
Mientras el sector comercial local atraviesa una caída por el bajo poder adquisitivo, crece la expectativa por la reactivación minera. La metáfora del iceberg ayuda a entender por qué los efectos económicos todavía no llegan al departamento.

Malargüe enfrenta un escenario económico delicado. El comercio sufre una notable caída de ventas y el ingreso de los pobladores se ve limitado, lo que afecta la actividad general. En medio de esta situación surge una expectativa creciente en torno a la minería, considerada por muchos como un posible motor de reactivación. Sin embargo, los efectos aún no se observan en la economía local, y para entender por qué es clave la metáfora del iceberg presentada por la consultora DAMS y explicada a Diario Los Andes.
El gráfico elaborado por DAMS muestra que la producción minera —la parte visible— representa solo una pequeña fracción del proceso total. Debajo de esa superficie se encuentran etapas extensas y determinantes como la exploración, los estudios técnicos, la permisología, la construcción de infraestructura y la obtención de la licencia social. Estas fases pueden demandar años antes de que exista actividad productiva efectiva.

Santiago Azcona, director general de DAMS, explicó a Diario Los Andes que la exploración incluye búsqueda, análisis, identificación del recurso y calificación técnica, un proceso que por sí solo puede extenderse durante un largo período. Este trabajo inicial, aunque fundamental, no genera todavía el impacto económico masivo que espera la comunidad.

A esto se agrega la permisología, con estudios de impacto ambiental, evaluaciones técnicas y autorizaciones específicas. Son instancias que requieren informes detallados y validación institucional, y que resultan indispensables antes de cualquier avance en campo.
La construcción de caminos, instalaciones, energía y comunicaciones también forma parte del “lado invisible del iceberg”. Ninguna empresa puede comenzar a producir sin esa infraestructura previa. Esta etapa demanda inversión y empleo, pero suele desarrollarse de manera progresiva y no siempre coincide con los tiempos de expectativa social.

Para Malargüe, la pregunta central es cuándo podría sentirse la reactivación económica. La experiencia de proyectos mineros en distintas regiones indica que desde la exploración hasta la producción pueden pasar entre siete y diez años. Por eso, aunque se hable de minería en Mendoza, los efectos concretos todavía no se expresan en el comercio local ni en la dinámica económica del departamento.
El estudio de DAMS advierte además que el efecto multiplicador de la minería es significativo: por cada empleo directo se generan entre cuatro y seis indirectos en áreas como transporte, hotelería, servicios técnicos y proveedores. No obstante, ese impacto aparece en fases más avanzadas de construcción y operación.

La consultora remarca también la importancia de la licencia social. Sin el respaldo de la comunidad, ningún proyecto puede sostenerse, incluso si cumple con todos los requisitos legales. La transparencia, el diálogo y la información clara serán determinantes para que la minería pueda convertirse en un motor real de crecimiento.
En síntesis, la metáfora del iceberg permite comprender por qué Malargüe todavía no percibe los beneficios que muchos esperan de la minería. Se trata de una actividad de largo plazo, con etapas previas complejas y necesarias. Si estos procesos avanzan de manera ordenada y con participación comunitaria, el departamento podría ver en los próximos años una oportunidad concreta para impulsar su economía, fortalecer su comercio y ampliar su matriz productiva.
Fuente: Diario Los Andes










