

En esta carta de lector el ingeniero Facundo Martínez plantea una mirada crítica sobre el presente productivo de Malargüe.

Cuando en la calle, en la mesa familiar o entre amigos hablamos de Malargüe, casi siempre nos cruzamos con las mismas dos miradas. Por un lado, la resignación, frases como «Malargüe se quedó en el tiempo», «los jóvenes se van» o «está difícil». Por el otro, la ilusión permanente de lo que está por llegar, del “potencial que tenemos», que el “gigante va a despertar”.
Tristemente, nuestro departamento viene sufriendo lo que podríamos llamar el “mal del potencial”, esa sensación amarga de estar siempre por arrancar, de estar siempre a la espera de la gran promesa que nos va a despertar, mientras el presente se nos escurre entre las manos.
Para salir de este bucle entre el pesimismo y la espera permanente, es indispensable dejar de confundir anuncios con desarrollo y hacer un diagnóstico real de nuestro punto de partida. Debemos mirar y analizar de frente a nuestra matriz productiva, es decir, la forma en que como sociedad nos organizamos para generar riqueza, empleo y desarrollo. ¿Qué es lo que verdaderamente mueve la economía de Malargüe hoy?
En la actualidad, nuestra economía se sostiene sobre varios pilares, ninguno de ellos exento de dificultades. En primer lugar, el sector público tiene un peso determinante en nuestra economía, lo que genera una importante dependencia del gasto público, en un contexto en el que además el Estado atraviesa una transformación estructural.
En segundo lugar, la actividad hidrocarburífera también está atravesando un cambio profundo, impactando sobre el empleo, los proveedores y la actividad económica local. Si bien existen expectativas con el petróleo no convencional y con los avances de la minería, hoy esta última, salvo por algunas ya existentes como el yeso, no tiene aún una incidencia masiva en el bolsillo diario del vecino.

El turismo, por su parte, aporta un dinamismo fundamental, padeciendo algunos problemas de estacionalidad y principalmente de falta de conectividad e infraestructura. A pesar de ello, es una actividad con gran potencial para crecer durante todo el año y extender sus beneficios a distintos puntos del territorio.
En el campo, nuestros puesteros sostienen con orgullo la identidad ganadera, aunque una parte importante de la actividad ganadera permanece en condiciones de baja escala comercial y limitada formalización, limitando su capacidad de generar mayor valor agregado y empleo.
El comercio local, que es el termómetro final de esta realidad, acusa el impacto directo, cuando el empleo, la inversión y la actividad productiva se debilitan, el impacto llega rápidamente al mostrador.
Reconocer este escenario no es caer en la queja ni buscar culpables. Es entender que ni la dirigencia política, ni las instituciones intermedias, ni los vecinos en general podemos seguir tomando decisiones sobre diagnósticos fantasiosos.
Dejar de ser una promesa exige cambiar de raíz la manera de pensar el desarrollo de Malargüe. Dejemos de esperar salvadores externos o milagros económicos. Necesitamos diversas miradas, proyectos con arraigo y la valentía de hablar de lo que somos y de lo que queremos ser. Está en nuestras manos la capacidad de sumar fuerzas para pasar de la queja a la acción. La pregunta ya no es ¿qué nos pasa?, sino ¿qué vamos a hacer?, construir juntos el desarrollo que nos debemos para que Malargüe sea, de una vez por todas, una próspera realidad.
Ing. Facundo Martinez
DNI: 33.276.224


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