

La caída de la natalidad ya impacta en la escuela: Mendoza planifica su sistema educativo ante el descenso sostenido de nacimientos. En Malargüe, los nacidos vivos pasaron de 656 en 2014 a 307 en 2024, según las series oficiales del Ministerio de Salud provincial, un dato que adelanta cambios en salas, secciones y recursos.

La educación mendocina enfrenta un giro estructural: la provincia ya no se organiza pensando en aulas que crecen, sino en un escenario donde habrá menos estudiantes y, por lo tanto, más necesidad de reorganización. Ese cambio, que durante años se leyó como un fenómeno demográfico “a futuro”, empezó a exigir decisiones concretas en la planificación escolar. El tema tomó centralidad pública tras el análisis publicado por «El Memo», en una nota que vincula la caída de nacimientos con el rediseño del sistema educativo provincial.
La clave está en un dato contundente: en la última década, Mendoza registró más de 16 mil nacimientos menos, una tendencia que reduce el caudal de ingresos al nivel inicial y, con el paso del tiempo, a primaria y secundaria. Cuando disminuye la cantidad de niños que nacen, el Estado debe anticipar cómo evolucionará la matrícula, qué pasará con la demanda de salas y secciones, cómo se distribuirán docentes y qué uso tendrá la infraestructura existente.

Pero el fenómeno no es homogéneo y se entiende mejor cuando se baja a territorio. Malargüe es un ejemplo fuerte de cómo se expresa la tendencia en el sur mendocino:
según el Ministerio de Salud y Deportes de Mendoza en Malargüe fueron 656 en 2014 y 314 en 2023, mientras que en 2024 fueron 307. Esto implica una reducción de 349 nacidos vivos en diez años, es decir, una caída aproximada del 53%.
Fuentes oficiales: “Series Cronológicas Estadísticas Vitales Mendoza, Años 2014–2023” (tabla de natalidad por residencia de la madre) y “Nacimientos – Mendoza Año 2024”, ambos publicados en InfoSalud del Gobierno de Mendoza.
- Serie 2014–2023: https://infosalud.mendoza.gov.ar/public/infosalud/bio/series_crono/series_cronologicas_vitales_2014-2023.pdf?ID=ts7
- Nacimientos 2024: https://infosalud.mendoza.gov.ar/public/infosalud/bio/series_crono/series_cronologicas_vitales_nacimientos_2024.pdf

Esa trayectoria local no es solo un dato estadístico: anticipa consecuencias directas en la organización escolar. Con menos chicos ingresando al sistema, suelen aparecer primero señales en el nivel inicial: salas con menos inscriptos, cursos que no abren o secciones que se fusionan. Luego la onda expansiva llega a primaria y, más adelante, a secundaria. En departamentos extensos y con parajes dispersos, la planificación no puede limitarse a “cerrar o concentrar”, porque la distancia y el acceso son parte del derecho a la educación.
En términos de gestión, la pregunta central no es si el sistema se achica, sino cómo se transforma para sostener calidad y cobertura. Menos alumnos por curso podría convertirse en una oportunidad: grupos más reducidos facilitan el seguimiento pedagógico, la detección temprana de dificultades y la mejora de aprendizajes, siempre que exista una estrategia para aprovechar ese margen y no se convierta en una simple reducción de estructura.
Al mismo tiempo, la caída de matrícula obliga a revisar el uso de recursos: infraestructura subutilizada, necesidad de readecuar planteles docentes, transporte escolar en zonas alejadas, y redefinición de la oferta educativa. En lo concreto, la DGE suele mirar variables como la evolución de inscriptos, la matrícula efectiva por establecimiento, la disponibilidad de edificios y los costos de sostener secciones con pocos alumnos. En territorios rurales, además, entra en juego un factor decisivo: la escuela como núcleo comunitario y prestadora de servicios (alimentación, contención y articulación con salud y desarrollo social).

Otro punto sensible es el impacto en el empleo docente y en la estabilidad del sistema. La reorganización, si no es comunicada con claridad, puede leerse como ajuste. Por eso, el enfoque más consistente —y el que demandan las comunidades educativas— es que cualquier reordenamiento se base en datos, criterios públicos y alternativas reales: fortalecimiento de la primera infancia, extensión de jornada, apoyo escolar, políticas de revinculación y mejora de trayectorias.
La discusión mendocina se inserta, además, en un contexto más amplio: distintas jurisdicciones del país vienen registrando descensos sostenidos de natalidad y ajustes progresivos en la matrícula. En esa línea, el desafío para Mendoza es adelantarse y evitar que el declive demográfico se traduzca en retroceso educativo. Dicho de otro modo: el sistema puede achicarse “por inercia”, o puede rediseñarse para ser más justo, más eficiente y más centrado en la mejora de aprendizajes.
Para el sur mendocino, y particularmente para Malargüe, los datos oficiales de nacidos vivos abren una agenda inmediata: ¿Cómo se organizarán los jardines maternales municipales? ¿qué pasará con la demanda de salas de 3, 4 y 5?, ¿cómo se sostendrá la oferta en zonas alejadas?, ¿qué criterios se usarán para definir secciones y cargos?, ¿qué rol jugarán transporte y conectividad? La caída es clara; lo que está en disputa es la respuesta. Y ahí, la planificación educativa no se mide solo en números: se mide en oportunidades concretas para niños, familias y comunidades.
🔗 FUENTE ORIGINAL:
- El Memo (nota base): “Natalidad baja: la educación mendocina cambia por los 15 mil partos menos en una década”, autor Jorge Fernández Rojas.

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