

La sexta edición de la Peregrinación Nuestra Señora del Carmen de Cuyo reunió a cerca de 50 fieles que caminaron desde Goudge hasta la Villa 25 de Mayo durante tres jornadas. La iniciativa, impulsada por laicos del sur mendocino, busca fortalecer la vida espiritual, el compromiso comunitario y las tradiciones de la Iglesia Católica.

La sexta edición de la Peregrinación Nuestra Señora del Carmen de Cuyo volvió a reunir a fieles del sur mendocino en una manifestación de fe, tradición y compromiso espiritual. Durante los días 1, 2 y 3 de mayo, cerca de 50 peregrinos recorrieron 82 kilómetros entre Goudge y la Villa 25 de Mayo, en San Rafael, acompañados por oraciones, cantos y actividades comunitarias impulsadas por la organización laica Nuestra Señora del Carmen de Cuyo.
La iniciativa nació en 2021 inspirada en la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad, que se realiza hacia Luján, y desde entonces busca promover entre los jóvenes el espíritu de sacrificio, la vida de oración y el conocimiento de los ritos tradicionales de la Iglesia Católica. Según expresaron los organizadores, el objetivo principal es mantener viva “la llama del amor hacia los ritos sagrados y tradicionales de la Santa Iglesia”.
El recorrido comenzó en la madrugada del 1 de mayo, cuando los peregrinos iniciaron la marcha bajo el lema “Confiado en Dios, asalto la muralla”, tomado del Salmo 18. Organizados en capítulos y portando estandartes y banderines, avanzaron por los campos sanrafaelinos en medio del frío otoñal, alternando momentos de oración, cantos religiosos y espacios de reflexión compartida.


Durante el trayecto, los participantes atravesaron distintos desafíos físicos y climáticos. Las largas caminatas, las noches en carpa y el intenso frío marcaron parte de la experiencia. Sin embargo, los peregrinos destacaron especialmente el acompañamiento comunitario y los gestos de solidaridad que surgieron durante el camino, como compartir abrigo, alimento o simplemente palabras de ánimo.
Uno de los tramos más exigentes se presentó durante la segunda jornada, cuando el grupo debió atravesar un extenso zanjón de arena que dificultó el avance. Desde la organización señalaron que ese tipo de obstáculos representan parte del sentido profundo de la peregrinación: sostener el esfuerzo colectivo incluso en medio del cansancio y las dificultades.
Además del sacrificio físico, la experiencia incluyó momentos de encuentro y alegría comunitaria. Fogones, guitarras, canciones y espacios de convivencia formaron parte de las actividades compartidas por jóvenes, familias y niños que participaron de la travesía. Para muchos de los asistentes, la peregrinación representa también una manera de fortalecer los vínculos humanos y transmitir tradiciones religiosas a las nuevas generaciones.

La llegada a la Villa 25 de Mayo, el pasado 3 de mayo, tuvo como punto central la celebración de la Santa Misa frente a una de las imágenes marianas más antiguas del sur mendocino. El sitio elegido posee un fuerte valor histórico y religioso para San Rafael, ya que se trata de uno de los lugares fundacionales del departamento.
Desde la organización remarcaron que la peregrinación busca consolidarse como un espacio de formación espiritual y de encuentro para jóvenes del sur provincial. “La tradición no es un fantasma del pasado, sino una llama viva que se entrega intacta a quienes vienen detrás”, expresaron en la crónica oficial difundida tras la caminata.
En un contexto social atravesado por cambios culturales y nuevas formas de participación comunitaria, este tipo de iniciativas religiosas continúan convocando a familias y jóvenes de distintos puntos de Mendoza. Los organizadores consideran que la experiencia del peregrinar permite recuperar valores como el esfuerzo compartido, la solidaridad y la vida comunitaria.
Fuente: Juan Gabriel Vazquez_ Un peregrino más



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