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  • Volcanes de Malargüe: una investigación busca pistas sobre la vida antigua en Marte

    Volcanes de Malargüe: una investigación busca pistas sobre la vida antigua en Marte

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    Una campaña científica realizada hace unos días atras reunió a investigadores argentinos y canadienses en el campo volcánico de Llancanelo. El equipo recolectó muestras de cuatro volcanes para estudiar alteraciones minerales que podrían aportar información sobre posibles rastros de actividad microbiana antigua, tanto en la Tierra como en Marte.

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    Por Pamela Rodríguez.

    Los volcanes de Malargüe forman parte de una investigación científica que busca ampliar el conocimiento sobre las posibles señales de vida microbiana antigua en ambientes volcánicos. Durante una campaña realizada días atras en el campo volcánico de Llancanelo, un equipo de investigadores argentinos y canadienses recolectó muestras de cuatro volcanes para analizar alteraciones minerales que podrían aportar información útil para futuras exploraciones de Marte.

    El trabajo de campo se desarrolló entre el 25 de septiembre y el 6 de octubre, con recorridos por los volcanes Carapacho, Malacara, Piedras Blancas y Jarilloso.

    La investigación contó con la participación de Martina Rizzo, becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), quien se forma en el área de la vulcanología bajo la dirección de la doctora Vanesa Litvak. Rizzo integra el Laboratorio de Magmatismo Andino y participa en proyectos del Laboratorio de Geología Planetaria, ambos vinculados al Instituto de Estudios Andinos de la Universidad de Buenos Aires.

    El equipo canadiense estuvo integrado por la doctora Mariek Schmidt, profesora de Ciencias de la Tierra de la Universidad Brock, y Daksh Patel, estudiante de maestría.

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    Qué buscan en las rocas volcánicas

    El objetivo de la campaña fue localizar tobas hidrovolcánicas, rocas que se forman cuando el magma interactúa con el agua durante una erupción. Los investigadores se concentraron en materiales de composición basáltica que contienen vidrio volcánico y que, con el tiempo, puede transformarse en un mineral conocido como palagonita.

    En esa alteración mineral se buscan características denominadas alteración biogénica putativa (PBA, por sus siglas en inglés). Se trata de estructuras microscópicas, como pequeños canales y túneles, que podrían estar relacionadas con la interacción de microorganismos con el vidrio volcánico.

    La hipótesis que estudia el equipo es que este tipo de alteración también podría encontrarse en el campo volcánico de Llancanelo. Hasta el momento, el material proporcionado describe la búsqueda y la recolección de muestras, pero no confirma que se hayan identificado evidencias de origen biológico en las rocas analizadas.

    Por qué la investigación puede aportar información sobre Marte

    El interés científico trasciende el ámbito local. Ambientes en los que interactúan el agua y la actividad volcánica son relevantes para estudiar cómo pudieron desarrollarse condiciones favorables para la vida microbiana en el Marte antiguo.

    Por eso, el análisis de rocas terrestres que presentan posibles señales de actividad biológica puede ayudar a comprender qué características minerales y geológicas deberían buscarse en otros planetas.

    Las muestras recolectadas en Llancanelo serán sometidas a estudios de laboratorio. Entre las técnicas previstas se encuentran la microscopía electrónica de barrido, para examinar texturas microscópicas; el microanálisis con sonda electrónica, para determinar la composición química de minerales y materiales alterados; y la difracción de rayos X, para identificar los minerales presentes.

    Los resultados podrían contribuir a determinar si las estructuras observadas son compatibles con procesos biológicos o si responden a otros mecanismos geológicos. También permitirían evaluar si el campo volcánico de Llancanelo amplía la distribución conocida de estas alteraciones, previamente reportadas en ambientes de América del Norte, Islandia y la Antártida.

    La campaña se realizó con el aval de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, con los permisos correspondientes y dentro de las regulaciones del Gobierno de Mendoza.

    El trabajo también contó con la colaboración de personas e integrantes de instituciones locales, entre ellas los guardaparques del Área Natural Protegida Laguna de Llancanelo.

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    LECTURA RÁPIDA


    ¿Qué investigan los científicos? Buscan alteraciones microscópicas en rocas volcánicas que podrían estar relacionadas con actividad microbiana antigua.

    ¿Dónde se realizó la campaña? En los volcanes Carapacho, Malacara, Piedras Blancas y Jarilloso, dentro del campo volcánico de Llancanelo.

    ¿Quiénes participaron? La campaña reunió a Martina Rizzo, investigadora en formación del CONICET, y a un equipo de la Universidad Brock de Canadá integrado por Mariek Schmidt y Daksh Patel.

    ¿Qué relación tiene con Marte? El estudio de estas rocas terrestres podría ayudar a reconocer posibles señales de vida antigua en ambientes volcánicos de otros planetas.


    Fuentes:Material informativo sobre la campaña y la participación de Martina Rizzo, suministrado a Ser y Hacer.

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  • Menos nevadas y más días de calor: las señales del cambio climático en Malargüe.

    Menos nevadas y más días de calor: las señales del cambio climático en Malargüe.

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    Especialistas del CONICET que participan de la Semana del Ambiente presentaron datos que reflejan cómo cambió el clima local en las últimas décadas. Menos nieve, más días de calor extremo y lluvias intensas forman parte de un escenario que ya tiene impacto en el departamento.

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    El cambio climático suele percibirse como un fenómeno lejano, asociado a grandes ciudades o a problemas globales. Sin embargo, para los investigadores que esta semana visitan Malargüe, sus efectos ya pueden observarse claramente en el territorio.

    En el marco de la Semana del Ambiente «Activemos nuestra mirada frente al cambio climático», organizado por la Dirección de Gestión Ambiental del municipio, los especialistas Federico Robledo y Guido Tiscornia, ambos vinculados al CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), llegaron al departamento para compartir investigaciones, trabajar con escuelas y promover un proyecto que busca registrar la memoria climática de la comunidad.

    Los datos que presentaron son contundentes. Según explicó Robledo, Director en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, las nevadas muestran una tendencia descendente desde hace más de tres décadas. Uno de los ejemplos analizados corresponde a Valle Hermoso, donde los registros indican que en 1990 las precipitaciones níveas rondaban los 450 milímetros por temporada. Actualmente, esos valores se ubican entre los 100 y 120 milímetros.

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    Pero la nieve no es el único indicador que cambió. También aumentaron las temperaturas extremas. Mientras décadas atrás Malargüe registraba apenas algunos días por año con temperaturas superiores a los 30 grados, hoy esos episodios son mucho más frecuentes. En algunos años recientes se contabilizaron más de 40 jornadas por encima de ese umbral.

    A esto se suma otro fenómeno que los investigadores consideran cada vez más evidente: las lluvias torrenciales. Se trata de precipitaciones que descargan grandes volúmenes de agua en muy poco tiempo, generando impactos sobre caminos, infraestructura y zonas urbanas. Según explicaron, este tipo de eventos se observa con mayor frecuencia que en el pasado.

    Para los especialistas, comprender estos cambios requiere algo más que computadoras y modelos climáticos. Por eso una parte central del proyecto consiste en recuperar la memoria de quienes viven y conocen el territorio.

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    Tiscornia destacó que la participación de la comunidad es una pieza central del proyecto. «Lo primero es registrar lo que pasa», explicó. Según señaló, contar con datos sobre nevadas, lluvias intensas, crecidas o períodos de calor permite comprender mejor cómo evoluciona el clima en las distintas zonas del departamento y anticipar posibles impactos futuros.

    Durante esta semana trabajan con estudiantes de escuelas primarias y secundarias para que se transformen en observadores del clima. La propuesta invita a reconstruir eventos que marcaron la historia reciente de Malargüe: grandes nevadas, lluvias extraordinarias, crecidas o temporales que dejaron huellas en distintas localidades.

    La iniciativa también involucra a comunidades rurales, donde el conocimiento acumulado durante generaciones resulta fundamental. Los pobladores de la alta montaña observan desde hace años cambios en los cursos de agua, en las nevadas y en los ciclos naturales. Esa experiencia cotidiana se incorpora ahora a una base de datos que busca complementar la información científica.

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    «Muchas veces quienes mejor conocen cómo funciona el clima en un lugar son quienes viven allí», destacaron los investigadores durante las actividades realizadas en el departamento.

    Como parte de este trabajo conjunto, en Bardas Blancas fue instalada una estación meteorológica que funciona de manera permanente y cuyos datos pueden consultarse libremente por internet. La información permite conocer en tiempo real variables como temperatura, viento, humedad y precipitaciones, aportando herramientas útiles para escuelas, productores e investigadores.

    Los especialistas remarcaron además la importancia de fortalecer los sistemas de observación meteorológica. En un contexto donde distintos organismos científicos nacionales enfrentan restricciones presupuestarias, contar con registros continuos resulta clave para anticipar fenómenos extremos y comprender cómo evoluciona el clima en regiones tan extensas y diversas como Malargüe.

    La propuesta impulsada durante esta Semana del Ambiente deja un mensaje claro: entender el cambio climático no depende solamente de grandes estudios internacionales. También requiere observar lo que ocurre en cada comunidad, recuperar experiencias locales y construir información que permita tomar mejores decisiones para el futuro.

    Fuente: Entrevista Diario Digital Ser y Hacer de Malargüe.

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