

El especialista Mauricio Iriarte analizó la explosión de un camión cisterna en Chachahuén (Pata Mora, Malargüe) y pidió revisar prácticas de seguridad industrial. En su opinión, la prevención requiere coordinación y un compromiso compartido para reducir riesgos en zonas productivas alejadas.

La explosión de un camión cisterna en la zona de Chachahuén, en el distrito de Pata Mora (Malargüe), reactivó el debate sobre seguridad industrial en áreas de actividad hidrocarburífera. Pero, más allá del hecho, el especialista Mauricio Iriarte propone mirar el episodio como una señal concreta de lo que todavía falta fortalecer en prevención y coordinación.
Iriarte, formado en Gestión Integral de Riesgos de Desastres, parte de una definición que busca ordenar la discusión pública: “el reciente y trágico incidente expone la fragilidad de nuestra convivencia con las amenazas tecnológicas”. En esa frase resume su tesis central: los riesgos vinculados a la operación industrial deben abordarse como parte de un sistema, no como un problema aislado que se resuelve solo con controles de ocasión.

En el texto enviado a Ser y Hacer, el especialista sostiene que este tipo de emergencias obliga a revisar rutinas y estándares, porque “la explosión de un camión cisterna, que provocó la muerte de dos operarios, evidencia la urgencia de replantear las prácticas de seguridad industrial”. Su enfoque apunta a la prevención real y sostenida, con decisiones que se reflejen en el trabajo cotidiano, la supervisión y la cultura organizacional.
Desde su mirada técnica, Iriarte remarca que no alcanza con que existan procedimientos escritos. En sus palabras, “la prevención exige mucho más que protocolos, requiere un compromiso colectivo inquebrantable”. La idea de “compromiso colectivo” es clave en su planteo: pone el acento en el rol de las empresas, pero también en la necesidad de articulación institucional y social para que la seguridad sea un eje rector y no un tema reactivo.
Para fundamentar por qué Malargüe necesita una lectura propia del riesgo, Iriarte introduce el factor territorial como condicionante directo. Señala que “la extensión territorial representa un desafío operativo crítico” y recuerda que el departamento tiene 41.317 km². En la práctica, ese dato se traduce en grandes distancias, tiempos de respuesta más exigentes y dificultades adicionales para el despliegue de recursos ante una contingencia.

En la misma línea, advierte sobre la exposición en locaciones productivas alejadas: “la exposición al riesgo en estas locaciones de producción hidrocarburífera es altísima”, y agrega que “las grandes distancias y la infraestructura limitada incrementan drásticamente la vulnerabilidad de las instalaciones y del personal”. La frase funciona como un llamado de atención local: en Pata Mora y alrededores, la prevención debe contemplar el entorno, la logística y las condiciones de acceso, además de la operación técnica.
Lejos de buscar polémicas, el especialista explicita el sentido de su intervención pública: “este espacio busca impulsar la reflexión y la acción, no con el afán de señalar responsables”. En su planteo, el objetivo no es anticipar conclusiones, sino promover mejoras concretas: coordinación, inversiones preventivas, capacitación y mecanismos de control que se sostengan en el tiempo, especialmente en actividades de alto riesgo.

Iriarte encuadra esa coordinación en los principios del SINAGIR y afirma que “las empresas, las organizaciones y la sociedad… deben coordinar esfuerzos para mitigar estos eventos adversos”. La frase instala una agenda práctica: construir acuerdos y responsabilidades compartidas para reducir la posibilidad de nuevos incidentes, con prevención como prioridad.
Finalmente, el especialista proyecta una meta para el departamento: “solo mediante esta articulación, Malargüe podrá consolidarse como un modelo de resiliencia donde la preservación de la vida sea el eje rector de toda actividad”. Su conclusión vuelve a lo esencial: la seguridad industrial no es un trámite, sino una condición básica para el desarrollo y para cuidar a quienes trabajan en entornos complejos del sur mendocino.


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