


por Eduardo Julio Castón.
Se desempeña en el área de scouting y captación oficial del conjunto azul y oro. Es mendocino, vive en Luján de Cuyo desde hace unos 6 años, después de estar jugando casi 30 en España.
«Donde haya un chico que se ponga un pantalón corto, hay que observarlo, acompañarlo, no solo desde lo futbolístico, sino también en el estudio o cómo se comporta en su casa, es todo un complemento», le contó a Ser y Hacer de Malargüe. «Lo que les propuse al coordinador general Diego Medina, a Chiche Soñora y a Blas Giunta, lo aceptaron y empecé por Mendoza. Hoy en Malargüe, donde he recibido una excelente atención y espero poder regresar para continuar observando y llevando a los clubes esa pequeña ilusión a los juveniles de poder llegar a Boca, uno de los dos mejores clubes del mundo», manifestó Carlos.

Su enseñanza se centra en que todos tienen el derecho a ser observados y prefiero ir club por club y lograr un seguimiento más específico, pero «siempre le pido a los jóvenes que tengan sentido de pertenencia hacia su institución». «Después hay que seguir acompañándolos con más preparación, con más roce y motivación como personas, pero si juega bien al fútbol, mucho mejor».
Como última expresión, Moya se puso en el lugar de un niño de 12 o 13 años cuando él empezó con el fútbol: «Fue en canchas de tierra y terminé a los 37 también en canchas de tierra, en Granada, un equipo de cuarta categoría y dije, Qué bajo caí, pero todo es un desafío y por algo estaba ahí. Todo cuesta en la vida, muchas veces las excusas son para los mediocres y la única forma de salir adelante es enfrentar, tomarlos desde lo positivo y para eso hay que estar preparados»


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