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Juan Esteban Olate y Ermelinda: cuando la solidaridad se pone en camino

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“Cuando vos das con corazón, sentís doblemente la satisfacción”, dice Juan Esteban Olate, quien junto a su esposa Ermelinda recorrió más de dos mil kilómetros desde Malargüe para llevar ayuda a comunidades indígenas de Salta.

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A veces la solidaridad empieza con una imagen que conmueve y no se olvida. Eso les pasó a Juan Esteban Olate y a su esposa Ermelinda, un matrimonio de Malargüe que, después de ver un documental por televisión sobre comunidades indígenas del norte de Salta, decidió hacer algo concreto por personas que no conocía.

“Vi mucha necesidad, sinceramente”, contó Juan. Aquellas imágenes de familias wichí atravesadas por la pobreza y las dificultades del lugar le tocaron el corazón. No quiso quedarse solo con la emoción. Se lo planteó a su esposa y juntos comenzaron a organizar un viaje que parecía difícil, pero no imposible.

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Durante varios meses reunieron ropa donada por vecinos de Malargüe. Juan agradece profundamente esa ayuda, aunque prefiere no dar nombres para no olvidarse de nadie. La mercadería, en cambio, fue una decisión personal del matrimonio: compraron en Salta harina, azúcar, fideos, yerba, aceite y otros alimentos básicos para entregar a las familias.

“No pedí dinero para nada. Eso fue una apuesta mía y de mi señora”, explicó.

Salieron un domingo 25 de abril, con la camioneta y una casilla cargadas de bolsas. El destino inicial era una comunidad wichí del noreste salteño, pero las lluvias y la crecida del río Pilcomayo impidieron el paso. Gendarmería no los dejó avanzar por seguridad.

Aun así, no se volvieron. Les recomendaron acercarse a otra comunidad, Lapacho Blanco y Embarcación, cerca de Tartagal, donde vivían familias wichí y guaraníes con muchas necesidades. Llegaron sin aviso previo, buscaron a la presidenta de la comunidad y, poco a poco, los vecinos comenzaron a reunirse.

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Juan recuerda una comunidad pequeña, de unos 150 habitantes, muy humilde, pero profundamente humana.

“Se vio la necesidad. La gente nos recibió muy bien”, dijo.

Allí entregaron la ropa, los alimentos y también libritos para que los niños pudieran dibujar. Para Juan, la mayor recompensa estuvo en los rostros: en la sorpresa, en la alegría y en la gratitud de quienes recibieron una ayuda que no esperaban.

“Se notaban las caritas alegres, felices”, recordó.

El viaje fue largo: más de 2.300 kilómetros de ida desde Malargüe. Hubo caminos buenos y otros difíciles, pero lograron ir y volver sin inconvenientes. Juan siente que Dios fue acomodando cada cosa: desde haber visto aquel programa hasta conseguir la casilla que les permitió trasladar las donaciones.

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“Dios te pone las cosas en su lugar y en su debido tiempo”, expresó.

En su mirada, Malargüe también tiene necesidades, pero cuenta con más posibilidades. Por eso cree que, cuando uno tiene algo para compartir, también debe mirar más allá de su propia realidad.

“Vos vivís el día a día y mirás lo tuyo nada más. No mirás lo que pasa de la puerta para afuera”, reflexionó.

Lo que hicieron Juan y Ermelinda no nació de grandes recursos ni de una organización enorme. Nació de una decisión simple y profunda: conmoverse, organizarse y actuar. Para ellos, ayudar fue una forma de agradecer lo recibido y de tender una mano a otros argentinos que viven en lugares donde falta casi todo.

Cuando le pregunté qué se siente hacer algo así, Juan no habló de orgullo. Habló del alma.

“Realmente sentí una alegría en el alma. Cuando vos das con corazón, sentís doblemente la satisfacción”, dijo.

La historia de Juan Esteban Olate y Ermelinda demuestra que se puede. Que la empatía no tiene por qué quedarse en una emoción pasajera. Que una imagen vista por televisión puede transformarse en kilómetros recorridos, en una casilla cargada de ropa, en alimentos, en niños sonriendo y en familias que reciben ayuda inesperada.

“El querer es poder”, resumió Juan.

Y en este viaje, esa frase dejó de ser una expresión conocida para convertirse en una certeza: cuando la solidaridad se pone en marcha, ninguna distancia parece demasiado lejos.

Video de agradecimiento que enviaron desde la Comunidad

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