Presidente Alberto Fernández.

En medio de declaraciones explosivas, que en otro momento hubieran provocado renuncias o expulsiones, el Gobierno nacional sigue haciendo como si nada estuviera pasando. Envió dos proyectos de ley al Congreso, uno de ellos el Presupuesto, y cuanto más tiempo pase, más se fortalece el presidente.

Un importante dirigente sindical, que no comparte muchas o casi ninguna de las posturas políticas del actual gobierno de Alberto Fernández, reenvió la nota publicada ayer por este portal en la que se preguntaba si nadie se había dado cuenta que desde hacía cuatro días no había Gobierno. «No, no hay gobierno, pero hay presidente». 

Esta definición puede ilustrar lo que siente buena parte del oficialismo del albertismo. Porque no hubo un acto oficial ni se armó una línea interna ni una agrupación. Pero lo que comenzó el lunes al mediodía, durante las primeras diez horas de la derrota electoral más sorpresiva de la historia del peronismo reciente es el nacimiento de una nueva etapa para la imagen presidencial, sus posturas y expresiones. 

¿Podrá durar mucho tiempo? Fue la pregunta que rápidamente se le hizo. La respuesta no llegó. Pero otro dirigente muy cercano a su pensamiento y estilo: «Tiene que bancarla. Ya está. Si no lo hace, se tiene que ir, y con él, todos los que lo acompañaron», fue su lacónica respuesta. 

Como si hubiera algún margen para la especulación política, y parece que nunca puede faltar, una diputada nacional confesó. «No sé si estuvo armado o no, pero esto quitó de plano la derrota del domingo. Sólo se habla de dos personas, de Cristina Fernández de Kirchner y de Alberto Fernández».

Durante todo el día, y como jamás había pasado en los diecinueve meses que lleva en el poder, los «memes» enviados desde el propio elenco del Gobierno y las que aparecían en los ámbitos cercanos al Instituto Patria eran, además de risueños, muy expresivos sobre los que pensaban unos y otros.

«Los dos saben que se necesitan. Lo que pasa que ya no se toleran y les quedan dos años por delante», expresó y se sorprendió al mismo tiempo un habitante semi permanente de la Casa Rosada y aledaños. Mientras buscaba las palabras exactas, iba poniéndole más dramatismo a lo que empezó como una simpe contestación de rigor. 

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Si bien la mayoría de los gobernadores, dirigentes sindicales y los intendentes del conurbano se expresaron en apoyo del presidente, nadie hizo más que eso. Ni siquiera se volvieron a autopostular para un cargo, como en anteriores ocasiones. 

Nadie puede garabatear, siquiera, alguna salida a esta crisis institucional, que no tiene comparación con ninguna otra de las vividas hasta hoy. Sin embargo, uno de los que más tranquilo estaba en medio de los rumores, pases de factura y lectura de tuiters irónico como pocos, deslizó. «Por lo menos se comprobó que no es Juan Domingo Perón, que cuando se enojó lo echó al «tío» Cámpora. Cristina se enojó, lo dijo de mil maneras, pero Alberto sigue. Ojo, tampoco es Carlos Chacho Álvarez, que se quedó en el Varela Varelita sólo, esperando que lo vayan a aclamar. Sabe quién es y hasta cuando tirar de la cuerda».

Si la solución llega, como especulan mayoritariamente desde el entorno del presidente, seguramente habrá algunos cambios y anuncios en el sentido que pretende la vicepresidenta y quienes transmiten sus pensamientos, Pero los nombres de los que se deshaga no serán los que ella espera. 

En mayo de este año, Luis Costa, consultor y analista, escribió. «En la relación entre ambos, Alberto parece, sistemáticamente, someter a Cristina a la incertidumbre del próximo accionar». Al parecer, la paciencia terminó. 

Por Alejandro Cancelare/Mdzol.

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