

La noticia todavía no había llegado a toda la familia y ya circulaba por grupos de WhatsApp. Había nombres. Fotografías. Especulaciones. Detalles que nadie necesitaba conocer.
Alguien creyó que estaba informando.
Tal vez no advirtió que también estaba aumentando el dolor de quienes acababan de perder a un ser querido.

Vivimos en una época en la que todos comunicamos. Ya no son solamente los medios de comunicación quienes construyen la información. Hoy también lo hace quien publica una historia en redes sociales, quien reenvía un mensaje o quien comenta una tragedia desde su teléfono.
Y, precisamente por eso, todos compartimos una misma responsabilidad.
No dañar.
Hace unos días, la Dirección de Salud Mental de Mendoza convocó a periodistas y comunicadores de toda la provincia para reflexionar sobre el tratamiento responsable de las noticias relacionadas con el suicidio. En representación de Ser y Hacer, participamos convencidos de que la capacitación no es un mérito: es una obligación ética. Allí hubo una idea que atravesó todo el encuentro y que creemos debería trascender las redacciones para llegar a toda la comunidad: la forma en que comunicamos también puede salvar o poner en riesgo una vida.
Hay profesiones cuyo primer deber no es curar.
Es no hacer daño.
Los médicos lo aprenden desde el comienzo de su formación.
Quizás quienes trabajamos con la palabra, y también quienes usamos las redes sociales, debamos recordarlo con la misma fuerza.
No dañar.

No todo lo verdadero necesita hacerse público.
No toda fotografía merece ser compartida.
No toda primicia justifica una herida.
Las noticias duran un día.
El dolor de una familia puede durar toda la vida.
Por eso esta editorial no está dirigida solamente a periodistas.
Está dirigida a todos nosotros.
Porque antes de tocar el botón de «reenviar», antes de publicar una imagen o escribir un comentario, vale la pena detenernos un instante y hacernos una pregunta muy sencilla:
¿Esto ayuda a alguien o solamente alimenta la curiosidad de los demás?
En una comunidad como Malargüe, donde casi todos nos conocemos, esa pregunta adquiere todavía más importancia. Detrás de cada nombre hay una madre, un padre, hijos, hermanos, amigos y vecinos que seguirán viviendo con ese dolor mucho después de que la publicación desaparezca de una pantalla.
Pero hay algo más.
Evitar el daño es apenas el primer paso. La comunicación responsable también puede abrir caminos de cuidado cuando ofrece orientación, contexto y esperanza. No se trata de ocultar los problemas ni de negar el dolor. Se trata de recordar que ninguna situación humana debe ser presentada como un callejón sin salida.
Cuando una noticia se comunica con responsabilidad, puede ayudar a que alguien pida acompañamiento, a que una familia se anime a buscar apoyo, a que una comunidad reconozca señales de sufrimiento y no mire hacia otro lado. Ese es el otro poder de la palabra: no solo evitar una herida, sino tender un puente.
En Ser y Hacer creemos que el buen periodismo no es el que llega primero.
Es el que nunca olvida que detrás de cada noticia hay personas.
Y creemos, además, que una comunidad no se define solamente por cómo celebra sus alegrías.
También se define por cómo acompaña a quienes atraviesan sus horas más oscuras.

En una época en la que todos podemos publicar en segundos, quizás la verdadera revolución sea detenernos un instante antes de hacerlo.
Preguntarnos si esa foto ayuda.
Si ese comentario acompaña.
Si ese reenvío suma algo.
Porque una palabra puede herir.
Pero también puede abrazar.
Y en una comunidad como la nuestra, elegir cuidar al otro nunca será una forma de censura.
Será, simplemente, una forma de humanidad.
Redacción Ser y Hacer
Si vos o alguien que conocés está atravesando una situación de sufrimiento emocional,
no la enfrenten en soledad.
En Mendoza podés comunicarte las 24 horas con la Línea 148, opción 0.
Para niños, niñas y adolescentes está disponible la Línea 102.
Ante una urgencia, llamá al 911
o acercate a la guardia del hospital.
Buscar ayuda es un acto de valentía

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