

Con la llegada de la temporada de conservas en Mendoza y Malargüe, especialistas advierten sobre los riesgos del botulismo en preparaciones caseras. Qué cuidados tener al envasar tomate y cómo prevenir intoxicaciones alimentarias.

Con el cierre del verano y el inicio del otoño, en muchos hogares de Mendoza y especialmente en Malargüe comienza una práctica tradicional: el envasado de tomate para elaborar conservas que se consumirán durante el resto del año. Esta costumbre, muy arraigada en la región, combina organización familiar y aprovechamiento de la producción, aunque requiere cuidados específicos para evitar riesgos sanitarios.
Uno de los principales peligros asociados a las conservas caseras mal elaboradas es el botulismo, una enfermedad poco frecuente pero potencialmente grave. Se trata de una intoxicación causada por la toxina de la bacteria Clostridium botulinum, que puede desarrollarse en ambientes sin oxígeno, como ocurre dentro de frascos mal procesados.
Esta bacteria está presente de forma natural en el suelo, por lo que puede encontrarse en verduras y hortalizas si no se lavan correctamente. El riesgo aumenta cuando no se aplican condiciones adecuadas de higiene, temperatura y acidez durante la elaboración de conservas.

Uno de los aspectos centrales en la prevención es el nivel de acidez del alimento. El Clostridium botulinum no puede desarrollarse en medios con pH inferior a 4,6. Por este motivo, controlar la acidez del tomate es clave, ya que si no es suficiente, puede favorecer la producción de la toxina.
Desde el Gobierno de Mendoza se ha advertido en distintas campañas que las conservas caseras deben elaborarse siguiendo pautas estrictas. Entre ellas, asegurar la correcta esterilización de los envases, respetar los tiempos de cocción y verificar el sellado de los frascos.
Un dato relevante es que la toxina botulínica no modifica el olor, el sabor ni el aspecto del alimento. Esto significa que una conserva puede parecer en buen estado y, sin embargo, representar un riesgo para la salud.
Los síntomas del botulismo pueden aparecer entre 12 horas y varios días después del consumo. Incluyen visión borrosa, dificultad para hablar o tragar, debilidad muscular y, en casos severos, problemas respiratorios que requieren atención médica urgente.

En este contexto, especialistas recomiendan aplicar una serie de medidas simples pero fundamentales para reducir riesgos durante la elaboración de conservas caseras:
- Lavar cuidadosamente los tomates y las manos antes de comenzar permite eliminar restos de tierra donde puede encontrarse la bacteria.
- También se deben utilizar frascos de vidrio en buen estado y tapas adecuadas, previamente esterilizados para evitar contaminaciones.
- Otro punto clave es asegurar la acidez del producto. En algunos casos, se recomienda agregar jugo de limón o ácido cítrico para mantener un pH seguro.
- Asimismo, es importante respetar los tiempos de cocción o esterilización, ya que la temperatura es una de las principales barreras contra los microorganismos.
- Antes de consumir, se aconseja calentar la conserva durante varios minutos, ya que el calor puede destruir la toxina si estuviera presente.
- Por último, se deben descartar los frascos que presenten signos de deterioro, como tapas hinchadas, pérdida de líquido o liberación de gas al abrirse.
En localidades como Malargüe, donde el envasado de tomate forma parte de la vida cotidiana, estas recomendaciones permiten sostener la tradición de manera segura y responsable.
Fuente: OMS – Gobierno de Mendoza – Argentina.gob.ar










