

El feriado patrio dejó cifras nacionales fuertes y un desempeño aceptable en Mendoza, según el informe de CAME. Sin embargo, en Malargüe el relevamiento sectorial marcó una ocupación muy baja en alojamientos, y referentes locales apuntan a una combinación de costos en dólares, menor poder adquisitivo y promoción insuficiente.

El fin de semana largo por el feriado del 25 de Mayo volvió a confirmar una postal conocida del turismo argentino: cuando el mapa se mira desde arriba, los números parecen auspiciosos; cuando se baja a ciertos destinos, la realidad cambia de tono. A nivel país, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) estimó que más de 1,4 millones de personas viajaron y generaron un impacto económico directo cercano a los $340 mil millones, empujado por escapadas cortas, turismo regional y agenda cultural en muchas ciudades.
En ese mismo reporte se ubicaron entre los destinos más visitados a polos consolidados como Bariloche, Puerto Iguazú, Córdoba, Salta y distintos puntos de la Costa Atlántica. El patrón fue claro: viajes breves, decisiones de último momento y gasto más medido, con turistas que priorizaron propuestas “cerradas” (paquetes, promociones y eventos) o destinos con infraestructura aceitada para absorber picos de demanda.

En Mendoza, el informe de CAME describió un fin de semana con “buen nivel de movimiento turístico”, con una ocupación promedio provincial proyectada del 58%, el ingreso estimado de casi 56 mil turistas y un impacto económico cercano a los $11.370 millones.
La cifra, a simple vista, se ubica en una franja competitiva para un feriado de otoño, cuando el calendario todavía no entra de lleno en la temporada alta invernal.
Pero el promedio provincial también funciona como una cortina estadística: tapa diferencias marcadas entre destinos que logran sostener demanda y otros que quedan en rojo. Malargüe aparece, otra vez, en el grupo que enciende señales de alerta. Según un relevamiento de La Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines de Mendoza, AEHGA, sobre 42 establecimientos censados en Malargüe y Los Molles, la ocupación rondó el 20% en sábado y domingo, con 16 alojamientos directamente en 0% de ocupación durante esas jornadas.
El dato, además de duro, es sintomático por dos motivos. Primero, porque el feriado patrio suele ofrecer una oportunidad de “microtemporada” para destinos de montaña: nieve temprana o, al menos, atractivo paisajístico, gastronomía y escapadas de descanso. Segundo, porque Malargüe se apoya en un entramado de servicios (alojamiento, gastronomía, guías, excursiones, comercio) que necesita volumen para sostener costos fijos, especialmente fuera de la alta.

Johnny Albino, referente de AEHGA y presidente de la Específica de Turismo de la Cámara de Comercio de Malargüe, resumió el clima con una definición que empieza a repetirse entre operadores: “crisis regional” con caída del turismo interno y menor arribo de extranjeros. En diálogo con el medio local Ser y Hacer, Albino vinculó la baja con el encarecimiento relativo de los destinos medidos en dólares, la pérdida de poder adquisitivo y recortes en presupuestos de promoción, en un contexto donde también se observa un saldo turístico negativo por mayor salida de argentinos al exterior.
La lectura coincide con un diagnóstico más amplio que viene circulando en la cobertura regional: los fines de semana largos ya no garantizan el “llenazo” automático, y el comportamiento del visitante se volvió más selectivo. En Malargüe, esa selectividad pega doble: por distancia respecto a los grandes centros emisores, por la competencia con otros destinos de montaña y, sobre todo, por la dificultad de sostener campañas consistentes que vuelvan a instalar al departamento como “plan principal” y no como lugar de paso.

En paralelo, el desafío inmediato es estratégico: si un feriado con agenda patria y movimiento nacional deja ocupaciones tan bajas en parte del destino, el termómetro obliga a mirar la antesala del invierno con lupa. No solo por Las Leñas como ancla de temporada, sino por el resto de la oferta que debería traccionar pernocte: termas, productos de naturaleza, Payunia, circuitos rurales, gastronomía y experiencias de corto recorrido pensadas para el viajero que busca gastar menos pero vivir más.
El contraste con el promedio provincial no debería leerse como una competencia interna, sino como una oportunidad de gestión y coordinación. La pregunta que deja el feriado no es si Mendoza “anduvo bien” o “anduvo mal”, sino por qué algunos destinos capitalizan el movimiento y otros quedan al margen, y qué acciones concretas pueden acortar esa brecha antes de las vacaciones de invierno.
Fuente: CAME – Ser y Hacer


.








