Lorenza Ávila y Pedro Antonio Guajardo formaron, en la década de 1930, un matrimonio que se estableció en el margen del río Grande, en la zona conocida como La Cancha, frente al “Pellín”, en proximidades de la desembocadura del arroyo PotiMalal.

 Con el correr del tiempo el matrimonio Ávila- Guajardo se trasladó a un puesto en el lugar conocido como “La gotera”, algunos kilómetros más al este, sobre la actual ruta internacional 145.

Don Pedro fue empleado de Luis “Lucho” Letelier, un importante ganadero que por entonces estaba asentado en la zona y poseía veranadas en proximidades de paso Pehuenche. Ambos hombres llegaron a tener algunos animales a media.

Lorenza y Pedro Antonio tuvieron cuatro hijos: Elsa Rosa, Clementina del Carmen, Laureano y Juan Bautista. La única que está con vida es la primera y a ella dedicamos esta “Historia de vida”.

Elsa Rosa Guajardo nació el 16 de julio de 1935, en La Cancha.

“Yo de chica me acuerdo que estaba en la casa, ayudando a la mamá y también haciendo las cosas de campo como juntar leña, cuidar a los animales, ayudar en la siembra, regar. El patrón de mi papá me llevó a San Rafael para que fuera un tiempo a la escuela, estuve dos años allá. Paraba en la casa que el patrón tenía en el centro de San Rafael, porque él también mandaba a una hija a estudiar. En esos años mi papá daba veranada un poco más arriba del puesto donde vivíamos en La cancha. Don Lucho Letelier tenía una majada grande ovejas. Yo aprendí a hilar la lana, pero nunca hice nada en un telar. Las muchachas de entonces aprendíamos a hacer las cosas de la casa, a bordar, la comida y ayudar a los padres en el campo. Antes la vida era muy difícil, vivíamos en unas casitas malitas, no se conocía la luz eléctrica ni la garrafa de gas. Todo era sencillito. Como no había doctores (médicos) la gente se las arreglaba con lo que le daban algunas señoras que sabían curar. La abuela de mi marido, que se llamaba Milagros Guajardo, era muy buena y a su casa llegaba gente de todas partes porque también sabía ver las aguas (orina). Después se empezó a llevar la gente al hospital de Malargüe. La gente de antes era muy católica y velaban a los santos, se armaban lindas farras, pero también se rezaba mucho, se hacían mandas (promesas) y se les sacaba la novena a los santos. En mi casa se velaba a la Virgen del Carmen y en la de un tío a San Juan. Cuando tuve mi casa hice la velada de San Antonio y hasta la vez saco novena” relató doña Elsa, en su hogar ubicado en “puesto El durazno”, a tres kilómetros al norte de la ruta nacional 40, en el margen oeste de arroyo Chenqueco, ingresando por el camino a Caverna de las brujas.

Al traer a la conversación otro recuerdo de su infancia expresó “me acuerdo cuando estaban haciendo el camino a mi Car (actual ruta nacional Nro. 145). Empezaron la huella unas cuadrillas de hombres, a puro pico y pala. Fue toda una novedad la primera vez que vimos un camión llegar por aquella zona. Era un camión rojo, grande, esa fue la primera vez que vimos un vehículo. Ya después empezaron a andar los camiones, bajaban llenitos del carbón que sacaban de Mina Car. Un tío mío, hermano del papá, trabajó en esa mina y nos contaba cómo era el trabajo. Se hizo una escuela y muchos hijos de puesteros empezaron a ir y así aprendieron algo de lectura y escritura”.

“Otra cosa que tengo tan presente es al río grande en verano. Daba miedo de verlo de tanta agua que traía y ahora es una pena verlo con tan poquita que trae, se están secando todos los arroyitos, y las vegas que hay para arriba. Esta sequía que estamos teniendo es muy grande, yo no recuerdo haber visto otra igual. Ante, en el invierno, nevaba mucho y la cordillera estaba toda nevada. En el verano llovía y el campo se ponía lindo, ahora da lástima ver todo seco y los animales tan flacos que no sirven para nada. Hace como 15 años que casi no nieva y más de un año y medio que no cae una buena lluvia por aquí” agregó esta abuela de 85 años, mientras compartíamos unos exquisitos mates con tortas fritas en la tarde del pasado domingo 8 de marzo, día internacional de la mujer.

Al continuar desgranando recuerdos dijo “el negocio más grande que había por esta zona era el de Ruíz, que todavía está, lo atiende un hijo del hombre que era dueño. Después había otro en ´El pellín´, pero era más chico. Donde ahora está el pueblito de Bardas Blancas, cuando yo era niña, casi no habían casas, eran algunas poquitas. No había cementerio, tampoco. Cuando moría alguien se lo llevaba al de El Manzano”.

Doña Elba Rosa contrajo matrimonio con Heráclito Suárez, que falleció a temprana edad. Tuvo dos hijas, la mayor falleció, y Elisa del Carmen (viuda de José Abelardo Soto de la zona de Llano blanco), con quien vive actualmente en puesto El durazno, lugar al que llegó hace más de 50 años.Previamente habían ocupado un puesto en proximidades de Caverna de las brujas, pero lo dejaron porque en la zona caía mucha nieve.

“Nosotros sembrábamos mucho. Plantábamos el trigo para el consumo de nosotros y lo molíamos en una piedra para hacer el ñaco (es una harina constituida a base de trigo molido y tostado. Es un alimento tradicional y popular de nuestra zona, del norte neuquino y de algunas zonas de Chile que es utilizado en muchas formas —en bebidas, guisos y postres—, preparándolo dulce o salado, caliente o frío, aguado, espeso o seco). Antes se podían cazar a los bichos que andan por el campo y los cueros tenían valor. Se cazaba el zorro, el león (puma), el chiñe(zorrino) con trampas y había compradores que pasaban por los puestos. Esos animales se cazaban en el invierno y con la venta de los cueros la gente tenía otra platita para comprar mercadería. Antes se cazaba mucho y nunca se terminaron. Ahora que está prohibido el campo está lleno y el puestero ya no puede tener ni gallinas porque se las matan. Ahora el zorro y el león ya son plaga, ya pasan por las puertas de las casas y hacen mucho daño, matan hasta los potrillos.

Doña Elsa tiene tres nietos: Mario (quien está con ella y su hija en el puesto), Susana y Marisa, quienes le han dado seis bisnietos.

Pasa sus días colaborando en los quehaceres domésticos, en tiempo de primavera se levanta antes que toda su familia para participar activamente en la tarea de la crianza de chivitos. Tiene una hermosa huerta, que orgullosa me invitó a conocer. Allí ha sembrado tomates, maíz, papas, porotos, acelgas, cebollas, repollos y otras verduras. Orgullosa de su labor dice “el año pasado la papa me duró para todo el invierno”.

La mujer y su hija fueron una de las cinco mujeres crianceras que se homenajearon en el día de la mujer por parte de la concejal Luciana Villegas y la Coordinación de Promoción Patrimonial a cargo del Prof. Francisco Parada.

“Fue muy lindo el reconocimiento que nos hicieron, nos trataron muy bien y espero que sigan haciendo eso con otras mujeres campesinas porque nos dieron mucho cariño” concluyó la mujer, cuando la ronda de mates se fue terminando y salíamos a recorrer los alrededores de su puesto donde se ubican la huerta, los corrales y un potrero de alfalfa.