

Un estudio académico con datos 2019 del sistema público mapeó la “doble carga” de malnutrición infantil en Argentina (baja talla y sobrepeso). En Malargüe, la directora del Hospital y referente departamental de Salud, Lic. Yolanda Carbajal, aportó declaraciones y antecedentes de investigación local que advierten un aumento sostenido del sobrepeso infantil y plantean conductas de riesgo y medidas de prevención.

Un estudio académico publicado en 2026 presentó un mapa departamental de la “doble carga” de malnutrición infantil en Argentina, un concepto que combina baja talla (retraso del crecimiento) y sobrepeso en la primera infancia. En el sur mendocino, la difusión del trabajo abrió revisiones y consultas, y en Malargüe sumó un aporte local clave: declaraciones exclusivas de la actual directora del Hospital Malargüe y referente del área departamental de Salud, la licenciada en Nutrición Yolanda Carbajal.
La investigación fue publicada en una revista científica internacional y, según su resumen, analizó datos antropométricos de 2019 (peso y talla) de 970.516 niños menores de cinco años con cobertura pública de salud, distribuidos en 513 departamentos del país, aplicando estándares internacionales. El trabajo propone analizar en conjunto baja talla y sobrepeso para identificar desigualdades territoriales y áreas donde ambos problemas se superponen.

Entre sus resultados de síntesis, el paper informa estimaciones promedio departamentales de 11,4% para baja talla y 14,2% para sobrepeso, y destaca que existen patrones geográficos compartidos que explican una parte relevante de la variación, un punto que refuerza la necesidad de intervenciones integradas y focalizadas.
En Malargüe, Carbajal señaló que la tendencia al exceso de peso en la infancia se observa desde hace años y que ya había sido detectada en investigaciones locales. “El sobrepeso y obesidad en la población infantil lo venimos viendo… hicimos un estudio de investigación antes de la pandemia con la Universidad Juan Agustín Maza”, explicó, al recordar trabajos previos realizados junto a nutricionistas del Hospital y, en su momento, desde el área municipal.
Según precisó, aquel relevamiento encontró valores elevados en edades tempranas: “Pudimos detectar que en niños de 45 días a 3 años que estaban contenidos en jardines maternales, ya había el 45% de niños con sobrepeso y obesidad en aquella época”. Para la profesional, si los hábitos no se modificaron, el problema pudo profundizarse con el tiempo.

La directora describió conductas de riesgo que afectan de manera distinta según el contexto familiar. Por un lado, la repetición de comidas entre institución y hogar, que puede llevar a que “en vez de cuatro comidas, quizás hacían siete”. Por otro, dietas basadas en “harinas y azúcares simples”
Carbajal también vinculó el impacto de la pandemia con cambios de estilo de vida: menos actividad física, peor alimentación, menos exposición al sol y más sedentarismo. “Todos esos factores también han ido sumando a que tengamos una población con sobrepeso y obesidad”, sostuvo.
En el seguimiento actual, remarcó que el perfil del riesgo nutricional cambió: “La mayoría de los niños que tenemos en situación de riesgo nutricional están con sobrepeso y obesidad… y los de bajo peso son los menos”. Este dato, señaló, condiciona prioridades de control, consejería y acompañamiento en territorio.

En prevención, propuso medidas prácticas: volver a cocinar en casa cuando sea posible, planificar compras con alimentos de estación, reemplazar bebidas azucaradas por agua y promover movimiento cotidiano. También subrayó un eje decisivo: el hábito familiar. “Lo importante es la contención familiar… el hábito familiar de toda la familia en conjunto”, afirmó, destacando que en la primera infancia los niños dependen de los patrones del hogar.

Fuente: Spatial and Spatio-temporal Epidemiology (estudio académico, 2026)


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