
“La banda malargüina Natalia Natalia celebra esta oportunidad única de sonar en el país y seguir soñando desde el sur mendocino.”

Cuando se escucha a Ariel Donaire, vocalista de Natalia Natalia, lo primero que se percibe es una mezcla rara y hermosa: orgullo contenido, sorpresa genuina y ese tono en la voz que solo aparece cuando algo que parecía imposible empieza a ser real.
Ariel cuenta que la noticia de haber quedado finalistas en “Sacamos las Bandas del Garage” no llegó por casualidad. Los llamó la productora de Killy Cortés, de Radio Cosquín Rock, con quien venían trabajando desde hacía un tiempo. “Entramos con muy poca esperanza”, me dice, casi riéndose de sí mismo. No porque desconfiaran de lo que sonaba puertas adentro de la sala, sino porque conocían el nivel de las bandas que se presentaron. “El nivel nacional es enorme, muy bueno. Entramos más que nada para vivir la experiencia”.
Sin embargo, la sorpresa llegó. Entre todas las agrupaciones mendocinas, solo cuatro fueron seleccionadas para representar a la provincia a nivel nacional. Y ahí estaba Natalia Natalia.

Ariel recuerda ese momento como si todavía no terminara de caerle encima. “No pensábamos que íbamos a llegar a esa instancia”, admite. Y lo dice sin falsa modestia: lo dice como quien sabe que viene remando desde más atrás.
La etapa de selección digital, cuenta, fue todo un desafío. “Nos generaba ansiedad… nosotros invertimos en grabar, pero no tenemos grandes videoclips ni producciones cinematográficas”. Lo que tenían para mostrar era lo esencial: música. Links a Spotify, YouTube, Apple Music. Nada más. Allí quedaron expuestos, crudos y reales.
Aun así, algo hizo que la banda resaltara. Ariel cree que la diferencia estuvo en la esencia del proyecto. “Somos un rock más tradicional… muy capanguero, muy ska, muy noventa. Volver un poco al origen del rock”. Ese sello, esa mezcla de energía bailable con raíz nacional, parece haber encontrado un oído atento entre los jurados.
Mientras avanza la entrevista, Ariel se detiene en lo que significa llegar a esta instancia. Hay una humildad genuina en su forma de contarlo. Sabe que compiten con bandas que han invertido mucho más, con producciones trabajadas y miles de reproducciones.
Por eso lo viven “con naturalidad”, pero no sin entusiasmo. Estar ahí, en la puerta de sonar en todas las radios vinculadas a Radio Cosquín Rock, la radio de Lalo Mir, ya es un premio enorme. “Salir del fondo del callejón… no es poca cosa”, dice. Y Malargüe aparece entonces en cada frase, como un mapa afectivo que condiciona y a la vez impulsa.

Porque crecer desde una ciudad donde el rock no es el género dominante no es fácil. “Cuesta llegar a la gente… Malargüe tiene una base musical muy marcada que no es la del rock. Pero hoy la firma Natalia Natalia ya es reconocida. Aunque no sepan bien quiénes somos, escucharon el nombre en alguna radio, o lo vieron en un sticker por ahí”.
Le preguntamos por el Cosquín Rock 2026. Lo conoce, lo ha pisado. “Es impresionante… para cualquier músico es alucinante”. Y ahí aparece algo hermoso: la convicción de que su música puede conectar con el público por lo que es, no por modas. “Nuestro rock ska es muy tradicional. La gente de más de 30 conecta con eso, con el rock que escuchamos siempre”.
Cuando se pide que describa la esencia de la banda, no habla de estilos, ni de influencias, ni de técnica. Habla de personas. “Somos cuatro personas de formas de pensar diferentes… y eso lo hace rico. El calor humano, eso es Natalia Natalia”. Cada integrante, me dice, aporta una pieza distinta: Matías Vergara en la batería con su juventud y su energía moderna; Rodrigo Chilaca en guitarra y coros con su versatilidad entre rock y cumbia; Carlitos Olivera en bajo y coros con su solidez técnica y su mirada de profesor; y él mismo, con un registro moldeado por el folclore y el cuarteto que encuentra su lugar en el ska y el rock.




Es un rompecabezas que no debería funcionar, pero funciona. Y esa mezcla improbable se volvió identidad.
Las canciones también cuentan una historia. “Gran ciudad” habla de Malargüe, “Tóxica” fue su primer gran impacto, “Fantasma” y “Gran ciudad” son hoy las más escuchadas fuera de la provincia. Pero Ariel insiste en algo: todas tienen un pedacito de vida real. Propia o ajena. Nada es inventado.
Lo más notable es la evolución. “Arrancamos haciendo covers… y de a poco fuimos creciendo, sin apurarlo. El género de Natalia Natalia fue creciendo solo”. Hoy componen, crean, cuentan. Son una banda que se animó a decir lo propio.

Hacia el final, Ariel reflexiona sobre lo que el certamen ya les dejó, más allá del resultado. “Que nos escuche el país”. Lo dice así: simple, directo. Y para una banda nacida “al fondo del callejón”, como él repite, eso es un salto enorme. Lo muestran las estadísticas: más de 200 oyentes nuevos en Spotify, ninguno de Mendoza.
El objetivo ahora es claro: salir un poquito más de Malargüe, llegar a otros escenarios, a otros festivales, representar a la ciudad desde la música.
Y antes de despedirse, Ariel deja un mensaje que define por completo el espíritu de la banda. Agradece a quienes los siguen desde siempre, a quienes aparecen en cada bar, cada fiesta privada, cada escenario chico o grande. A la gente que los hace sentir acompañados. “Gracias por el aguante, gracias por escucharnos… si nos escuchan es porque les gusta”.
Para quienes recién los descubren, desea algo tan simple como hermoso: que alguna de sus canciones termine en una playlist, en un teléfono, en una fiesta familiar. Que su música lleve alegría, que haga bien.
Porque al final, eso es lo que Natalia Natalia quiere dar: alegría, identidad, baile, y esa sensación luminosa de que soñar en grande también es posible desde un lugar como Malargüe.










