

Un vecino de Cañada Colorada, Gabriel Ferrero, denunció que una crecida ingresó desde un badén hacia las fincas por un punto vulnerable del drenaje y causó pérdidas en cultivos, espacios comerciales y de uso familiar. El episodio, ocurrido este lunes, también complicó su salida hacia San Rafael para un tratamiento médico. Mientras cuestionó la coordinación entre Irrigación e Hidráulica, destacó la intervención de la Municipalidad de Malargüe para despejar el acceso.

Una crecida registrada este lunes en la zona de Cañada Colorada, en Malargüe, provocó el ingreso de agua y barro a fincas del sector y generó reclamos por el estado del sistema de drenaje. El testimonio fue aportado por Gabriel Ferrero, quien describió anegamientos, daños en áreas cultivadas y complicaciones para transitar por callejones internos.
Según relató, el agua ingresó desde un badén hacia su propiedad a través de un punto vulnerable por donde drenan efluentes de varias fincas del sector. En su caso, el avance del agua afectó espacios de uso familiar, su emprendimiento «Parrilla la Finca», callejones internos y parte de los cultivos con depósitos de arcilla que, explicó, deterioran el terreno y dificultan la rápida recuperación.


Ferrero sostuvo que el problema “no es nuevo” y que se repite al menos una vez por año cuando se registran crecidas importantes, situación que atribuyó a la falta de inversiones estructurales y a la falta de coordinación entre organismos. En ese marco, planteó que, al presentar reclamos, recibe respuestas que derivan responsabilidades entre Irrigación e Hidráulica.

El vecino vinculó lo ocurrido con tormentas intensas propias del verano y con la necesidad de mejorar la prevención en zonas rurales. En este tipo de eventos, el escurrimiento rápido y el arrastre de sedimentos pueden saturar colectores, callejones y bordes de badenes, afectando tanto la producción como la circulación.
En lo inmediato, Ferrero remarcó que quedó aislado por acumulación de barro y arcilla en el acceso, lo que afectó su posibilidad de trasladarse a San Rafael para un tratamiento médico. En ese punto, destacó la predisposición del Municipio para asistir con maquinaria vial y habilitar la salida del callejón.

Sobre las posibles soluciones, el vecino mencionó obras puntuales para reducir riesgos: colocación de sifones, recomposición del borde del badén y una compuerta que permita controlar el paso del agua en eventos de crecida. Su planteo apunta a medidas preventivas para evitar que el excedente hídrico ingrese a zonas cultivadas.
En términos generales, el mantenimiento de cauces, colectores y defensas reduce el impacto de las crecidas, especialmente cuando las precipitaciones se concentran en pocas horas. También resulta clave definir canales de respuesta claros ante reclamos, para evitar demoras en intervenciones que, en áreas rurales, pueden afectar la producción y servicios esenciales.

En Malargüe, donde la actividad agropecuaria bajo riego sostiene economías familiares y empleo rural, la situación expone un problema recurrente: cuando el drenaje falla, el daño se multiplica en cultivos, infraestructura y accesos. El testimonio de Ferrero reabre el debate sobre obras preventivas y coordinación institucional para disminuir riesgos en Cañada Colorada.

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