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Gabriel Moya y Emmanuel Olate: dos jóvenes que transformaron su pasión por la tecnología en una puerta de entrada a la robótica para los chicos de Malargüe

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“Gabriel Moya y Emmanuel Olate crearon AstroTech con la convicción de que el futuro tecnológico también puede construirse en Malargüe, formando desde temprana edad a quienes mañana liderarán la innovación.”

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En una ciudad donde las grandes oportunidades tecnológicas suelen parecer lejanas, dos jóvenes malargüinos decidieron demostrar que la innovación también puede nacer en el sur mendocino. Con apenas 26 y 31 años, Gabriel Moya y Emmanuel Olate convirtieron su curiosidad por entender cómo funcionan las cosas en un proyecto educativo que hoy acerca la robótica, la programación y las nuevas tecnologías a niños y adolescentes de Malargüe.

Detrás de AstroTech no hay una gran empresa ni una estructura compleja. Hay pasión, horas de estudio, experimentos, proyectos armados y desarmados una y otra vez, y la convicción de que el conocimiento debe compartirse. Lo que comenzó como una inquietud personal terminó convirtiéndose en una propuesta que hoy les permite a muchos chicos dar sus primeros pasos en un mundo que marcará su futuro.

La historia, sin embargo, comenzó antes.

Gabriel recuerda que junto a Emmanuel y Matías Olate trabajaban en Astroturismo Malargüe, una iniciativa vinculada a la observación del cielo y la divulgación científica. Allí compartían experiencias, excursiones y actividades relacionadas con uno de los grandes tesoros naturales de la región: su cielo privilegiado.

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Pero la realidad económica y la disminución de la actividad turística los obligó a pensar alternativas.

“Dijimos: tenemos que ver cómo generar otros ingresos, por lo menos para sostener el alquiler”, cuenta Gabriel.

Aquella necesidad terminó convirtiéndose en una oportunidad.

Mientras avanzaba en sus estudios de Programación y Sistemas en la Universidad Tecnológica Nacional, Gabriel comenzó a imaginar un espacio dedicado a la alfabetización digital y las nuevas tecnologías. La idea inicial estaba pensada para adolescentes, aunque las posibilidades horarias y la respuesta de las familias los llevaron a enfocarse primero en los más pequeños.

Así nació AstroTech.

Aunque muchas personas lo identifican como un taller de robótica, la propuesta va mucho más allá. El objetivo es brindar herramientas tecnológicas integrales, enseñar informática, pensamiento lógico, programación y desarrollar la capacidad de crear soluciones utilizando tecnología.

Lo que más llama la atención es que los alumnos tienen entre 6 y 12 años.

ASTRO TECH

A esa edad, cuando muchos recién comienzan a familiarizarse con una computadora, los chicos de AstroTech ya están construyendo circuitos, programando automatizaciones y comprendiendo conceptos que hasta hace pocos años parecían reservados para estudiantes avanzados.

“Para nosotros, ver a chicos tan pequeños aprender robótica nos llena de orgullo. No solo por ellos, sino también por nosotros, porque sentimos que estamos ayudando a formar una generación que va a comprender mejor cómo funcionan las cosas que los rodean”, explica Gabriel.

Y agrega una imagen que resume perfectamente el espíritu del proyecto:

“Es muy gratificante ver que algo tan cotidiano como una señal de salida de emergencia, un semáforo o un detector de humo deja de ser simplemente un objeto para convertirse en algo que pueden entender. Que puedan decir ‘yo sé cómo funciona esto’ e incluso explicárselo a sus padres es una satisfacción enorme”.

Las clases se desarrollan actualmente en el Colegio San José, gracias al acompañamiento del padre Maximiliano Eraso y de las autoridades de la institución, quienes facilitaron espacios para que el proyecto pudiera crecer.

Allí, los alumnos comienzan aprendiendo a utilizar herramientas básicas, reconocer componentes y familiarizarse con el entorno digital. Poco a poco avanzan hacia proyectos cada vez más complejos.

Uno de los principales recursos que utilizan es Arduino, una plataforma de desarrollo de código abierto ampliamente utilizada en todo el mundo para la creación de prototipos electrónicos.

A partir de ella, los chicos aprenden a conectar circuitos, automatizar procesos y construir proyectos propios.

Los resultados sorprenden.

Los más pequeños ya han logrado desarrollar semáforos automatizados, sistemas musicales utilizando componentes electrónicos y trabajos con servomotores, mecanismos de precisión que permiten generar movimientos similares a los que utilizan los brazos robóticos o los vehículos de radiocontrol.

Mientras tanto, los adolescentes trabajan en desafíos todavía más avanzados.

Actualmente desarrollan una caja fuerte automatizada orientada a la seguridad y una fructificadora inteligente para el cultivo de gírgolas comestibles, equipada con sensores de humedad, temperatura y sistemas automáticos de control ambiental.

Detrás de cada proyecto existe una filosofía de aprendizaje muy particular.

Gabriel y Emmanuel se reconocen como apasionados por la experimentación. Son de esos que desarman aparatos para descubrir cómo funcionan y vuelven a armarlos hasta lograr que funcionen otra vez. Esa curiosidad fue precisamente la que terminó definiendo la identidad de AstroTech.

“Nos dimos cuenta de que los dos éramos muy metemanos. Aunque no supiéramos cómo funcionaba algo, íbamos a hacerlo andar igual”, recuerda Gabriel entre risas.

Hoy esa misma actitud la transmiten a sus alumnos.

Por eso también incorporan herramientas de inteligencia artificial como parte del proceso educativo. Lejos de verla como una amenaza, la consideran un acompañante capaz de acelerar el aprendizaje, estimular preguntas y ayudar a validar ideas.

La utilizan como una especie de tutor disponible permanentemente para orientar proyectos, resolver dudas y abrir nuevas posibilidades.

Pero más allá de los circuitos, la programación o la robótica, hay algo que parece movilizarlos especialmente: el impacto que este tipo de propuestas puede tener en el futuro de Malargüe.

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“Creemos que es fundamental porque Malargüe se encuentra lejos de muchos de los grandes centros tecnológicos y educativos del país”, señala Gabriel.

Y entonces aparece una reflexión que revela la verdadera dimensión de lo que están construyendo.

“¿Quién dice que el próximo Silicon Valley argentino no pueda surgir en una ciudad pequeña del sur de Mendoza?”

La pregunta no parece una exageración ni una frase lanzada al azar. Detrás de ella hay una mirada optimista sobre el potencial local, sobre las posibilidades que puede generar la educación tecnológica y sobre la necesidad de crear oportunidades para que los jóvenes puedan desarrollarse sin tener que abandonar su lugar de origen.

Para ellos, la formación tecnológica no solamente abre puertas laborales. También puede convertirse en el motor de nuevos emprendimientos, startups, proyectos innovadores y oportunidades económicas para toda la comunidad.

Por eso celebran cada avance que se produce en la ciudad, desde la llegada de nuevas carreras vinculadas a la programación hasta las orientaciones informáticas impulsadas por distintas instituciones educativas.

Mientras tanto, AstroTech continúa creciendo.

Actualmente ofrecen talleres semanales, cuentan con becas y facilidades de pago para quienes lo necesiten y ya proyectan nuevas convocatorias y actividades para después del receso invernal.

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Su sueño más inmediato es lograr que el proyecto obtenga la aprobación definitiva del decanato para que los alumnos puedan recibir certificados avalados por la Universidad Tecnológica Nacional, una institución que ha acompañado la iniciativa desde sus comienzos.

Pero la meta final va todavía más lejos.

Gabriel y Emmanuel imaginan un instituto formal de informática y robótica en Malargüe, con propuestas para todas las edades y distintos niveles de formación.

Un lugar donde la curiosidad encuentre herramientas para crecer.

Un espacio donde los chicos puedan descubrir que la tecnología no es algo lejano ni reservado para otros.

Y, sobre todo, una oportunidad para que las nuevas generaciones entiendan que las ideas más grandes también pueden comenzar en una pequeña ciudad del sur mendocino.

Porque, como repite Gabriel convencido, mirando hacia el futuro que ya empezó a construirse en sus aulas:

“La tecnología ya no es el futuro: es el presente”.

Si te interesa puedes contactar a Gabriel al 2604 349945

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