

El Hogar Luis Grassi cumple hoy 36 años en Malargüe con un festejo interno y el reconocimiento a quienes acompañan a sus residentes. La institución, dependiente de la Provincia de Mendoza, continúa siendo un espacio clave de contención y cuidado para adultos mayores.

El Hogar Luis Grassi, celebra hoy su 36° aniversario, consolidándose como un espacio fundamental de contención, cuidado y acompañamiento para adultos mayores de la comunidad. La fecha encuentra a la institución en pleno funcionamiento, con su capacidad completa y un equipo comprometido que sostiene día a día una tarea profundamente humana.
A lo largo de los años, distintas gestiones marcaron el crecimiento del hogar, entre ellas la de Nancy Olivera, recordada por su dedicación y compromiso. Hoy, esa continuidad encuentra en Jesica Tartaglino una joven malargüina que lleva una década al frente de la residencia, su juventud convive con la responsabilidad de sostener un espacio cargado de historia.
El hogar funciona bajo la órbita de la Dirección de Adultos Mayores de la Provincia de Mendoza, la cual esta a cargo de Lucas Luppo, lo que garantiza su funcionamiento institucional y el acompañamiento de un equipo interdisciplinario. Entre ellos se encuentran profesionales de la salud, trabajo social y nutrición que fortalecen la atención integral de los residentes.

Actualmente, la residencia cuenta con diez adultos mayores, cuatro mujeres y seis varones, quienes reciben atención diaria centrada en la higiene, el confort y el acompañamiento terapéutico. Además, se desarrollan actividades educativas y recreativas con profesionales y talleristas que promueven la participación y el bienestar.
El aniversario se celebraró en la siesta de hoy con un festejo interno pensado especialmente para los residentes, con la participación de artistas locales. La propuesta busco generar un momento de encuentro, alegría y reconocimiento para quienes viven y trabajan en el hogar.
Más allá de la actualidad, el Hogar Luis Grassi tiene una profunda historia comunitaria. Fue inaugurado en mayo de 1989 como respuesta a una necesidad social: brindar un espacio a quienes no contaban con vivienda ni contención familiar. Su creación fue posible gracias al aporte conjunto de instituciones y al acompañamiento de toda la comunidad de Malargüe.

Entre los residentes, las historias personales también forman parte del legado del hogar. Uno de los casos más conocidos es el de Orlando Tabuada, vecino reconocido en Malargüe, quien tras atravesar una situación compleja logró rehabilitarse y retomar actividades deportivas, reflejando el impacto positivo del acompañamiento recibido.
Orlando, emocionado, contó a Ser y Hacer que vive en el hogar desde hace seis años y compartió su experiencia y el valor del espacio en su vida cotidiana: “Es muy lindo, porque acá todos nos queremos, somos todos iguales, y también queremos a las chicas que nos cuidan porque son muy buenas personas. Yo ya lo tengo como mi hogar, y lo bueno es que para mí es como una familia”.
Vanesa, enfermera del hogar, destacó el compromiso cotidiano del equipo y el clima humano que se vive en la institución: “El hogar hay mucho cariño y amor de cada uno de los que trabajamos acá y, sobre todo, compañerismo y acompañamiento, porque nos van pasando cosas todos los días y las vamos compartiendo. Se termina formando una gran familia entre la encargada, los serenos, las auxiliares y los residentes. La verdad que es muy bonito poder ser parte de esta institución”.

En ese sentido, desde Ser y Hacer se le consultó sobre las posibilidades de colaboración por parte de la comunidad, y Jesica destacó con calidez que, si bien el hogar cuenta con la asistencia de la Provincia, cada gesto solidario suma y es profundamente valorado. Además, invitó a los vecinos a acercarse no solo con ayuda material, sino también con tiempo y escucha, resaltando que la compañía y la presencia son tan importantes como cualquier aporte para el bienestar de los residentes.
Un lugar donde la historia de cada residente encuentra contención, respeto y compañía, sostenido por una comunidad que, desde sus inicios, supo contribuir de manera colectiva. Allí estuvimos hoy desde el Diario Ser y Hacer, compartiendo una jornada cercana, donde los abuelos recibían la visita de sus familias y donde se percibe un profundo sentido de pertenencia. En ese espacio convive un grupo humano comprometido, desde el personal de cocina hasta el equipo terapéutico, con un reconocimiento especial a los docentes que, semana a semana, acompañan con dedicación. Entre gestos simples, miradas y palabras, también se expresa el cariño de los propios residentes, que hacen de este hogar un lugar lleno de humanidad.

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