

Especialistas del CONICET que participan de la Semana del Ambiente presentaron datos que reflejan cómo cambió el clima local en las últimas décadas. Menos nieve, más días de calor extremo y lluvias intensas forman parte de un escenario que ya tiene impacto en el departamento.

El cambio climático suele percibirse como un fenómeno lejano, asociado a grandes ciudades o a problemas globales. Sin embargo, para los investigadores que esta semana visitan Malargüe, sus efectos ya pueden observarse claramente en el territorio.
En el marco de la Semana del Ambiente «Activemos nuestra mirada frente al cambio climático», organizado por la Dirección de Gestión Ambiental del municipio, los especialistas Federico Robledo y Guido Tiscornia, ambos vinculados al CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), llegaron al departamento para compartir investigaciones, trabajar con escuelas y promover un proyecto que busca registrar la memoria climática de la comunidad.
Los datos que presentaron son contundentes. Según explicó Robledo, Director en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, las nevadas muestran una tendencia descendente desde hace más de tres décadas. Uno de los ejemplos analizados corresponde a Valle Hermoso, donde los registros indican que en 1990 las precipitaciones níveas rondaban los 450 milímetros por temporada. Actualmente, esos valores se ubican entre los 100 y 120 milímetros.

Pero la nieve no es el único indicador que cambió. También aumentaron las temperaturas extremas. Mientras décadas atrás Malargüe registraba apenas algunos días por año con temperaturas superiores a los 30 grados, hoy esos episodios son mucho más frecuentes. En algunos años recientes se contabilizaron más de 40 jornadas por encima de ese umbral.
A esto se suma otro fenómeno que los investigadores consideran cada vez más evidente: las lluvias torrenciales. Se trata de precipitaciones que descargan grandes volúmenes de agua en muy poco tiempo, generando impactos sobre caminos, infraestructura y zonas urbanas. Según explicaron, este tipo de eventos se observa con mayor frecuencia que en el pasado.
Para los especialistas, comprender estos cambios requiere algo más que computadoras y modelos climáticos. Por eso una parte central del proyecto consiste en recuperar la memoria de quienes viven y conocen el territorio.



Tiscornia destacó que la participación de la comunidad es una pieza central del proyecto. «Lo primero es registrar lo que pasa», explicó. Según señaló, contar con datos sobre nevadas, lluvias intensas, crecidas o períodos de calor permite comprender mejor cómo evoluciona el clima en las distintas zonas del departamento y anticipar posibles impactos futuros.
Durante esta semana trabajan con estudiantes de escuelas primarias y secundarias para que se transformen en observadores del clima. La propuesta invita a reconstruir eventos que marcaron la historia reciente de Malargüe: grandes nevadas, lluvias extraordinarias, crecidas o temporales que dejaron huellas en distintas localidades.
La iniciativa también involucra a comunidades rurales, donde el conocimiento acumulado durante generaciones resulta fundamental. Los pobladores de la alta montaña observan desde hace años cambios en los cursos de agua, en las nevadas y en los ciclos naturales. Esa experiencia cotidiana se incorpora ahora a una base de datos que busca complementar la información científica.

«Muchas veces quienes mejor conocen cómo funciona el clima en un lugar son quienes viven allí», destacaron los investigadores durante las actividades realizadas en el departamento.
Como parte de este trabajo conjunto, en Bardas Blancas fue instalada una estación meteorológica que funciona de manera permanente y cuyos datos pueden consultarse libremente por internet. La información permite conocer en tiempo real variables como temperatura, viento, humedad y precipitaciones, aportando herramientas útiles para escuelas, productores e investigadores.
Los especialistas remarcaron además la importancia de fortalecer los sistemas de observación meteorológica. En un contexto donde distintos organismos científicos nacionales enfrentan restricciones presupuestarias, contar con registros continuos resulta clave para anticipar fenómenos extremos y comprender cómo evoluciona el clima en regiones tan extensas y diversas como Malargüe.
La propuesta impulsada durante esta Semana del Ambiente deja un mensaje claro: entender el cambio climático no depende solamente de grandes estudios internacionales. También requiere observar lo que ocurre en cada comunidad, recuperar experiencias locales y construir información que permita tomar mejores decisiones para el futuro.
Fuente: Entrevista Diario Digital Ser y Hacer de Malargüe.










