

Con la mira puesta en el turismo nacional e internacional, el centro de nieve El Azufre anunció mejoras operativas que buscan sostener una actividad extendida durante el invierno 2026. La presentación se hizo en Buenos Aires, donde Malargüe mostró su estrategia para captar visitantes con promociones, servicios y tres polos invernales en crecimiento.

El invierno 2026 empieza a jugarse antes de la primera gran nevada. En un mercado donde los destinos compiten por conectividad, servicios y previsibilidad, Malargüe llevó su oferta de nieve a la Ciudad de Buenos Aires y puso en escena un mensaje claro: el sur mendocino quiere posicionarse como una opción fuerte para el turismo de invierno, con El Azufre como una de sus cartas principales.
La presentación reunió a autoridades nacionales y locales, referentes del sector privado y operadores vinculados a los centros de esquí del departamento. El eje fue la temporada que se viene, pero el trasfondo fue más amplio: consolidar a Malargüe como destino integral, con capacidad hotelera, servicios gastronómicos y propuestas para distintos perfiles de visitante, desde quienes buscan pistas tradicionales hasta quienes priorizan experiencias más extremas o de naturaleza.
En ese marco, El Azufre anunció novedades que apuntan a dos factores decisivos para cualquier centro de montaña: calidad de operación y seguridad. Según detalló su CEO, Guillermo Rivabén, el complejo incorporó tres máquinas pisanieve y sumará wifi permanente, dos mejoras que, aunque parezcan técnicas, suelen influir directamente en la percepción del turista: pistas mejor mantenidas, más continuidad de servicio y mayor comodidad para estadías prolongadas.

La apuesta por la seguridad y la respuesta ante emergencias también tuvo un anuncio de alto impacto: El Azufre sumará un nuevo helicóptero y un piloto especializado con trayectoria en rescates de alta montaña, una señal dirigida tanto a quienes practican esquí fuera de pista como a un público internacional que suele evaluar con detalle los protocolos y capacidades de asistencia antes de elegir destino.
Pero el punto central del planteo fue la duración estimada de la temporada. El Azufre proyecta cinco meses de “buena nieve y esquí”, una promesa que, si se confirma, puede mover la aguja del negocio turístico en Malargüe: más semanas de demanda sostenida significan más ocupación, más rotación de empleo estacional y mejores chances de planificación para hotelería, gastronomía, transporte y servicios vinculados.
El complejo sostiene esa expectativa en su localización y condiciones nivológicas: se ubica en el entorno de altas cumbres cerca de la frontera con Chile y, según explicaron desde la empresa, recibe nieve asociada a ingresos de humedad desde el Pacífico, un argumento que buscan convertir en diferencial competitivo frente a otros destinos. En términos de producto turístico, el centro también remarcó el valor de su superficie esquiable: 13.000 hectáreas con alternativas para distintos niveles y modalidades.

En paralelo, la estrategia oficial de promoción sumó otro componente: incentivos para “traccionar” pernocte en el departamento. En la presentación se mencionaron beneficios asociados a estadías en Malargüe y la articulación con programas de descuentos, un mecanismo pensado para evitar que el turista “pase por la nieve” sin derramar consumo en la ciudad y su entorno.
Desde Nación, el secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli, enmarcó el anuncio dentro de una narrativa más amplia: el turismo como actividad estratégica y la temporada de nieve como uno de los focos del calendario inmediato. Más allá de la lectura política, el dato práctico es que la visibilidad nacional potencia la promoción del sur mendocino en un momento donde la decisión de viaje se anticipa cada vez más: reservas, pasajes, pases y alojamiento se definen con semanas —y a veces meses— de anticipación.
Para Malargüe, el desafío no es solo atraer público, sino sostener experiencia: accesos, información clara, conectividad, seguridad y una agenda que permita que el visitante extienda su estadía. Allí, el “triángulo” de centros invernales (El Azufre, Real del Pehuenche y Las Leñas) juega como ecosistema: un turista que llega por esquí puede sumar excursiones, gastronomía local, termas, paisajes de cordillera y propuestas de turismo de naturaleza, con impacto directo en la economía regional.

La temporada 2026 todavía tiene variables inevitables (clima, acumulación nival, ventanas de frío sostenidas). Sin embargo, el anuncio marca una dirección: El Azufre busca profesionalizar su operación con inversión concreta, y Malargüe intenta capitalizar esa mejora como parte de una estrategia mayor de destino. Si el invierno acompaña, el objetivo de “cinco meses a pleno” no solo sería una buena noticia para el esquí: podría convertirse en una palanca de trabajo y movimiento económico para todo el departamento.
Fuente: Diario UNO

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