

El Honorable Concejo Deliberante aprobó la ordenanza que declara a Malargüe como Ciudad Comprometida con la Paz. La iniciativa, impulsada por el concejal Pablo Villarroel junto a jóvenes de Mil Milenios de Paz, destaca el valor del compromiso personal y colectivo.

En una sesión que trascendió lo institucional para convertirse en un espacio de reflexión colectiva, el Honorable Concejo Deliberante de Malargüe aprobó sobre tablas el expediente 1003/2026, declarando al departamento como “Ciudad Comprometida con la Paz”. La iniciativa, impulsada por el concejal Pablo Villarroel, tuvo como protagonistas a jóvenes del grupo «Mil Milenios de Paz», quienes llevaron al recinto un mensaje profundo sobre el valor de la convivencia y la responsabilidad social.
Lejos de limitarse a un acto formal, la jornada estuvo atravesada por testimonios que invitaron a pensar la paz no como un concepto abstracto, sino como una práctica cotidiana. Los jóvenes no solo acompañaron el proyecto, sino que le dieron sentido, aportando una mirada que interpela tanto a las instituciones como a la comunidad en su conjunto.
En ese marco, también se destacó el reconocimiento como Abanderados de la Paz otorgado a Agostina Belén Medialdea Luciani, Walter Miqueas Barro, Clara Maitena Muñoz, Camila Herrera y Ángeles Méndez, quienes representan con su compromiso una generación que busca construir desde el respeto, el diálogo y la empatía.

Ángeles Méndez fue una de las voces más representativas, fue quien se expresó frente a los ediles afirmando que “la paz empieza por uno mismo”. Su reflexión puso en el centro una idea clave: no es posible exigir cambios sociales sin una transformación personal previa. Desde esa perspectiva, invitó a revisar cómo se construyen los vínculos, cómo se enfrentan los conflictos y qué decisiones se toman en la vida diaria.
La joven también planteó que este tipo de iniciativas no pueden quedar en lo simbólico, sino que deben sostenerse en el tiempo. “No vamos a exigir una sociedad mejor si no somos conscientes del cambio”, afirmó, destacando que la paz debe reflejarse en los valores que se enseñan, en las instituciones y en las acciones cotidianas.
En otro de los testimonios, Maitena reforzó esta mirada al señalar que la ordenanza representa mucho más que una normativa: es una herramienta social. “No solo es poner una ordenanza, es una herramienta para todos los malargüinos”, expresaron, poniendo en evidencia que el verdadero desafío está en cómo se aplica en la vida diaria. Los testimonios brindados corresponden a jóvenes integrantes de la Fundación Ser y Hacer, organización local que promueve la participación ciudadana, el compromiso social y la generación de espacios de reflexión y acción comunitaria.
En ese sentido, se destacó que la no violencia no implica únicamente el trato amable, sino también la capacidad de establecer límites y reconocer lo que está bien y lo que no. Esta definición amplía el concepto de paz y lo vincula con la responsabilidad individual y colectiva.
Por su parte, el concejal Pablo Villarroel valoró el aporte de los jóvenes y cuestionó los prejuicios que muchas veces recaen sobre ellos. “Mucha gente dice que la juventud está perdida, qué equivocados que están”, expresó, subrayando la calidad del pensamiento y el compromiso que pudo conocer en los intercambios previos.
El edil explicó además que el proyecto había sido presentado el año anterior y que su tratamiento representa una prioridad dentro de su agenda legislativa. Asimismo, destacó que la ordenanza actualiza el marco normativo local, alineándolo con la legislación nacional vigente.

La normativa establece la declaración de Malargüe como «Ciudad Comprometida con la Paz», promueve actividades educativas y culturales, impulsa la articulación con organizaciones y dispone acciones simbólicas como el izamiento de la bandera de la paz en espacios públicos.
Más allá de lo normativo, la ordenanza abre una oportunidad para que la comunidad se apropie del concepto de paz desde una perspectiva activa. En este sentido, el protagonismo juvenil no solo fortalece la iniciativa, sino que marca un camino: el de una ciudadanía que se construye desde el compromiso, la conciencia y la participación.
En un contexto donde muchas veces se cuestiona a las nuevas generaciones, lo ocurrido en el recinto deja una señal clara: los jóvenes no solo tienen voz, sino también propuestas, valores y una mirada capaz de aportar al desarrollo de una sociedad más justa y equilibrada.
Fuente: Honorable Concejo Deliberante de Malargüe / Diario Digital Ser y Hacer de Malargüe









