La religiosa malargüina Natalia Vázquez (Marcia en su anterior vida laical) ha iniciado una nueva misión en Canadá, país al que fue destinada por su congregación hace 11 años, precisamente a la diócesis de Saint-Jérôme-Mont-Laurier.
Por estos días, junto a dos sacerdotes y un seminarista de la diócesis de Montréal (los P. François Charette, vicario para el clero y director del oficio del personal pastoral, P. Silvain Cloutier, director de las vocaciones sacerdotales, formador del seminario diocesano, y responsable de la propedéutica, Samy Rekik, seminarista que cursa el primer año de filosofía) visita Malargüe para acompañar a su familia y que ellos conozcan la cultura local, básicamente desde el aspecto religioso.
“Estamos aquí para visitar a la familia de la Hna. Natalia, conocer los lugares donde ella ha vivido para expresar nuestro apoyo a la vocación de ella y la misión que está dando origen en Canadá. Queremos apoyarla en esta nueva etapa que está viviendo como misionera de Betania, que la ha llevado a cambiar, incluso su hábito religioso (que pasó de azul oscuro y cofia blanca a gris)” dijo el François.

Cabe destacar que la Arquidiócesis de Montréal, donde viven, en unos 1.000 kilómetros cuadrados, cerca de 2 millones de personas, cuenta con 180 parroquias, alrededor de 750 sacerdotes (activos y ancianos, entre religiosos y diocesanos). Cerca de 400 sacerdotes ancianos de más de 70 años de edad, de los cuales alrededor de 150 son diocesanos.
“Esta misión que estoy viviendo consiste en apoyar a la persona de los sacerdotes, en todo lo que se refiere al bien material y espiritual, contribuir a que ellos sean fieles y santos, respondiendo fielmente a su propia vocación. Nos ocupamos de los sacerdotes ancianos, cuando están enfermos, en un hospital. A los sacerdotes jóvenes también los apoyamos colaborando en los retiros espirituales, encuentros de sacerdotes. La idea es ir ampliando ese servicio. Por ahora, estoy sola como religiosa pero la idea es que haya una comunidad que pueda contar con un lugar donde los sacerdotes puedan ir a descansar, realizar un retiro espiritual o vivir en comunidad después de su entrega en la vida activa al bien de la Iglesia” comentó la religiosa.

Este apostolado considera que si el sacerdote está bien en el aspecto humano y espiritual transmite eso a los fieles, en palabras de Santa Teresita del niño Jesús, comerciar al por mayor o como decía San Pío X, salvar a un sacerdote es salvar 100 almas, 1.000 almas, 10.000 almas.
“La misión está dirigida al pastor para que sea un bien a toda la Iglesia” completó la religiosa, que un día escuchó el llamado de Dios y lo canalizó en la orden Mater Dei, en la provincia de San Luis, donde años después fue trasladada al país del norte de nuestro continente. De hecho, cuenta con un permiso especial de las superiores de la congregación para dar inicio a la causa que hoy la ocupa.
Al respecto comentó “estamos sembrando una pequeña semillita para una futura nueva comunidad religiosa, porque el carisma es diferente y por ello podría ser otra familia religiosa. El Señor me ha permitido, en su inmensa misericordia y amor, vivir la vida religiosa en el Instituto Mater Deir, donde siento que me preparó para este nuevo llamado. A esta nueva comunidad le hemos llamado Misioneras de Betania. En estos casos, la Iglesia siempre actúa con prudencia y discernimiento, por eso ahora transitamos una etapa experimental aceptada por el Obispo para su diócesis. Si la experiencia fuera favorable, se comenzarán a dar los pasos canónicos para lograr la autorización de familia religiosa que da la Santa Sede”.

El P. François, interviene para indicar, “Montréal es una arquidiócesis donde viven unos 2 millones de personas, de los cuales más de la mitad son católicos. Tiene una larga historia y una presencia católica muy fuerte y presente. Es la diócesis con más sacerdotes en el país y muchos de ellos necesitan atención porque son mayores, sin familias. A ellos se suman otros que llegan a misionar, que necesitan de una ayuda particular por lo que, cuando la Hermana vino y expresó su llamado a vivir un carisma especial para con los sacerdotes, el arzobispo estuvo muy abierto porque ve esa necesidad. Ella comenzó a estar junto a los sacerdotes ancianos y enfermos, creó un voluntariado donde ya se han sumado unas 40 personas que la ayudan en el apostolado”.
El P. Silvain, como responsable de las vocaciones en la arquidiócesis, comentó “esta misión no solo está destinada al apoyo de los sacerdotes mayores, sino también a los jóvenes que se están formando. Es una fuente de esperanza para el clero porque hay una persona que se ocupa de cada uno de ellos en todas las etapas de la vida sacerdotal”.

“Por ahora, como religiosa estoy sola pero si Dios ve esta misión como un nuevo carisma tenemos la esperanza que enviará nuevas vocaciones para poder satisfacer todas las necesidades. Si esto es obra del Señor se encargará de suscitar esas vocaciones y será en ese momento que se requiere para avanzar en las etapas de formación de comunidad religiosa, de acuerdo al Derecho Canónico. Podemos decir, comparándolo con la vida humana, que hay una concepción en el vientre materno pero todavía no ha nacido. Esta gestación es una larga etapa que Dios dirá si debe nacer” comentó Hna. Natalia.
“No se trata de una nueva comunidad, como la Hermana decía, es una pequeña semillita, que el arzobispo la recibe como un don de Dios” indicó el P. Francois.

“Una nunca se olvida de donde salió, sus raíces. Cuando se siente el llamado a la vida religiosa eso sigue estando, pero debe seguir un amor mucho más grande, que es el de Dios. Se puede decir cómo Marcia se fue tan lejos, dejó a su familia, la respuesta es que Dios lo llena todo, para Él no hay tiempo o espacios. Sí el Señor nos permite llevarnos cosas en el corazón, por eso agradezco la familia que me ha dado, cómo viví mi niñez, adolescencia y juventud porque eso fue formando esta vocación. Mis padres son ejemplo y fueron los que formaron este llamado que vivo con gran entrega y alegría” indicó la monja.
Junto ella se encontraba su papá, Beto, quien expresó “ella está viviendo una misión muy importante, nos sentimos como orgullosos como padres y de nuestro pueblo que ha dado tantos otros chicos que están haciendo cosas, en distinto órdenes, en distintos lugares del mundo. Como familia la extrañamos pero sentimos un apoyo espiritual muy fuerte en este momento que estamos viviendo, es una ayuda importantísima. Esta visita es un regalo de Dios”.
Para más información sobre esta misión en Canadá escribir a: soeur.natalia.quebec@gmail.com.
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