Mons. Francisco “Pancho” Alarcón, Vicario General y párroco de la catedral San Rafael Arcángel, falleció en la tarde ayer, viernes 24 de junio Fiesta del Sagrado corazón de Jesús, víctima de una enfermedad que no pudo superar.
El Vicario general de una diócesis es designado por el obispo con la finalidad de colaborar fundamentalmente en tareas administrativa y es su reemplazante natural en caso de ausencia temporal.
El “Padre Pancho”, como en todo el sur provincial se lo conocía, estaba internado desde el fin de semana largo en un centro asistencial sanrafaelino donde se le detectó un tumor en el esófago. Su estado de salud se agravó y finalmente el deceso se produjo en víspera alrededor de las 20:30.
Los restos del sacerdote están siendo velados en catedral San Rafael Arcángel desde hoy a las 00:00. Hoy a las 16:00 en ese templo se oficiará una Misa de cuerpo presente, que será transmitida por Canal 21 San Rafael y sus redes sociales. A las 17:30 será sepultado en el cementerio central de San Rafael.
El Administrador apostólico, Mons. Carlos María Domínguez, en el día de ayer había nombrado Pro vicario General de la diócesis al Pbro. Miguel López, párroco de San José de San Rafael, en virtud del estado de salud de Mons. Alarcón.

La historia de vida del “Padre Pancho”
Monseñor Francisco Alarcón, había nacido en Algarrobo del Águila, La Pampa, el 10 de octubre de 1944 y a los 5 años de edad – cuando fallece su padre – la familia se traslada a General Alvear.
Ya a los 10 ayudaba lavando las copas del bar que tenía su tío. Luego, a los 13 años, comenzó a trabajar de cadete en la única farmacia de Alvear Oeste. Algunos vecinos le decían el farmacéutico o el enfermero, ya que él era quien aplicaba las inyecciones.
Años después, en paralelo a un trabajo que obtuvo en el municipio de General Alvear, decide comenzar sus estudios secundarios, los que culmina a los 32 años.


Allí le surge la necesidad de realizar la comunión, que era algo que había postergado siempre por el trabajo y – principalmente – porque en su familia no eran tan apegados a la iglesia.
En 1976 comenzó a sentir el llamado a la vocación de sacerdote, y decidió emprender sus estudios en el seminario de Rosario, provincia de Santa Fe.
Se ordenó sacerdote a los 42 años, exactamente un 10 de diciembre de 1986. Fue designado para prestar sus servicios en la Catedral San Rafael Arcángel, años después se convirtió en párroco. La catedral San Rafael Arcángel fue el único destino que tuvo como sacerdote.


Colaboró con cuanto movimiento o grupo le solicitó su ayuda. Era de andar en bicicleta visitando enfermos. Siempre atento a colaborar con quien lo necesitaba. Su voz grave y una sonrisa inconfundible lo hacían un ser que se ganaba en cariño de quienes lo conocieron.
Cuando la diócesis cumplió 50 años, se le otorgó el Prelado de Honor de Su Santidad, por lo cual pasó a ser llamado Monseñor.
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