

Malargüe se prepara para recibir una formación de oficio con alto nivel técnico y fuerte anclaje comunitario: durante tres días, el maestro herrador Pedro Pechar dictará un curso con prácticas reales, herramientas y caballos aportados por vecinos, apuntado tanto a quienes comienzan desde cero como a quienes buscan perfeccionarse.

El herrado es una de esas tareas que parecen simples hasta que dejan de serlo. Un casco mal recortado, una herradura colocada fuera de eje o un clavo en posición incorrecta pueden traducirse en dolor, lesiones, bajo rendimiento y, con el tiempo, en problemas crónicos que comprometen la vida útil del caballo. En territorios donde el equino sigue siendo parte del trabajo, el deporte y la identidad cultural —como ocurre en Malargüe y en buena parte del sur mendocino—, capacitarse en herrería equina no es un detalle: es una herramienta concreta de bienestar animal y de profesionalización.
Con ese enfoque se realizará en Malargüe un curso intensivo de herrado a cargo de Pedro Pechar, un referente del oficio con trayectoria nacional e internacional, según destacó Johnny Albino, organizador del evento. En sus declaraciones, Albino remarcó que la propuesta se aprovecha especialmente porque suele convocar a personas que llegan sin experiencia o con conocimientos incompletos y “terminan herrando” de manera improvisada, con los riesgos que eso implica para el animal y para el propietario.
La capacitación tendrá una duración de tres días de trabajo, comenzará el viernes por la mañana y finalizará el domingo después del mediodía, en un formato intensivo que prioriza la práctica. El curso contempla el uso de herraduras, clavos y herramientas provistas para el trabajo, y está pensado para que cada participante pueda ver y ejecutar procedimientos con correcciones en tiempo real. En ese sentido, Albino subrayó el valor del perfil docente de Pechar: un herrador profesional que no solo trabaja en Argentina —incluyendo caballos de polo y distintas disciplinas—, sino también en Estados Unidos y Europa, experiencia que, según señaló, se traduce en un aprendizaje directo “de toda una vida” dedicada al oficio.
Más allá de la técnica, uno de los rasgos que diferencian esta propuesta es su dimensión comunitaria. La organización prevé que vecinos acerquen sus caballos para que el grupo realice prácticas supervisadas con animales reales, un punto clave para quien busca formarse: el salto entre la teoría y la realidad suele ser lo más difícil. Trabajar con caballos en situación real obliga a respetar seguridad, tiempos, comportamiento del animal y criterios de bienestar, además de entrenar la mirada profesional para detectar aplomos, balance del casco y necesidades específicas.
La capacitación es arancelada con un valor de $200.000 y requiere inscripción, tal como figura en la información oficial del evento. Lo que se realiza sin costo es el herrado de los caballos que aporten los vecinos para las prácticas del curso, una dinámica pensada para sumar experiencia real supervisada y, al mismo tiempo, brindar un beneficio directo a la comunidad. Para quienes lleguen de otros lados del país y la provincia para aprovechar esta capacitación, alojamiento y comidas se ofrecen desde el Eco Hostel como opciones adicionales mediante paquetes.
Ese formato explica por qué Albino anticipa una convocatoria amplia: “viene gente normalmente de todo el país y por ahí de algunos países vecinos”, impulsada por el prestigio del capacitador y por el valor del entrenamiento intensivo. No es un dato menor: en el circuito de oficios vinculados al caballo, la capacitación con referentes suele tener costos altos y cupos limitados, y por eso la llegada de un docente con experiencia internacional a Malargüe instala al departamento como sede de formación técnica con proyección regional.
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En clave local, el evento también se lee como una oportunidad de fortalecimiento productivo y cultural. Malargüe mantiene una relación histórica con el caballo, tanto en el trabajo rural como en prácticas deportivas y tradiciones. En ese marco, la formación en herrado no es solo una habilidad técnica: es prevención, cuidado y ahorro a futuro. Un herraje hecho con criterio reduce probabilidades de lesiones y mejora el desempeño del animal, pero además evita que la “solución rápida” termine multiplicando problemas.
Con un esquema de trabajo intensivo y práctica con caballos aportados por la comunidad, el curso apuesta a un aprendizaje de oficio real, de esos que se sostienen más en la mano y el ojo entrenado que en la teoría aislada. Para quienes empiezan desde cero, puede ser el primer paso ordenado y responsable para no improvisar. Para quienes ya herran, una instancia para corregir vicios, mejorar técnica y sumar herramientas que, en muchos casos, hacen la diferencia entre un trabajo aceptable y uno profesional.





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