

La minera Kobrea Exploration Corp. decidió ampliar la Fase 1 de perforación diamantina en el proyecto El Perdido, dentro del Malargüe Distrito Minero Occidental. La medida llega tras los primeros resultados del programa, que completó 1.739 metros en tres pozos y mostró indicios geológicos compatibles con mineralización de cobre, oro y molibdeno.

Kobrea volvió a mover el tablero de la minería exploratoria en Malargüe: la compañía confirmó que incorporó un cuarto pozo al programa de perforación diamantina en El Perdido, uno de los proyectos que integran el paquete de concesiones en el Malargüe Distrito Minero Occidental (MDMO). El nuevo sondeo se ejecuta a unos 220 metros al este de la plataforma inicial, con un objetivo claro: verificar si los indicios detectados en los primeros pozos se extienden en profundidad y sostienen el potencial de un sistema tipo pórfido.
La decisión de ampliar la campaña llega luego de que la Fase 1 avanzara “según lo planificado” en volumen de trabajo. En números, Kobrea reportó 1.739 metros perforados distribuidos en tres pozos diamantinos, ejecutados entre enero y comienzos de marzo. Aunque el diseño original apuntaba a tres perforaciones de 500 metros cada una, las profundidades finales quedaron en 603 metros, 474 metros y 662 metros, una variación que suele responder a la lectura geológica “en tiempo real” del testigo de roca durante el avance de la perforación.
¿Qué disparó el cambio de plan? La compañía sostiene que, en el material extraído, observó rasgos compatibles con mineralización: menciona la presencia de vetillas o “hilitos” minerales en la roca, un patrón asociado a ciertos sistemas donde la mineralización puede concentrarse en volúmenes importantes. Es un dato alentador para una exploración temprana, pero no equivale todavía a una confirmación económica: en esta etapa, la perforación busca delimitar geometrías y continuidad del sistema, y luego vendrán ensayos y evaluaciones más finas.

El cuarto pozo, identificado por la empresa como parte de la expansión de la Fase 1, tiene meta de 600 metros y está orientado a una zona que resultó especialmente interesante en el primer sondeo. En su comunicación técnica, Kobrea explicó que apunta a un tramo con vetilleo tipo “stockwork” y minerales como pirita, calcopirita y molibdenita, dentro de una roca intrusiva (cuarzo diorita porfírica) con alteración potásica. Dicho de manera simple: la perforación intenta “perseguir” en profundidad el sector que, por su textura y mineralogía, podría ser el centro de un sistema metalífero.
En el plano operativo, la nota también deja un dato relevante para Mendoza y particularmente para Malargüe: las tareas de perforación están a cargo de Conosur Drilling, una firma mendocina con experiencia en sondajes, lo que implica contratación de mano de obra técnica y servicios asociados a la campaña. En un proyecto de alta montaña, la cadena de trabajo suele sumar transporte, logística, alimentación, mantenimiento, combustible, seguridad, servicios ambientales y asistencia mecánica, además de profesionales y proveedores.
Kobrea remarca además la escala territorial de su posición en el distrito: afirma tener derecho a adquirir el 100% de participación en siete proyectos que totalizan 733 km² en el suroeste de Mendoza. Esa dimensión es relevante porque El Perdido funciona como “punta de lanza” del paquete: lo que se aprenda en este primer programa —geología, accesos, tiempos, costos y desempeño ambiental— puede ordenar decisiones para el resto del portafolio.

Ahora bien, para Malargüe el punto clave es distinguir qué está pasando hoy y qué todavía no. Hoy hay perforación, metros ejecutados y una ampliación del plan inicial, lo que habla de continuidad operativa y de un interés técnico sustentado en observaciones de campo. Pero todavía no hay un anuncio de “descubrimiento” en términos económicos: el camino habitual incluye análisis de laboratorio, interpretación geológica, modelado, comparaciones con sistemas similares y, eventualmente, nuevas fases de perforación. En otras palabras, el cuarto pozo es una señal de que el proyecto “ganó preguntas” y necesita más evidencia para responderlas.
El impacto público de este tipo de novedades no se limita a la minería. En una provincia donde la discusión sobre el desarrollo de proyectos y sus controles ambientales se mantiene activa, cada avance tangible en Malargüe suma presión por información clara: qué se hace, cómo se monitorea, qué permisos rigen, qué empresas operan y qué compromisos ambientales se exigen. La noticia de Kobrea, por eso, es económica y técnica, pero también política y social: instala agenda, expectativas y la necesidad de transparencia.
Por lo pronto, el dato duro ya está: El Perdido amplió su Fase 1. La exploración no solo avanzó en metros perforados, sino que tomó una decisión típica de proyectos que encuentran señales interesantes: reorientar recursos para testear mejor el “corazón” del sistema. El resultado final dependerá de lo que diga la roca cuando la campaña termine y los análisis confirmen —o descarten— la continuidad de la mineralización.
Fuente: Diario UNO – Comunicado Corporativo

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