
“Es muy importante que nos acompañen, que participen y sobre todo valoren estos espacios, porque ayudan al crecimiento de nuestra comunidad y le dan identidad a nuestra tierra”.

Las Sendas Culturales forman hoy parte de la agenda habitual de los sábados en Malargüe. La peatonalización de la calle San Martín, la presencia de artesanos, emprendedores y artistas, y la participación sostenida del público construyeron, con el paso del tiempo, un espacio de encuentro que se repite semana tras semana. Sin embargo, su consolidación no fue inmediata ni estuvo exenta de debates.
En sus primeras ediciones, la propuesta generó resistencia por parte de algunos comerciantes del microcentro, que manifestaron su preocupación por el corte de la calle San Martín durante las tardes de los sábados. En ese contexto, se elevaron notas formales a la Municipalidad solicitando que la feria fuera itinerante y no se desarrollara siempre en el mismo punto. La decisión política fue sostener el lugar elegido, entendiendo que el espacio público debía ser apropiado también desde lo cultural. Con el tiempo, las Sendas Culturales se afianzaron, algunas veces se mudaron a plazas barriales y pasaron a identificarse como una de las políticas culturales más visibles de la gestión del intendente Celso Jaque.

La responsabilidad de coordinar y sostener cada edición recae en la Dirección de Cultura, a cargo de Érica Della Bianca, quien repasa el proceso desde una mirada institucional. “Cuando miro hacia atrás y pienso en estas sendas culturales, lo primero que se me viene a la cabeza son las primeras ediciones, cuando había poca convocatoria y la gente recién se estaba acercando”, señala.

En aquellos comienzos, los artesanos se sumaban con entusiasmo, los artistas aceptaban participar sin tener certezas sobre el alcance de la propuesta y el público empezaba a descubrir un nuevo uso del espacio urbano. Entre los primeros en acompañar estuvieron jóvenes vinculados al freestyle, que participaron de las primeras ediciones y colaboraron con el armado inicial de los escenarios.

Con el paso del tiempo, la propuesta fue creciendo de manera sostenida. Se incorporaron más feriantes, más artistas y una organización que permitió diversificar los escenarios según los distintos géneros musicales. “Siempre se trató de armar espacios con distintos ritmos: rock, folklore, ranchera, cueca, dándole oportunidades a todos los artistas locales”, explica Della Bianca.
En ese marco, hay géneros que se destacan por su capacidad de convocatoria. “En las sendas culturales, los grupos de ranchera y cueca convocan mucha gente. Son danzas de encuentro, muy ligadas a las fiestas populares, que se bailan tanto en ámbitos rurales como urbanos”, señala. Según describe, estas expresiones forman parte de la vida social cotidiana y encuentran en las sendas un espacio natural de manifestación.

El impacto de la feria no se limita a lo artístico. Para artesanos, emprendedores y microemprendedores, las Sendas Culturales representan un espacio regular de exposición y venta. “Los artesanos valoran mucho contar con un lugar donde puedan mostrar sus productos. Muchas veces, sin este tipo de espacios, es difícil que tengan visibilidad”, afirma la funcionaria. Del mismo modo, los artistas destacan la posibilidad de contar con un escenario casi permanente para presentar su trabajo.

El impacto de la feria no se limita a lo artístico. Para artesanos, emprendedores y microemprendedores, las Sendas Culturales representan un espacio regular de exposición y venta. “Los artesanos valoran mucho contar con un lugar donde puedan mostrar sus productos. Muchas veces, sin este tipo de espacios, es difícil que tengan visibilidad”, afirma la funcionaria. Del mismo modo, los artistas destacan la posibilidad de contar con un escenario casi permanente para presentar su trabajo.
Desde el punto de vista organizativo, sostener una agenda cultural activa implica desafíos constantes. Della Bianca remarca que cada evento requiere planificación, coordinación y evaluación posterior. “Nada de lo que se hace desde la Dirección de Cultura sería posible sin el personal municipal. Hay un equipo que trabaja en conjunto, aportando ideas, organizando y corrigiendo errores para que cada evento sea mejor que el anterior”, explica. A ese trabajo se suma la articulación con otras áreas municipales, como Servicios Públicos, que intervienen antes y después de cada jornada.

Para la directora de Cultura, el valor de las Sendas Culturales radica en su función como espacio de encuentro. “Promueven la participación de la comunidad y generan un lugar para vecinos y turistas, donde se puede salir en familia y encontrarse con una diversidad de propuestas”, sostiene. En ese sentido, remarca la importancia de que la comunidad acompañe y valore estos espacios como parte del crecimiento colectivo.

Lo que comenzó como una iniciativa discutida en sus primeros pasos, – aún conserva algunos detractores- , hoy se presenta como una propuesta consolidada, sostenida desde la gestión municipal y apropiada por gran parte la comunidad. Las Sendas Culturales se integraron a la vida social de Malargüe y continúan proyectándose como una política cultural estable, y, según su responsable, «en permanente revisión y construcción».









