


Autor: Mauricio Iriarte
Gestión Integral de Riesgos de Desastres
(Diplomado en Gestión de Riesgos de Desastres “Instituto Universitario Juan Vucetich Bs.As.)

El departamento de Malargüe, con su vasta y compleja geografía, se encuentra históricamente expuesto a diversas amenazas de origen natural. Sin embargo, en la actualidad, la gestión de estas amenazas requiere una mirada actualizada y proactiva. Como especialistas en Gestión Integral del Riesgo de Desastres (GIRD), es nuestro deber analizar cómo fenómenos recurrentes como el viento Zonda exigen nuevas estrategias de abordaje institucional y comunitario para proteger la vida y los bienes de los malargüinos.
El cambio climático ha dejado de ser una proyección futura para convertirse en un factor condicionante de nuestro presente. En el sur mendocino, esta alteración global se manifiesta a través de un estrés hídrico prolongado, la modificación de los regímenes de nevadas en la cordillera y un aumento en la variabilidad y severidad de los fenómenos meteorológicos extremos. En este contexto, los temporales de viento Zonda tienden a presentar comportamientos anómalos: ráfagas de mayor intensidad, descensos de humedad más abruptos y, en ocasiones, una frecuencia y estacionalidad que desafían los registros históricos. Esta nueva realidad climática incrementa exponencialmente la vulnerabilidad del departamento, exacerbando riesgos secundarios gravísimos como los incendios forestales y la afectación directa a la salud de la población entre otros.

Para hacer frente a esta realidad agravada, la infraestructura por sí sola no es suficiente; el factor humano es determinante. Tal como lo establece la Prioridad 1 del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres: «Comprender el riesgo de desastres», es imperativo que la población de Malargüe desarrolle una percepción del riesgo ajustada a la realidad. A menudo, la costumbre de convivir con el viento genera una falsa sensación de seguridad o una normalización del peligro. Fomentar la comprensión del riesgo implica educar para que el ciudadano reconozca no solo la amenaza (el Zonda), sino también su propia vulnerabilidad (el estado de su vivienda, su entorno inmediato, su preparación familiar). Solo cuando la comunidad dimensiona real y objetivamente las consecuencias de un temporal de viento severo, se logra pasar de una actitud reactiva a una verdadera adaptación preventiva.

La comprensión del riesgo debe materializarse en acciones concretas. Considerando que nos adentramos en épocas donde los temporales de viento comienzan a manifestarse con fuerza, es vital consolidar una cultura de autoprotección. Para ello, los habitantes de Malargüe deben interiorizar y aplicar algunas pautas fundamentales antes y durante una alerta por viento Zonda:
Aseguramiento del Entorno: Revisar y asegurar techos, chapas, macetas, cartelería y cualquier elemento que pueda convertirse en un proyectil impulsado por las ráfagas.

Prevención Consciente de Incendios: Es vital que todos colaboremos evitando encender fuego al aire libre, ya sea para limpiar pastizales, quemar hojas o prácticas similares. Apelemos a nuestra conciencia ciudadana: en días de Zonda, el ambiente está extremadamente seco y las ráfagas son impredecibles, por lo que una simple chispa puede escapar de nuestras manos en cuestión de minutos y convertirse en una emergencia que ponga en riesgo a nuestros vecinos y nuestro entorno natural.
Refugio y Sellado: Permanecer en el interior de las viviendas o lugares de trabajo, alejados de ventanas. Sellar con trapos húmedos las rendijas de puertas y ventanas para minimizar el ingreso de polvo y aliviar la sequedad del ambiente.
Mail: iriartemauricio75@gmail.com

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