

Las últimas lluvias dejaron al descubierto una realidad que Malargüe ya no puede seguir postergando: el grave deterioro de sus calles. Pero conviene decirlo con claridad: la lluvia no creó el problema. Lo agravó.

Esquivel Aldao, Fortín Malargüe, Cuarta división, avenida Roca, las calles internas del barrio Procrear son apenas algunos ejemplos de sectores donde circular se ha vuelto cada vez más difícil. Los pozos, las roturas del pavimento y el deterioro de la calzada afectan la vida cotidiana de los vecinos y plantean una preocupación creciente por la seguridad vial.
A esta situación se suma Avenida San Martín Sur, sobre la Ruta Nacional 40, especialmente entre el cementerio municipal y el acceso al barrio Procrear. Allí, la sucesión de pozos puede obligar a los conductores a realizar maniobras peligrosas para esquivarlos, incluso acercándose al carril contrario.
Cuando circular por una calle implica elegir entre atravesar un pozo o arriesgar una maniobra, el problema deja de ser solamente de mantenimiento: es también de seguridad.
Es justo reconocer las reparaciones que se están realizando. Son necesarias. Pero la magnitud del problema obliga a formular una pregunta más profunda: ¿cuánto de nuestro pavimento puede recuperarse con bacheos y cuánto necesita una reconstrucción integral?
Esa respuesta no puede quedar librada a intervenciones aisladas después de cada temporal de lluvia o nieve.
Malargüe necesita un plan público de recuperación vial urbana, basado en un diagnóstico técnico, con calles prioritarias, presupuesto, responsables y plazos conocidos por la comunidad.
El Municipio debe dar respuestas sobre las arterias de su competencia, mientras que Vialidad Nacional debe intervenir en los sectores de la Ruta 40 que le corresponden. Las distintas jurisdicciones no pueden servir para diluir responsabilidades. Cada organismo debe explicar qué hará y cuándo.
Nadie pretende que todas las calles sean reconstruidas de inmediato. Pero los vecinos sí tienen derecho a conocer qué soluciones se están proyectando y en qué orden se ejecutarán.
Porque detrás de cada calle deteriorada hay personas que necesitan llegar a su trabajo, llevar a sus hijos a la escuela y circular con seguridad. Y detrás de cada reparación que dura poco hay recursos públicos que podrían aprovecharse mejor con planificación.
Malargüe no necesita solamente saber cuántos pozos se taparán después de las lluvias. Necesita saber cómo comenzará a recuperar sus calles de manera duradera.
La emergencia exige actuar hoy. La responsabilidad de gobernar también exige planificar para mañana.
Redacción Ser y Hacer



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