

La recolección de tapitas plásticas en el Hospital Malargüe continúa aportando recursos a la Fundación Garrahan y a la Casa Garrahan, con impacto directo en familias malargüinas que acceden a ayudas técnicas y acompañamiento.

“Venimos a desocupar el corazón, que se ha llenado”. Con esa frase, Luisa Chavanne, referente solidaria de la Fundación Garrahan en Mendoza, resumió el sentido profundo de la recolección de tapitas plásticas que se realiza en el Hospital Malargüe, una acción que hoy vuelve a mostrar su impacto directo en familias de la comunidad.
La iniciativa permite colaborar con la Fundación Garrahan y con la Casa Garrahan, el hogar que recibe a familias de niños que atraviesan tratamientos prolongados y complejos. A través del reciclado, las tapitas se transforman en recursos que regresan al sistema de salud pediátrico.
“Es una economía circular, porque la tapita tiene un fin”, explicó Chavanne, al destacar la participación constante de vecinos y niños de Malargüe. El material recolectado se recicla y vuelve al circuito productivo, generando beneficios que se destinan a insumos hospitalarios y al acompañamiento de las familias.
El Hospital Malargüe se consolidó como uno de los puntos centrales de recolección, con un corazón metálico ubicado en su ingreso, que se llena de manera permanente gracias al compromiso comunitario. A este espacio se suma otro punto de acopio en la ciudad, la estación de servicios YPF lo que permite ampliar la convocatoria solidaria.

La ayuda se traduce en historias concretas. Una de ellas es la de Leonel Ibarra, un niño de nueve años con mielomeningocele, una forma de espina bífida. Su familia recibió una silla de ruedas que resultó clave para su movilidad y su escolaridad. “Le cambió la vida para la escuela”, expresó Nirma su madre, emocionada.
Leonel fue diagnosticado al nacer y atravesó cirugías y tratamientos desde muy pequeño. En ese camino, la ayuda técnica significó un alivio para la familia y una herramienta fundamental para que pudiera asistir a la escuela con mayor autonomía. Hoy continúa con su proceso de rehabilitación y seguimiento médico.
Leonel también fue parte de la jornada solidaria con un gesto sencillo y cargado de emoción: realiza pulseritas artesanales con nombres y letras, que vende a 500 pesos, y con lo recaudado se compra más materiales para seguir creando. Durante el encuentro, Luisa recibió como regalo una pulsera con su nombre, un momento que generó emoción y sonrisas entre los presentes.



Desde el Hospital, la directora Yolanda Carbajal, explicó que este trabajo forma parte de una mirada integral de acompañamiento a niños con discapacidades, articulando rehabilitación, contención familiar y redes solidarias. También señalaron que estas ayudas permiten que los recursos puedan rotar y llegar a otros niños que los necesiten.
Además de las tapitas, la institución colabora con la recolección de papel en desuso, reforzando una práctica que une el cuidado del ambiente con la solidaridad y el compromiso social.
La experiencia demuestra que, a través de pequeños gestos sostenidos en el tiempo, el Garrahan también llega a Malargüe, acompañando a familias locales y fortaleciendo una red solidaria que transforma realidades.


.








