

Después de más de 18 años al volante de un colectivo, Óscar Lineros comenzó su etapa de jubilación. En su último recorrido hacia un paraje rural recibió el saludo y el reconocimiento de compañeros y pasajeros que quisieron acompañarlo en el cierre de esta etapa.

Por Pamela Rodriguez.
“Bueno, llegó el momento de la última vuelta”. Con esa frase, Óscar Lineros resumió el cierre de una etapa que durante 18 años lo tuvo al volante de colectivos en Malargüe. Ayer miércoles 30 de septiembre comenzó su jubilación después de haber trabajado 15 años en CATA y otros tres en Transporte Malargüe, siempre como chofer.
Durante ese tiempo, Lineros conoció buena parte del departamento a través de los recorridos. Entre los viajes que recuerda aparecen los caminos rurales y sectores como La Junta, El Alambrado, Agua Escondida, Las Leñas, Los Molles y Mina Vale, contó al recordar los años en los que el trabajo le permitió conocer distintos lugares y, sobre todo, a muchas de las personas que utilizaban el servicio.
Para Lineros, una de las particularidades de la tarea fue el vínculo que se construye con los pasajeros cuando los recorridos se repiten durante años. Con el tiempo, explicó, «el chofer termina sabiendo dónde baja cada persona e incluso hasta qué lugar viaja, sin necesidad de que se lo indiquen». Entre sus recuerdos también destacó especialmente a los vecinos de las zona rural. Según contó, fueron pasajeros que no solo utilizaron el servicio, sino que también estuvieron dispuestos a ayudar cuando surgían inconvenientes en los caminos. “Hay mucha gente del campo que estoy agradecido por todo lo que han colaborado conmigo”, señaló. Y recordó que, cuando un colectivo sufría una avería, muchas veces esas personas se acercaban para ayudar a resolver el problema.







La despedida tuvo, además, un momento que Lineros no esperaba. Familiares y compañeros lo aguardaron sobre la Ruta 40 Norte, casi llegando al Parque del Ayer, cuando regresaba de su última vuelta en el recorrido al paraje La Junta. Lo esperaron con un cartel y bocinas para acompañar su despedida. “La verdad que me sorprendieron porque ni me lo imaginaba”, contó. Había pensado que podían prepararle algo en el lugar de trabajo, pero no esperaba encontrarse con la despedida al llegar a ese sector, la cual despues recorrio la avenida principal y quienes pasadas las 19hs estaban por el centro lo acompañaban con un bocinazo.
En su recorrido laboral también recordó a sus compañeros y tuvo palabras de agradecimiento para quienes lo acompañaron durante estos años. Además, destacó el trato humano que recibió de la empresa a la que perteneció durante sus últimos años de trabajo. Lineros reconoció que, «después de tantos años frente al volante, el cuerpo comienza a sentir el cansancio y que ya no es lo mismo que antes».
Se va con los recuerdos de una extensa etapa laboral, pero también con el reconocimiento de quienes compartieron sus recorridos. Para él, la última vuelta marca el cierre de una profesión que le permitió conocer caminos, lugares y, principalmente, a muchas personas de Malargüe.


.








