

En Malargüe se realizó el primer taller para diseñar un Plan de Acción destinado a conservar a la ranita del Pehuenche (Alsodes pehuenche), un anfibio endémico de los Andes centrales que enfrenta múltiples amenazas en su hábitat de alta montaña. La iniciativa apunta a coordinar medidas de manejo y protección en el corredor del Paso Pehuenche, con mirada compartida entre Argentina y Chile.

Malargüe dio un paso relevante en conservación de biodiversidad con la realización del primer taller orientado a construir un Plan de Acción para la ranita del Pehuenche (Alsodes pehuenche), una especie tan singular como frágil: vive en ambientes de alta montaña, asociada a cursos de agua fría y arroyos de deshielo, y hoy figura entre los anfibios más amenazados de la región andina.
La actividad se desarrolló en el Centro de Convenciones y Exposiciones Thesaurus, con el objetivo de alinear criterios y definir líneas de trabajo para cuidar el hábitat del anfibio en el área del Paso Pehuenche y zonas aledañas, un punto clave por su carácter de corredor internacional y por el incremento de usos humanos en temporadas de mayor tránsito.

El foco del encuentro no fue solo la especie, sino el ecosistema. El municipio subrayó que proteger el ambiente donde vive la ranita tiene un “efecto paraguas” sobre otras especies endémicas que comparten el mismo territorio. En ese sentido, la construcción del plan busca ordenar acciones que mitiguen impactos y, a la vez, propongan un cambio en la manera de gestionar recursos naturales en el área de montaña.

¿Por qué importa tanto esta ranita? Porque se trata de una especie endémica del Valle del Pehuenche y sectores cordilleranos cercanos al límite argentino-chileno. En Argentina, su presencia se asocia al departamento de Malargüe, mientras que en Chile se registra en áreas de la Región del Maule. Esta condición binacional, sumada a su distribución acotada, explica por qué la conservación requiere coordinación a ambos lados de la frontera.
La urgencia está respaldada por evidencia técnica: la ranita del Pehuenche está catalogada como “En Peligro Crítico” por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.), y en Argentina también fue reconocida como especie “en Peligro” mediante normativa nacional, según información oficial sobre biodiversidad.
Las amenazas identificadas por la literatura científica son múltiples y no siempre visibles para quienes circulan por la zona. Entre los riesgos señalados aparecen la alteración de arroyos vinculada a infraestructura vial, la posible incidencia del hongo quítrido (quitridiomicosis), la presencia de salmónidos exóticos invasores en ambientes acuáticos, el pisoteo y presión del ganado sobre vegas y orillas, y el cambio climático, que en ecosistemas de nieve y deshielo puede modificar la disponibilidad de agua y la estabilidad de microhábitats.

En ese marco, el Plan de Acción que se empieza a delinear en Malargüe aparece como una herramienta para pasar de diagnósticos generales a medidas concretas: monitoreo, protección de sitios sensibles, reducción de perturbaciones, educación ambiental y, sobre todo, coordinación institucional para sostener acciones en el tiempo. La Municipalidad planteó que el plan buscará mitigar amenazas inmediatas y fortalecer criterios de manejo en el Paso Pehuenche y alrededores.
Otro punto destacado es que estos procesos suelen requerir un delicado equilibrio entre conservación y desarrollo. El Paso Pehuenche es una zona estratégica por la integración con Chile, el turismo de alta montaña y la movilidad estacional. Precisamente por eso, el desafío es que el plan no quede en una declaración de buenas intenciones, sino que se traduzca en protocolos y decisiones: ordenamiento del uso público, cuidado de cursos de agua, control de especies invasoras donde corresponda y prevención de impactos por obras o tránsito sobre sitios críticos.

Con el taller como punto de partida, la agenda inmediata —si se sostiene el impulso— debería enfocarse en transparentar avances: qué acciones se priorizan, cuáles son los indicadores de éxito (por ejemplo, presencia de larvas, sitios reproductivos estables, calidad del agua), cómo se articularán responsabilidades y qué mecanismos de financiamiento o apoyo técnico se consideran. El valor del “primer taller” está en abrir ese camino, pero el impacto real dependerá del seguimiento, el control y la continuidad.
Para Malargüe, el tema también tiene un costado identitario: la ranita del Pehuenche se ha transformado en un símbolo local de biodiversidad de alta montaña y, a la vez, en un recordatorio concreto de que la integración binacional y la conservación deben pensarse juntas. La protección de un anfibio pequeño puede parecer una causa menor, pero en ecosistemas frágiles suele ser la diferencia entre conservar un sistema vivo o perderlo de manera silenciosa.
Fuente: Municipalidad de Malargüe

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