglesia diocesana para emprender el camino arduo y fecundo que tenemos por delante” puntualizó Taussig.


La Misa Crismal, según el Misal romano, es aquella donde el obispo concelebra con su presbiterio y expresa la comunión que existe entre los presbíteros y su obispo”.
Por eso, el prelado felicitó a los sacerdotes y diáconos presentes por su participación “en medio de las difíciles circunstancias que atravesamos como Diócesis”.
Luego, el obispo realizó una breve catequesis sobre el significado de la consagración de los óleos que se realizaron durante la Misa.


La homilía del Obispo

El crisma y las promesas sacerdotales
- Una de las características de la Misa Crismal, según nos dice el Misal, es que “esta Misa, que el obispo concelebra con su presbiterio, expresa la comunión que existe entre los presbíteros y su obispo”.
Agradezco y felicito a los sacerdotes y diáconos presentes por su participación hoy en esta Misa Crismal, en medio de las difíciles circunstancias que atravesamos como Diócesis.
También señala el Misal: “Después de la proclamación del Evangelio, el obispo pronuncia la homilía, inspirándose en los textos de la Palabra, hablando al pueblo y a sus presbíteros acerca de la unción sacerdotal, exhortando a los presbíteros a conservar la fidelidad a su ministerio e invitándolos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales”.
La renovación pública de sus promesas sacerdotales, queridos hermanos e hijos presbíteros, hoy también tiene una singular significación, que el obispo y todo el Pueblo de Dios agradecemos sentidamente.
- Luego de tanto sufrimiento y dolor padecido por todos el año pasado, atenuado en algo gracias a las últimas disposiciones para recibir la Comunión que he podido adoptar el día de la Anunciación, también con el deseo de emprender un camino de sanación, reconciliación y mayor paz, esta tarde hemos podido reunirnos para esta celebración. No es el momento de mirar el pasado reciente ni de extraer las enseñanzas que la Divina Providencia querrá –sin duda– que saquemos de tan dolorosos males que ha permitido. Lo haremos más adelante, si Dios quiere, con la sinceridad serena, la humildad auténtica y la caridad ardiente que se requerirá para ello.
Ahora es el momento de mirar los grandes Misterios de nuestra fe que vamos a celebrar en todas las parroquias y capillas en el Triduo Santo. La Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús. Su Pascua. ¡Y renacer con la Pascua del Señor! Renacer personal de cada uno ante Dios. Renacer todos como Iglesia diocesana para emprender el camino arduo y fecundo que tenemos por delante.
- El Crisma que da nombre a esta Misa tiene un particular vínculo con el sacerdocio.
Es el Óleo consagrado que se utiliza en todos los sacramentos que imprimen carácter, que es siempre una configuración, en distintos niveles, con el Sacerdocio de Jesucristo:
- En el Bautismo, para ungir la frente del nacido a la vida de hijo de Dios y miembro de la Iglesia, que empieza a participar del sacerdocio común de los fieles como miembro del santo Pueblo de Dios, pueblo sacerdotal.
- En la Confirmación, como materia y parte del rito esencial, para comunicar el don del Espíritu que lleva a la plena madurez cristiana al bautizado.
- En el Orden sagrado, en el segundo grado, cuando el obispo unge las manos del neopresbítero que consagrarán el pan de la Eucaristía y absolverán los pecados de los hermanos.
- En el Orden sagrado, cuando se confiere su plenitud, al ungir la cabeza del obispo consagrado, para señalar su potestad de gobernar la porción del Pueblo de Dios que se le confía.
La unción profetizada por Isaías en la primera lectura de hoy y la aplicación de esta profecía que Jesús hace sobre sí mismo al inicio de su ministerio público en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado, nos muestran el fundamento de este vínculo sacerdotal: como Crisma viene de Cristo, el sacerdocio es participado en diversos grados y especies del Único Sumo y Eterno Sacerdote.
El Crisma, el óleo perfumado –que no bendeciremos, como haremos con los otros dos óleos, el de los catecúmenos y el de los enfermos, sino que consagraremos– expresa este vínculo sacerdotal.
- Al respecto, es significativo que en la oración de consagración del Crisma, en el momento más importante de ella, todos los sacerdotes son invitados a extender las manos, como lo hacen en el momento de la consagración del pan y el vino en la concelebración eucarística, para acompañar el gesto y las palabras del Obispo consagrante del óleo perfumado.
Este gesto tiene arraigo en la tradición de la Iglesia. Cito tan solo, a modo ilustrativo, el testimonio de Amalario, un liturgista del siglo IX, quien dice respecto a este gesto:
Bendice tanto el señor Papa como todos los presbíteros. Es costumbre de la Iglesia Romana que en la confección de la inmolación de Cristo se acerquen todos los presbíteros, y simultáneamente con el Pontífice con palabras y manos lo confeccionen; y porque en un mismo acto es efectuada la consagración de este Óleo, es oportuno que de modo semejante, como en las otras cosas, los presbíteros con el Pontífice confeccionen el Óleo.
- Por eso no es de extrañar que en la Misa crismal se ponga de manifiesto, con la renovación de las promesas sacerdotales ante el obispo y ante todo el Pueblo de Dios, esta relación tan estrecha entre presbíteros, obispo y Pueblo de Dios que el crisma refleja y constituye.
- No quiero extenderme mucho en esta homilía. Tan solo iluminar el gesto de renovación que harán enseguida los presbíteros con el ejemplo del Sumo y Eterno Sacerdote:
- Al entrar en el mundo y comenzar a ejercer su ministerio sacerdotal, según nos dice la Carta a los hebreos, el Hijo dijo al Padre: “Me diste un cuerpo… Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”.
- Luego, durante toda su vida, su alimento fue hacer la voluntad del Padre que lo había enviado.
- En Getsemaní, cuando culminaba su ofertorio sacerdotal, le dijo: “Si es posible que pase de Mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”.
- Y en el acto culminante de su Sacerdocio, en la Cruz, pudo decir auténticamente, luego de cumplir hasta la última profecía: “Todo está cumplido”. Y así entregó su espíritu…
- San José no fue sacerdote. Pero en este año dedicado a él podemos también iluminar nuestras vidas sacerdotales con su ejemplo. El Papa Francisco lo ha puesto muchas veces como modelo para toda la Iglesia y para sus sacerdotes. En cada uno de sus cuatro sueños, fue fiel a la voluntad de Dios. En toda su vida. ¡Que él nos inspire especialmente en este año suyo!
- Y que María Santísima, la mujer del Fiat, desde Nazaret hasta el Gólgota, también nos ilumine, nos acompañe y nos sostenga en la fidelidad a nuestras promesas sacerdotales. Que así sea.
+ Eduardo María Taussig
Obispo de San Rafael
Para hacerte llegar lo que pasa en Malargüe y en la provincia de manera personal, te invitamos a que seas parte del grupo de WhatsApp de Ser y Hacer en donde sólo recibirás noticias, en ningún momento estará abierto, por lo que sólo te llegará lo que subamos a nuestra web. Te dejamos el link para que te puedas unir: https://chat.whatsapp.com/IuwrClWyTDPFrgDFpMCRW









