
La “lengua norte” de Vaca Muerta en el sur de Mendoza podría asegurar petróleo para cinco décadas y abrir exportaciones. Las zonas abarcan Malargüe y parte de San Rafael, aunque la falta de infraestructura limita su desarrollo inmediato.

La porción mendocina de la formación Vaca Muerta, conocida como “lengua norte”, vuelve al centro del debate tras nuevos estudios y anuncios de inversiones. Se estima que unos 8.700 km² de la formación —sobre un total de 36.000 km²— pertenecen a Mendoza.
A diferencia del núcleo neuquino, donde predomina el gas, en el tramo mendocino hay un marcado perfil petrolero. Las estimaciones geológicas indican que podrían extraerse más de 8 mil millones de metros cúbicos de petróleo, de los cuales unos 238 millones de metros cúbicos serían recuperables. Esa cantidad equivale a más de 50 años de la producción anual actual de la provincia.
La superficie abarca principalmente el departamento de Malargüe, aunque la franja geológica también toca zonas de montaña de San Rafael —como Vega Grande, Río Atuel y El Sosneado— y una pequeña porción de San Carlos. En Malargüe ya hay concesiones vigentes (Cañadón Amarillo, Payún Oeste, Cerro Mollar, La Brea) y áreas aún disponibles (Calmuco, Ranquil Norte).

El interés renovado se traduce en inversiones concretas. YPF anunció la perforación de pozos horizontales en los bloques Paso Bardas Norte y CN-VII A, con una inversión inicial de 17 millones de dólares. Posteriormente, la empresa confirmó que destinará unos 30 millones de dólares más para continuar con exploraciones en 2025.
El gobierno provincial respalda la iniciativa. Para las autoridades, este proyecto no convencional representa un “hito” para Mendoza: generará empleo, atraerá inversiones y diversificará la matriz energética.
No obstante, existen desafíos estructurales. La conectividad vial es uno de los principales cuellos de botella: la Ruta Nacional 40 Sur todavía no está concluida entre Bardas Blancas y Ranquil Norte —unos 100 km pendientes—, lo que complica el acceso y el transporte. Además, faltan inversiones en transporte ferroviario, y los pasos fronterizos con Chile requieren modernización.

Para que la “lengua norte” se transforme en una realidad productiva, será clave contar con infraestructura, planificación y compromiso estatal, junto con estándares ambientales responsables. Si eso se concreta, podría generarse un nuevo polo de desarrollo energético que trascienda lo local.
Para la zona sur mendocina, el impacto potencial es significativo: ingresos, puestos de trabajo y dinamismo económico, en un contexto donde las alternativas productivas son limitadas.
En definitiva, la “lengua norte” de Vaca Muerta representa una gran oportunidad para el desarrollo de energía y recursos en la región, siempre que se superen los desafíos logísticos e inversiones pendientes.
Fuente: Diario San Rafael

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