

Con apenas 23 años, Camila Mayorga Quesada combina sus estudios de Turismo con el trabajo diario en el parador del Volcán Malacara. Inspirada por sus abuelos y por uno de los paisajes más emblemáticos de Malargüe, creó una empanada que hoy es uno de los platos más elegidos por quienes visitan en el complejo turístico al Restaurante «Las Alforjas».

Hay recetas que nacen de la tradición y otras que surgen de una historia personal. La Empanada Malacara pertenece a este último grupo. Su creadora es Camila Mayorga Quesada, estudiante de tercer año de la Tecnicatura en Turismo y trabajadora del parador del Volcán Malacara, quien encontró en el paisaje, en la memoria de su familia y en la identidad de ese lugar la inspiración para elaborar un plato que hoy se convirtió en uno de los más elegidos por los visitantes.
Camila cuenta que la idea surgió mientras imaginaba cómo representar gastronómicamente al volcán. Comenzó a pensar la forma de la masa, el relleno y cada uno de los detalles hasta lograr una empanada que evocara el paisaje que tanto conoce desde niña.
La receta está elaborada con carne vacuna cortada a cuchillo, cebolla, morrón, queso y una selección de condimentos, entre ellos merkén, que aporta un sabor ahumado característico. Su sello distintivo es el pequeño cráter abierto en la parte superior, donde se coloca queso y una salsa roja que simula la lava del volcán. Quienes lo desean también pueden acompañarla con una salsa picante.

Detrás de esa creación existe una historia familiar. Camila explica que su mayor inspiración fueron sus abuelos, Alberto Mayorga y Violeta Ramírez, pioneros del paraje La Batra, quienes llegaron al lugar en 1959 para comenzar una vida de trabajo que luego continuaría toda la familia.
Mientras preparaba la receta, recuerda que comenzaron a aparecer imágenes de la primera vez que recorrió las cárcavas del Volcán Malacara, los colores de sus paredes, la inmensidad del paisaje y la historia geológica que caracteriza a uno de los principales atractivos turísticos de Malargüe.
Actualmente combina sus estudios de Turismo con el trabajo diario en el parador junto a su madre, Estela Quesada, y el resto de su familia. Para ella, cada plato representa también el esfuerzo de varias generaciones que hicieron crecer el emprendimiento.

La joven asegura que siente un profundo orgullo por representar a su familia y por aportar nuevas ideas que fortalezcan la experiencia de quienes llegan a conocer el volcán. Su intención es continuar desarrollando proyectos vinculados al turismo y a la gastronomía local.
La historia de la «Empanada Malacara» en el restaurante Las Alforjas, demuestra cómo una receta puede transformarse en una experiencia turística. Más allá de sus ingredientes, cada preparación busca transmitir el paisaje, la identidad y la memoria de un lugar único de Malargüe.

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