
Malargüe dio un paso simbólico pero estratégico en la construcción de su identidad urbana: calles del Barrio Procrear llevarán los nombres de científicos vinculados al Observatorio Pierre Auger, consolidando un Boulevard de la Ciencia que asocia el crecimiento de la ciudad con el conocimiento y la investigación.

Malargüe no es solo territorio de volcanes, montañas y pasos internacionales. Desde hace más de dos décadas, también es sede de uno de los proyectos científicos más relevantes del mundo en su especialidad: el Observatorio Pierre Auger. En ese marco, el departamento avanzó con una decisión que trasciende lo urbano y se instala en el plano cultural: la creación de un Boulevard de la Ciencia, donde calles del Barrio Procrear rinden homenaje a investigadores ligados a ese proyecto internacional.

La iniciativa quedó formalizada mediante una ordenanza del Honorable Concejo Deliberante, que asigna oficialmente los nombres de “Calle David F. Nitz” y “Calle Alan A. Watson” a dos arterias del barrio. Ambos científicos están estrechamente vinculados a la historia y al desarrollo del Observatorio Pierre Auger, cuya presencia en Malargüe posicionó al departamento en el mapa científico mundial.

Lejos de ser un gesto meramente administrativo, la decisión tiene un fuerte contenido simbólico. Nombrar calles es una forma de contar una ciudad y de proyectar valores hacia el futuro. En este caso, Malargüe elige asociar su expansión urbana a la ciencia, la investigación y la cooperación internacional, integrando ese mensaje a la vida cotidiana de vecinos y vecinas.
El Observatorio Pierre Auger funciona en el sur mendocino desde 2001 y es gestionado por una colaboración internacional que reúne a más de 400 científicos de distintos países. Su tarea central es el estudio de los rayos cósmicos de ultra alta energía, y su instalación en Malargüe respondió a condiciones geográficas únicas: gran extensión territorial, baja contaminación lumínica y estabilidad ambiental. Con el tiempo, el proyecto fue construyendo un vínculo profundo con la comunidad local, a través de visitas educativas, actividades de divulgación y programas de formación.

El Boulevard de la Ciencia aparece como un nuevo eslabón en esa relación, pero con una diferencia clave: traslada el reconocimiento científico al espacio urbano. Las calles, los carteles y las direcciones pasan a ser también soportes de memoria y de identidad. Cada nombre abre la posibilidad de contar una historia científica y de despertar preguntas, especialmente entre las nuevas generaciones.
Desde una mirada estratégica, la iniciativa se inscribe en un momento particular. El proyecto Pierre Auger extendió su vida útil por al menos una década más, garantizando continuidad científica y presencia internacional en Malargüe. En ese contexto, reforzar el perfil de “ciudad científica” no es solo un homenaje al pasado, sino una apuesta al futuro del departamento.

Malargüe suele ocupar la agenda pública por su potencial turístico, por eventos climáticos extremos o por debates productivos. Sin embargo, su dimensión científica permanece muchas veces en segundo plano. La creación del Boulevard de la Ciencia contribuye a equilibrar ese relato, mostrando que el desarrollo local también puede pensarse desde el conocimiento, la educación y la innovación.
Así, con las calles David F. Nitz y Alan A. Watson, Malargüe suma una pieza concreta a una narrativa que se consolida con el tiempo: la de una comunidad que no solo alberga ciencia, sino que la incorpora como parte de su identidad urbana y cultural.
Fuente: Pierre Auger

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