

En esta entrevista el Dr. Omar Hazimeh detalla los principios de la medicina biológica integrativa y el uso de la ozonoterapia como práctica médica complementaria, enfocada en comprender las causas del desequilibrio y no únicamente los síntomas.
El Dr. Omar Hazimeh llega a esta conversación con una credencial doble que, en Malargüe, vale la pena dejar clara desde el inicio: es médico oftalmólogo y médico especialista universitario en Medicina Biológica Integrativa y Ozonoterapia de la UBA. Esa formación es la que sostiene su práctica actual, orientada a mirar al paciente en su conjunto y a integrar herramientas terapéuticas según cada caso, sin oponer de forma simplista lo “convencional” a lo “complementario”.
Hazimeh explica que su camino hacia la medicina integrativa nació de una observación que fue ganando peso con los años: el cuerpo no funciona por partes aisladas. “Me empecé a darme cuenta que el cuerpo, la mente y la fuerza vital de cada persona funcionaban en forma integrativa”, dice. Desde esa perspectiva, menciona cómo algunos procesos pueden manifestarse en el organismo luego de un impacto emocional sostenido: problemas en la piel, caída del cabello, alteraciones del sistema inmune o inflamaciones. A ese entramado suma factores ambientales y epigenéticos, que influyen en lo que él llama el “terreno biológico” de cada paciente.
En su manera de explicarlo, la medicina integrativa no es una moda ni una receta única, sino una forma de ampliar la mirada clínica. “Hay que atender al enfermo y no a la enfermedad”, sintetiza. En la práctica, eso se traduce en buscar causas profundas, comprender por qué un cuadro aparece en determinada persona y en determinado momento, y definir un abordaje que no se limite a acallar síntomas.
Dentro de ese enfoque, la ozonoterapia ocupa un lugar central como herramienta médica. Hazimeh precisa su formación: en 2014 se capacitó en ADELO (Asociación Argentina de Ozono), en Buenos Aires. En 2015 realizó un curso universitario de ozonoterapia en la Universidad de Buenos Aires con el Dr. Raúl Matera. Desde entonces, comenzó a aplicarla en su práctica clínica, integrándola —según explica— con otras estrategias terapéuticas como la medicina ortomolecular, la sueroterapia y la terapia neural, y en algunos casos con plasma rico en plaquetas, en función de las necesidades de cada paciente.
¿De qué hablamos cuando hablamos de ozonoterapia? En términos simples, Hazimeh la define como la aplicación médica de una mezcla de ozono y oxígeno, que puede administrarse de distintas maneras, de forma local o sistémica, dependiendo del caso. En su descripción, la práctica actúa a través de varios efectos simultáneos: mejora de la oxigenación de tejidos, modulación del sistema inmune, acción sobre procesos inflamatorios, neutralización del estrés oxidativo y un rol analgésico y germicida, entre otros.
Los motivos de consulta que recibe con mayor frecuencia —según detalla— están vinculados a problemas musculoesqueléticos: hernias y abombamientos discales, artrosis, dolores articulares, bursitis y traumatismos, especialmente en pacientes mayores donde no siempre está indicada una cirugía. También menciona consultas por dolor crónico, neuropatías, herpes zóster, trastornos metabólicos (como síndrome metabólico, diabetes, hipertensión arterial y dislipidemias) y cuadros asociados a defensas bajas.

Tratamiento para Hernias de Disco
Pero si hay un aspecto en el que Hazimeh insiste a lo largo de la entrevista es en los criterios de seguridad y en la necesidad de que la práctica sea indicada y aplicada con responsabilidad médica. Señala contraindicaciones precisas: embarazo, enfermedades cardiovasculares severas e inestables, trastornos de la coagulación (especialmente con trombocitopenia) e hipertiroidismo. Remarca, además, una advertencia clave: el ozono no puede inhalarse, ya que es tóxico por vía respiratoria.
También menciona el favismo, una condición asociada a la deficiencia de una enzima (glucosa-6-fosfato deshidrogenasa), que puede volver riesgoso el uso de ozono en dosis altas. Por eso, explica que en casos donde se requieren dosis elevadas solicita estudios de laboratorio previos. “Primero hay que estudiar a fondo al paciente para saber dónde está parado antes de aplicar ozono en forma lineal”, resume.
En este punto, Hazimeh marca con claridad que su enfoque no busca desplazar a la medicina convencional. Por el contrario, reconoce su valor en situaciones agudas y de emergencia: accidentes, crisis hipertensivas, hemorragias internas, cuadros críticos. “Ahí se aplica todo”, afirma. La diferencia aparece, según su planteo, en el terreno de las enfermedades crónicas, donde propone un abordaje integrativo que sume herramientas y no divida el mapa de la salud en bandos enfrentados.
Cuando alguien llega a su consultorio evaluando iniciar ozonoterapia, asegura que lo primero es aclarar que no se trata de un “tratamiento alternativo” en sentido excluyente. Y también que es necesario ajustar expectativas: no hay soluciones mágicas ni una respuesta universal para todos. El objetivo, explica, es mejorar el terreno biológico, acompañar la autorregulación del organismo y recuperar la homeostasis, es decir, el equilibrio interno que permite sostener la salud.
En el cierre, su idea vuelve a la misma raíz con la que abrió la charla: cada persona enferma a su manera. Por eso, sostiene, la medicina necesita recuperar algo esencial: tiempo para escuchar, evaluar, comprender y tratar al paciente como un ser único. En esa búsqueda, la medicina biológica integrativa —y la ozonoterapia como una de sus herramientas— aparece en su práctica no como un reemplazo, sino como un modo de ampliar posibilidades con criterio médico, responsabilidad y una mirada integral del ser humano.


Artrosis de Rodilla en Deportista

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