

Alberto Amaya, vecino de Malargüe, dejó ropa y calzado en buen estado frente a su casa para que quien lo necesitara pudiera llevárselo. Según relató, una persona llegó en taxi, cargó la mayoría de las bolsas, tiró una caja al contenedor y también se llevó la mesa donde estaban las donaciones.

Alberto Amaya, vecino de Malargüe, vivió una situación inesperada luego de dejar ropa y calzado en buen estado frente a su casa para que cualquier persona que lo necesitara pudiera llevárselo. Según relató, una persona llegó en taxi, cargó la mayoría de las bolsas disponibles, arrojó una caja con ropa al contenedor y también se llevó la mesa sobre la que estaban las donaciones.
La situación ocurrió mientras Amaya y su esposa realizaban modificaciones en su vivienda. Por ese motivo, habían contratado un contenedor para retirar distintos elementos de la casa y, al ordenar sus pertenencias, separaron bolsas con ropa y calzado que todavía podían ser útiles para otros vecinos.

En un primer momento, pensaron dejar las bolsas cerca del contenedor, pero luego decidieron colocarlas sobre una mesa.
“Decidimos ponerlas en una mesa para que los perros no las fueran a ensuciar ni a desparramar. Queríamos que la gente viniera, viera lo que le servía y se lo llevara”, contó Amaya. Según indicó, varias prendas estaban en muy buen estado e incluso algunas eran nuevas.
El gesto tuvo primero la respuesta esperada. Una mujer llegó con su nieta, revisó la ropa, eligió lo que necesitaba y se retiró con algunas prendas. Luego quedaron, de acuerdo con el vecino, unas cinco bolsas de ropa y una caja con más prendas.

La situación cambió cuando, mientras Amaya reparaba el portón de su casa, se detuvo un taxi en el lugar. Según su declaración, las personas que llegaron cargaron las bolsas que quedaban, tiraron una caja con ropa dentro del contenedor y también subieron la mesa al vehículo. El vecino aseguró que el episodio quedó registrado en una filmación.
Amaya remarcó que el malestar no estuvo centrado en el valor económico de la mesa, sino en la actitud frente a un gesto que había sido pensado para ayudar. “Fuera del valor que tenga o no tenga la mesa, lo que nos molestó fue la actitud”, expresó.
El vecino también contó que, durante la noche, se comunicó el chofer del taxi, luego de que alguien reconociera la matrícula del vehículo. Según indicó Amaya, el hombre manifestó que iba a devolver la mesa, aunque al momento de su testimonio todavía no lo había hecho.

Más allá de la anécdota, el caso permite poner en valor las acciones solidarias cotidianas. En muchas familias de Malargüe, la ropa que ya no se usa puede ser de utilidad para otros vecinos, especialmente cuando se entrega en buen estado, limpia y disponible de manera ordenada.
Este hecho deja una enseñanza sobre el respeto por los bienes ajenos y por el sentido de una donación. La ropa estaba destinada a quien la necesitara, pero la mesa cumplía una función concreta: sostener las prendas y facilitar que otros pudieran elegir. La avaricia de llevarse todo, incluso la mesa, dejó al descubierto la otra cara de la moneda.
Fuente: testimonio directo de Alberto Amaya aportado a Ser y Hacer


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