

El Concejo Deliberante de Malargüe designó a Pablo Cabrera como presidente para el período 2026 en una sesión preparatoria marcada por tensiones políticas y votos negativos. Ediles que no acompañaron cuestionaron supuestos “arreglos” políticos, falta de transparencia y antecedentes de acusaciones públicas.

En medio de fuertes tensiones políticas se eligieron nuevas autoridades en el Concejo Deliberante de Malargüe. La sesión preparatoria del período 2026 terminó con votos divididos, objeciones públicas y la ausencia de la concejal Viviana Mosca.
La presidencia quedó a cargo del concejal Pablo Cabrera, electo con seis votos afirmativos y el rechazo de Silvina Camiolo y Martín Palma. La vicepresidencia primera fue para Pablo Villarruel y la segunda para Emilse Mansilla, luego de que Elizabeth González renunciara a su postulación para ese cargo.
Cabrera atribuyó su llegada a la conducción a un acuerdo político construido en el recinto. “Gracias a Rodrigo y al trabajo en conjunto de nuestro bloque y de los demás bloques, pudimos concretar la presidencia del consejo”, expresó. También planteó como ejes de gestión el nuevo reglamento interno, un manual de funciones y el debate sobre autonomía municipal.

El nuevo presidente también respondió a cuestionamientos por hechos del año pasado y sostuvo que existen registros audiovisuales que no se difundieron para “no exponer al personal”. “Los videos están, los videos existen”, afirmó al ser consultado por reclamos vinculados a una denuncia previa.
En la vereda opuesta, la concejal Silvina Camiolo explicó su rechazo con un señalamiento directo a acuerdos políticos previos y a la relación con la Provincia. “Son arreglos entre el municipio de Malargüe y la provincia… espero fueran arreglos para obra pública… pero lamentablemente estamos todavía en espera con eso”, dijo. Y agregó: “No puedo traicionar a mis propios principios acompañando una persona que usa la banca y la inmunidad que da la banca para mentir, para acusar y para generar mantos de sospechas”.
Elizabeth González, por su parte, explicó que decidió retirarse al advertir cómo se encaminaba la votación y eligió correrse de la disputa por cargos para continuar con su trabajo legislativo. “Decidí retirarme… y seguir trabajando como concejal… no estar enredada en cosas que no me gustan”, señaló. También criticó la dinámica de trabajo en algunos tramos del período: “Hay mucha gente que no se hizo presente, casi nunca… a veces en la vida son favorecidos los que menos trabajan”.

El concejal Martín Palma justificó su negativa cuestionando el rol de control institucional sobre el Ejecutivo municipal y vinculándolo a prácticas que, según su visión, no fueron transparentes. “Hemos tenido algunos casos… falaces, mentirosos, hay violaciones al reglamento interno… información que nunca hemos podido acceder”, afirmó. Y sostuvo que no acompañar era una forma de no “ser cómplice de la desprolijidad administrativa”.

Palma también criticó que la elección se realizara antes del recambio de bancas, al señalar que cinco concejales que ingresarán no podrían modificar autoridades ya designadas, lo que definió como una “jugada política”. En ese marco, el edil sostuvo que observa un acompañamiento provincial a la actual gestión municipal.
Para Malargüe, el trasfondo no es menor: la mesa de conducción del Concejo ordena el debate institucional, define prioridades administrativas y se vuelve central en discusiones sensibles como la tarifaria, el control de expedientes y el seguimiento de reclamos que llegan desde la ciudad y la zona rural. En ese escenario, la nueva conducción asumirá con el desafío de encauzar un clima político tensionado y con pedidos explícitos de explicación, acceso a información y reglas claras de funcionamiento.









