

“Los sueños están para cumplirse si están dispuestos a buscarlos, a luchar por ellos, a hacer sacrificios y a no darse por vencidos”.

Hay historias que detrás de un premio guardan mucho más de lo que se ve sobre un escenario. La de Nahuel Lineros es una de ellas. Un joven bailarín malargüino que, junto a su compañera Lourdes Mañas, acaba de alcanzar uno de esos objetivos que durante años parecen lejanos, pero que nunca dejan de alimentar la ilusión: ganar el Preselectivo de Cosquín y conseguir un lugar para representar a la sede de General Acha, La Pampa, en el rubro Pareja de Baile Estilizada.
La noticia tiene un significado especial para Malargüe, porque Nahuel dio allí sus primeros pasos en la danza. Y aunque hoy vive en San Rafael, donde cursa el tercer año del Profesorado de Danza y forma parte del Ballet Municipal, mantiene un vínculo profundo con el lugar donde comenzó a construir su vocación.
Al conversar con él, el orgullo por lo conseguido aparece acompañado de una gratitud constante. Habla de su compañera, de las personas que los ayudaron, de los profesores que marcaron su formación y de los obstáculos que debieron superar. El premio, por supuesto, lo emociona, pero también todo lo que hubo que atravesar para llegar a él.
“Fue algo muy grato, muy satisfactorio poder lograr este sueño, este objetivo que lo vengo buscando hace un montón junto con mi compañera. Después de tantos ensayos, de tantas caídas y lesiones, poder lograrlo nos pone muy contentos”.
Una amistad que encontró su lugar en la danza
La historia de Nahuel y Lourdes no comenzó con este proyecto. Se conocen desde hace aproximadamente diez años y fue justamente la danza la que los reunió.
Nahuel recuerda que, alrededor de 2016, cuando participó de su primera Vendimia en San Rafael, conoció a Lourdes y a otras personas que lo recibieron con afecto y le abrieron las puertas de sus hogares. Aquellos encuentros dieron lugar a una amistad que se mantuvo con el paso del tiempo.
Recién el año pasado comenzaron a imaginar la posibilidad de trabajar juntos como pareja de baile, aunque distintas circunstancias hicieron que pudieran concretarlo este año.
“Venimos trabajando hace muy poquito este proyecto, cinco meses para ser exactos, donde hemos pasado por mucho”, cuenta.
Y cuando dice mucho, no se refiere solamente a la exigencia propia de preparar una competencia.
Hubo ensayos largos, lesiones que los obligaron a detenerse, semanas sin practicar porque no contaban con un espacio, frustraciones y algunos enojos. Situaciones que pusieron a prueba la paciencia y el compromiso de ambos, pero que también terminaron fortaleciendo el trabajo compartido.
En tan poco tiempo consiguieron consolidar tres propuestas coreográficas y presentarse a competir en una instancia que para Nahuel tenía un valor particular, porque era un objetivo que venía persiguiendo desde hacía años.
Un cambio de planes que terminó abriendo una puerta
Curiosamente, General Acha no era el destino previsto.
Nahuel y Lourdes tenían pensado participar en la sede de San Juan, pero inconvenientes relacionados con la inscripción les impidieron competir allí. Como ambas instancias se realizaban el mismo fin de semana, decidieron viajar a La Pampa.
Llegaron con el trabajo realizado durante los meses anteriores y con la expectativa de poder demostrarlo sobre el escenario.
En la primera instancia presentaron una zamba, cuya coreografía estuvo a cargo de Teresa Díaz, de San Rafael, y luego un vals preparado por Efraín Rada, también de esa ciudad.
Después llegó uno de los momentos más desconcertantes de la experiencia.
Cuando anunciaron las parejas que habían pasado a la final, mencionaron incorrectamente su apellido. Nahuel y Lourdes no se reconocieron entre los seleccionados y creyeron que habían quedado eliminados.
“Nos quedamos con caras tristes porque todo el esfuerzo, todo lo que habíamos buscado, no se había logrado, en teoría”.
Mientras Lourdes continuaba observando la competencia, Nahuel miraba su teléfono. Poco después, la organización compartió en un grupo la nómina de finalistas y allí aparecieron sus nombres.
La tristeza se transformó de golpe en alegría.
“Nos cambió el semblante, nos pusimos muy contentos y empezamos a preparar todo para el otro día”, recuerda.
Todavía tenían una oportunidad y debían aprovecharla.
Para la instancia decisiva eligieron un tango con coreografía de Damián Romera, de Mendoza. Esa presentación terminó dándoles el triunfo y la posibilidad de representar a General Acha en el Pre Cosquín.
“Ese tango nos dio la llave, por decirlo así”, resume Nahuel.
Detrás de esa frase sencilla estaba la satisfacción de haber alcanzado una meta largamente esperada.
Lo que no se ve cuando se levanta el telón
A lo largo de la charla, Nahuel menciona muchas veces a quienes hicieron posible este logro. Y entre sus recuerdos aparece un detalle que permite dimensionar cuánto esfuerzo hubo fuera de los ensayos: las ventas de tortas fritas que organizaron para reunir dinero y afrontar los gastos.
Porque detrás de una presentación artística también hay viajes, vestuario, preparación y necesidades materiales que muchas veces se resuelven con colaboración y voluntad.
Nahuel no olvida a quienes compraron, compartieron una publicación, enviaron un mensaje de aliento o colaboraron de alguna manera para que pudieran continuar.
“Agradecerles a todas las personas que aportaron con su granito de arena, con un mensaje, con un gesto, con un cariño, apoyándonos cuando hacíamos ventas de tortas fritas para poder juntar y cubrir los gastos”.
En ese reconocimiento incluye a su familia, que lo acompaña a pesar de la distancia; a su pareja, a la familia y la pareja de Lourdes, a sus amigos y a los coreógrafos que trabajaron con ellos.
“Sin duda, si no hubiera toda esta gente atrás, esto sería totalmente distinto”, expresa.
Es una manera de reconocer que, aunque sobre el escenario bailen solamente dos personas, el camino hasta allí suele estar acompañado por muchas más.

En Malargüe Loli y Facu, el comienzo de todo
Nahuel llegó a San Rafael con el propósito de estudiar el Profesorado de Danza. Sin embargo, durante los primeros años debió interrumpir ese proyecto por circunstancias personales, familiares y por la pandemia, que lo llevaron de regreso a Malargüe.
En 2024 retomó sus estudios, volvió a instalarse en San Rafael y desde entonces continuó su formación. Actualmente cursa tercer año y está a un año de recibirse como profesor de Danza.
Además, junto a Lourdes, integra el Ballet Municipal de San Rafael, donde ambos continúan desarrollando su actividad artística.
Pero cuando Nahuel habla de su formación, hay dos personas a las que reserva un agradecimiento muy especial: Facundo Lineros y Lorena Bustos, sus profesores desde que era pequeño.
“Gracias a ellos hoy soy lo que soy en la danza, porque me guiaron y me encaminaron en este camino. Han sido mis profes desde muy chico y este premio también es para ellos”.
En esas palabras aparece el cariño por quienes lo acompañaron en una etapa fundamental de su vida, cuando la danza todavía era un camino que recién comenzaba a descubrir.
Nahuel reconoce en sus maestros mucho más que las primeras enseñanzas. Les atribuye una parte importante de su identidad como bailarín y siente que este reconocimiento también les pertenece.
Quizás por eso, aun cuando su presente transcurre en San Rafael y el próximo desafío lo llevará hacia uno de los escenarios más importantes del folclore argentino, Malargüe sigue ocupando un lugar central en sus sentimientos.
“Siempre con el corazón en Mendoza, con el corazón en San Rafael y, en mi caso, con el corazón en Malargüe, que es ahí donde aprendí a bailar con mis profes, con Facu y con Loli”.
Es una de las frases más conmovedoras de la entrevista, especialmente por la naturalidad con la que aparece. Nahuel no necesita detenerse demasiado para explicar lo que significa su lugar de origen. Le alcanza con nombrarlo y recordar a quienes estuvieron en sus comienzos.
El desafío de llegar a Cosquín
La alegría por el triunfo convive ahora con una nueva responsabilidad. Nahuel y Lourdes deberán continuar trabajando para representar a la sede de General Acha en el Pre Cosquín, con la ilusión de presentarse en el escenario Atahualpa Yupanqui de la Plaza Próspero Molina.
Al momento de conversar, Nahuel calculaba que tenían por delante unos tres meses de preparación intensa, en los que buscarían perfeccionar las coreografías y corregir aquellos detalles que todavía consideraban necesarios.
“A partir de ahora se nos abre un arduo camino de mucho trabajo por delante. Van a ser meses bastante intensivos en cuanto a ensayos, porque todavía hay cosas que mejorar dentro de las propuestas”.
No habla del premio como un punto de llegada definitivo. Lo vive como una oportunidad para seguir creciendo y como una responsabilidad que desean asumir con seriedad.
El objetivo es representar de la mejor manera a la sede que les dio la posibilidad de avanzar, sin perder de vista a todas las personas y lugares que forman parte de su recorrido.

La satisfacción de no haberse dado por vencido
Cuando le pregunto qué significa para él haber alcanzado este objetivo, Nahuel vuelve a hablar del tiempo que llevaba persiguiéndolo.
No hay grandes discursos en su respuesta. Hay alegría, orgullo y la satisfacción de comprobar que aquellos años de ilusión, sumados al trabajo de los últimos meses, finalmente dieron sus frutos.
“Este sueño, este objetivo, lo vengo buscando hace un montón, y que este año se me haya podido dar para mí es un gran orgullo, es un sueño cumplido”.
A partir de su propia experiencia, también deja un mensaje para quienes tienen proyectos que todavía parecen difíciles de alcanzar.
“Que la gente crea que los sueños están para cumplirse si están dispuestos a buscarlos, a luchar por ellos, a hacer sacrificios y a no darse por vencidos”.
Sus palabras cobran sentido al conocer todo lo que atravesaron junto a Lourdes: los meses de preparación, los obstáculos, el cambio inesperado de sede, la incertidumbre durante la clasificación y la emoción de aquel tango que terminó abriéndoles una nueva oportunidad.
A sus estudios y su trabajo como bailarín, Nahuel suma ahora una experiencia que seguramente dejará una huella importante en su formación.
Pero hay algo que permanece intacto: el reconocimiento hacia quienes lo acompañaron y el orgullo de ser malargüino.
En una de sus últimas reflexiones, al hablar del camino que los espera, vuelve a mencionar a Malargüe. Lo hace con el afecto de quien sabe que los lugares donde aprendemos a amar lo que hacemos siguen siendo parte de nosotros, incluso cuando la vida nos lleva hacia otros destinos.
Y así, mientras Nahuel Lineros y Lourdes Mañas se preparan para seguir avanzando en este sueño compartido, su historia deja una imagen sencilla y valiosa: la de un joven que se animó a buscar aquello que deseaba, que encontró en la amistad y en el acompañamiento de su gente la fuerza para continuar y que hoy disfruta de un logro construido con perseverancia.
Un bailarín que mira hacia Cosquín con ilusión, pero que no se olvida de Malargüe, de sus maestros ni de los primeros pasos que lo llevaron a descubrir su pasión.

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