

Desde Houston, en la OTC 2026, el caso Mendoza volvió a entrar en el radar del shale: ejecutivos y el Gobierno provincial ratificaron un plan de cinco perforaciones para seguir “validando” el no convencional. La oportunidad, sin embargo, tiene una discusión decisiva para Malargüe: si no se fijan cláusulas de contratación y compre local, el empleo y los servicios de mayor valor agregado pueden terminar concentrándose del lado neuquino.

Cuando un ejecutivo petrolero dice en un escenario global que “la roca llega hasta Malargüe”, no está haciendo poesía. Está diciendo algo más directo: que la formación Vaca Muerta —la misma que revolucionó a Neuquén— tiene continuidad geológica hacia el sur mendocino, y que Mendoza estaría empezando a “morder” una porción todavía incipiente de esa cuenca. Eso fue lo que sostuvo Gilardone, de Quintana, al describir que en el extremo norte de la formación los mapas “históricos” suelen cortar en el Río Colorado, pero el potencial se extiende más allá.
La afirmación importa por un motivo concreto: en 2026 se activó un plan de nuevas perforaciones que, según el Gobierno provincial y el propio gobernador Alfredo Cornejo, contempla cinco pozos orientados a seguir reduciendo incertidumbre y a acumular evidencia técnica para un desarrollo posterior más grande. En el lenguaje del sector, no se trata todavía de la “fase fábrica” (la de decenas de pozos por año), sino de una etapa previa: perforaciones piloto y trabajos preparatorios para entender productividad, costos, logística y comportamiento del shale en territorio mendocino.

¿Qué es Cañadón Amarillo y por qué es “la llave” malargüina?
Cañadón Amarillo es un área hidrocarburífera ubicada en el sur de Mendoza, dentro de Malargüe, que quedó integrada al paquete de activos reorganizados en el marco del Plan Andes de YPF. La Provincia autorizó prórrogas y cesiones que posicionaron a nuevos operadores para sostener actividad e inversiones. En la práctica, es uno de los territorios donde se intenta comprobar si el shale mendocino puede escalar.
En los últimos meses, la UTE Quintana–TSB avanzó con sísmica 3D y nuevas tareas preparatorias. Sitio Andino informó que el bloque ya tuvo 3D y que este año comenzarían trabajos para seguir preparando la etapa de perforación. A nivel local, también se reportó la finalización de la sísmica 3D sobre más de 200 km² y la expectativa de resultados para definir locaciones. (Este punto es central: sin definición fina de “dónde perforar”, no hay plan eficiente de pozos).
¿Qué inversión implica un “pool” de cinco pozos?
Las notas más recientes hablan del anuncio de los cinco pozos como una decisión de inversión adelantada para 2026, pero no publican un presupuesto único y cerrado. Aun así, hay un dato de referencia: cuando Mendoza prorrogó concesiones en Malargüe, Los Andes informó que para Cañadón Amarillo se proyectaban USD 44 millones asociados al no convencional en esa etapa (marco 2025).
Dicho en criollo: el anuncio de cinco pozos sugiere decenas de millones de dólares entre perforación, completación (si hay fractura), caminos, locaciones, logística, servicios especiales y contratación de empresas. El salto real para Malargüe no depende solo del monto, sino de dónde se gasta: si los servicios se contratan y operan con base en Neuquén, el derrame local se achica.

Empleo: cuántos puestos puede mover y por qué se “fugan”
En shale, el empleo se divide en tres capas:
- Directo de campo (obra y operación): cuadrillas de perforación, seguridad, transporte, mantenimiento, catering, logística.
- Servicios petroleros especializados: cementación, wireline, logging, fractura, fluidos, etc.
- Indirecto y proveedor local: metalmecánica, alquiler de equipos, hospedaje, gastronomía, comercios, obra civil, combustibles, residuos.
En una fase piloto (como la que describen Provincia y medios), el volumen de empleo puede ser intermitente: se concentra en ventanas intensas durante obra y servicios, y luego cae en períodos de análisis y planificación. Por eso la pelea política y económica no es menor: si no hay reglas de juego locales desde el inicio, la inercia de la industria lleva a contratar donde ya existe clúster armado (Neuquén).
Ahí entra Malargüe. El intendente Celso Jaque ya expresó públicamente que, sin un esquema que priorice el “compre” y la mano de obra local, el impacto real puede diluirse; incluso reclamó participación municipal en la discusión normativa del sector. La advertencia es simple: la roca puede estar bajo el suelo malargüino, pero la renta del trabajo puede terminar en otra provincia.
Qué pide (y qué debería pedirse) a las empresas para que el beneficio quede en Malargüe
En sus declaraciones, Jaque puso el foco en dos conceptos: “compre” local y mano de obra local. Traducido a instrumentos concretos, ese reclamo suele materializarse en cláusulas y prácticas como:
- Prioridad de contratación local por etapas: que los puestos no especializados y una porción creciente de los técnicos se cubran con residentes (con metas verificables).
- Registro único de proveedores malargüinos: para que compras y contrataciones tengan ventanilla local y trazabilidad.
- Programas de capacitación con cronograma: formación corta y certificable (seguridad, manejo, izaje, mantenimiento, soldadura, logística), alineada con lo que efectivamente demandan las operadoras.
- Base operativa en Malargüe: logística, depósitos, talleres, rotación de equipos y parte del personal con asiento en el departamento (si la base queda fuera, el gasto “se va”).
- Transparencia de compras y licitaciones: para que las pymes locales compitan con información y plazos razonables.
Nada de esto es ornamental: define el tamaño del derrame local en hospedaje, transporte, alquileres, servicios y salarios. Y también define el “clima social” del proyecto: en territorios donde el empleo no se localiza, crece la conflictividad y el rechazo.

Por qué Houston (OTC) importa tanto para un pueblo del sur mendocino

La OTC no es una feria más: es donde provincias y compañías compiten por capital y socios. En la propia comunicación oficial, Mendoza presentó su “oportunidad concreta” como el desarrollo de la lengua norte de Vaca Muerta en la provincia, y enmarcó los cinco pozos como una apuesta para bajar incertidumbre técnica y preparar condiciones de escalamiento.
Para Malargüe, la consecuencia práctica es doble:
- Si los pozos funcionan y los números cierran, puede abrirse una agenda de obras, empleo y proveedores por varios años.
- Si no se fijan condiciones territoriales desde ahora, la etapa de expansión puede consolidar un esquema en el que Malargüe “pone el suelo” y Neuquén “pone el trabajo”.
La discusión de fondo, entonces, no es solo geológica. Es política, logística y de desarrollo local.

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