

Un video que comenzó a circular en redes puso en primer plano el origen de los jugadores argentinos y el valor inmenso de los clubes de barrio. En Malargüe, ese mensaje también encuentra eco en Vialidad Nacional, Deportivo Malargüe, Ferrosol, Energía Atómica, CFDM, REF, Unión Deportiva Camping, Academia Fútbol Club, Volantes Unidos, Atlético Comercio e Intendentes.

Sin clubes de barrio no hay sueños de Mundial.
La frase pega fuerte.
Emociona.
Invita a mirar para atrás y también a valorar lo que tenemos cerca.
En las últimas horas, un video comenzó a circular en redes con un mensaje claro, directo y bien futbolero: detrás de cada jugador que llega a ponerse la camiseta argentina, antes hubo una cancha de tierra, un club de barrio, una familia acompañando y un profe esperando con una pelota.
El material muestra a futbolistas del seleccionado argentino y recuerda de qué club salieron en sus primeros años.
Ese primer lugar donde aprendieron a correr detrás de una ilusión.
Donde se formaron como jugadores, pero también como personas.
Y entonces la mirada se viene inevitablemente para Malargüe.
Porque acá también hay clubes, escuelas, dirigentes, profes, madres, padres, abuelos y colaboradores que sostienen el semillero todos los fines de semana.
Vialidad Nacional, Deportivo Malargüe, Ferrosol, Energía Atómica, Centro de Formación Deportiva Municipal, REF, Unión Deportiva Camping, Academia Fútbol Club, Volantes Unidos, Atlético Comercio e Intendentes son parte de ese mapa futbolero que alimenta sueños desde las categorías infantiles.

Algunos con más recursos, otros con mucho sacrificio.
Algunos con canchas propias, otros buscando espacios.
Pero todos con algo en común: la decisión de abrirle la puerta al fútbol a cientos de chicos y chicas.
El club de barrio no es solamente el lugar donde se juega.
Es donde se aprende a llegar temprano, a saludar, a compartir, a ponerse una camiseta, a respetar al compañero, al rival y al árbitro.
Es donde se festeja el primer gol, se llora la primera derrota y se entiende que el fútbol también enseña a levantarse.
En tiempos donde todo parece medirse por resultados inmediatos, la formación de base tiene otro valor.
Más silencioso.
Más profundo.
Más duradero.
Porque antes del campeonato grande está el partido chiquito.
Antes del estadio lleno está la cancha de barrio.
Antes del Mundial está ese primer entrenamiento donde alguien descubre que le gusta jugar.

El mensaje del video no habla solamente de los campeones.
Habla de todos los que alguna vez empezaron en un club cercano a su casa, con botines prestados, medias de distinto color o una pelota gastada.
También habla de Malargüe.
De esos chicos y chicas que hoy juegan en las infantiles y mañana quizás sigan en juveniles, en primera, en el fútbol femenino, en el futsal, en veteranos o simplemente conserven para siempre el amor por el deporte.
El semillero no se construye de un día para el otro.
Se riega con presencia, con paciencia, con dirigentes que no bajan los brazos, con profes que enseñan más que una táctica y con familias que acompañan aunque haga frío, viento o nieve.
Por eso la frase merece repetirse.
Sin clubes de barrio no hay sueños de Mundial.
Y sin clubes de Malargüe tampoco habría tantos sueños dando vueltas detrás de una pelota.










